En un mundo donde los humanos conservan los rasgos e instintos de sus ancestros animales, Oleg es una rareza: un hermoso y tierno omega leopardo de las nieves que intenta pasar desapercibido en su último año de universidad. Cuando consigue una pasantía en el departamento de administración de una imponente empresa constructora, su pacífica burbuja se rompe al quedar bajo el mando de Wú Zhìyuān. Zhìyuān es una pantera negra dominante, serio, uraño y temido por todos. Mientras Oleg lucha por esconder sus orejas delatadoras cuando se avergüenza y amasa mantas en secreto para calmar sus nervios, el aroma a café amargo de su jefe empieza a convertirse en su único refugio contra los peligros de la gran ciudad. Una historia de instintos compartidos, secretos de oficina y un amor tan puro y silencioso como las cumbres más altas.
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Capítulo 3: El aroma de los lobos y el primer encuentro
Capítulo 3: El aroma de los lobos y el primer encuentro
El restaurante privado en el piso más alto de un exclusivo hotel del Distrito Norte era el escenario perfecto para hombres de negocios de alto estatus. El ambiente era silencioso, apenas decorado con fuentes de piedra de donde brotaba agua cristalina y grandes ventanales que ofrecían una vista panorámica de los rascacielos de la ciudad. El clima estaba controlado, pero para Oleg, el sutil calor del lugar seguía haciéndolo sentir un poco sofocado.
Oleg llevaba un traje formal hecho a medida en tonos gris claro que resaltaba su esbelta figura. Sus orejas blancas y moteadas se movían nerviosas ante el más mínimo sonido de los pasos de los camareros. Como siempre que se sentía vulnerable, su enorme y pesada cola invernal estaba firmemente enroscada alrededor de su cintura debajo de la mesa, y sus dedos, ocultos bajo el mantel, amasaban con suavidad la fina servilleta de tela para mantener el control de sus emociones.
—Tranquilo, mi cachorro. Líu Qiáng es un hombre imponente, pero tiene un gran corazón. Te aseguro que estás en buenas manos —la voz de su padre resonó a través de la tableta colocada sobre la mesa. Debido a la distancia, su padre asistía a la cena de manera virtual para hacer las presentaciones formales.
Antes de que Oleg pudiera responder, las pesadas puertas dobles del reservado se abrieron.
Un aroma denso, frío y profundamente dominante inundó el espacio de inmediato: el olor a bosque de pino, nieve fresca y el inconfundible poder de un alfa de linaje puro. Oleg se tensó. Por puro instinto biológico, sus orejas se aplastaron por completo contra su cabello platinado y su cola se apretó con tanta fuerza alrededor de su cuerpo que casi le corta la respiración.
Entrando a la habitación apareció el señor Líu Qiáng. El lobo siberiano era un alfa imponente, de hombros anchos, cabello oscuro salpicado de algunas canas en las sienes que denotaban su experiencia, y un par de orejas caninas erguidas y firmes. Sus ojos oscuros y analíticos recorrieron el lugar hasta fijarse en el joven omega.
—¡Viejo amigo! Qué gusto verte, aunque sea a través de una pantalla —la voz de Líu Qiáng era profunda, un barítono que hizo que los instintos felinos de Oleg se pusieran en alerta máxima. El alfa caminó hacia la mesa y estrechó la mano virtual de su padre con un asentimiento respetuoso.
—El gusto es mío, Qiáng. Gracias por recibir a mi hijo —respondió el padre de Oleg con tono firme pero agradecido.
Líu Qiáng trasladó su mirada hacia Oleg. Al notar lo pequeño y asustado que se veía el omeguita —con las orejas aplastadas y los ojos abiertos de par en par—, el alfa lobo suavizó conscientemente su postura y recogió un poco sus feromonas dominantes para no intimidarlo más.
—Así que tú eres Oleg —dijo Líu Qiáng, dedicándole una sonrisa genuina y madura—. Tu padre me ha hablado mucho de ti. Me alegra ver que has heredado la elegancia y el porte de los leopardos de las nieves.
—Mucho... mucho gusto, señor Líu —consiguió decir Oleg. Su voz sonó pequeña, y por la timidez, un sutil y tierno bufido, un prusten involuntario, escapó de sus labios. Oleg se sonrojó de inmediato, bajando la mirada.
Líu Qiáng soltó una risa suave, no de burla, sino de encanto. El contraste entre la apariencia aristocrática del muchacho y sus tiernos instintos le pareció sumamente refrescante.
—No tienes por qué estar nervioso, muchacho. En mi constructora valoramos la disciplina, y sé que viniendo de donde vienes, tienes una educación impecable. Tu pasantía será en el departamento de administración y finanzas. Es un área exigente, llena de números y contratos, pero sé que tu especie tiene una paciencia y una capacidad de observación perfectas para el puesto.
Al escuchar el voto de confianza y notar que el alfa no era agresivo, las orejas de Oleg se levantaron sutilmente, ladeándose con curiosidad.
—Daré mi mejor esfuerzo, señor. No quiero... no quiero ser una carga ni hacer quedar mal a mi padre —respondió Oleg, sus manos aflojando un poco la servilleta.
—No lo serás. Empezarás este lunes. Mi secretario te esperará en el vestíbulo principal para darte tu pase y mostrarte tu cubículo —explicó Líu Qiáng mientras el camarero comenzaba a servir la cena—. Eso sí, te advierto que el mundo de la construcción es ruidoso y está lleno de alfas temperamentales. Pero mientras estés en mi territorio, nadie te faltará al respeto. Eres el hijo de mi hermano de armas, y estás bajo mi protección.
Durante el resto de la cena, mientras su padre y el señor Líu recordaban viejas anécdotas de sus años de juventud en las estepas y las fronteras del norte, Oleg se limitó a escuchar y observar. Su mente analítica ya estaba procesando la información. Aunque el miedo seguía latente en su pecho, la determinación estoica de su herencia de leopardo empezó a florecer.
Al terminar la noche y despedirse con una respetuosa reverencia, Oleg subió al auto que lo llevaría de vuelta a su apartamento en el Distrito Norte. Mientras miraba las luces de la ciudad reflejarse en la ventana, soltó su cola y la abrazó contra su pecho, hundiendo el rostro en el espeso pelaje gris. El lunes comenzaría su verdadera prueba en el mundo adulto, y el "fantasma de las montañas" tendría que aprender a caminar entre lobos.