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Su Juguete de Seda

Su Juguete de Seda

Status: Terminada
Genre:Amor prohibido / Completas
Popularitas:8.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Chiquitas

ADVERTENCIA DE CONTENIDO Y SINOPSIS EDITORIAL
“Su Juguete de Seda” es una novela de erotismo explícito y romance oscuro destinada exclusivamente a un público adulto (+18). Esta obra contiene escenas de alta intensidad sexual, dinámicas de poder complejas, lenguaje crudo y situaciones de dominación y sumisión que pueden herir la sensibilidad de algunos lectores. Se recomienda discreción.
La Historia:
Valeria Soler, una talentosa restauradora española, viaja a la idílica y lujosa Costa Amalfitana con un único objetivo: devolverle la vida a un mural erótico oculto en la propiedad más exclusiva de Italia. Sin embargo, al cruzar las puertas de Villa Obsidiana, descubre que el verdadero arte no está en las paredes, sino en los deseos prohibidos de su dueño.
Alexander Cavalcanti no es solo un magnate naviero; es un hombre que rige su vida y su alcoba bajo un código de control absoluto. Para Alexander, Valeria no es solo una empleada, es el desafío que ha estado esperando. Tras un contrato car

NovelToon tiene autorización de Chiquitas para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 6: Las Grietas del Pasado

La victoria técnica de la mañana había dejado en Valeria un residuo de adrenalina que le impidió abandonar la cueva incluso cuando el hambre empezaba a apretar. Sergio seguía allí, como una extensión de las paredes de roca.

El descubrimiento oscuro

Valeria se centró en una esquina inferior del mural, donde la seda pintada parecía estar más abultada. Con el bisturí en mano y la precisión que solo años de práctica otorgan, comenzó a retirar con cuidado milimétrico una capa de estuco posterior que no coincidía con el resto de la obra.

—Esto no debería estar aquí —murmuró para sí misma.

Bajo la cal, no aparecieron flores ni telas. Apareció un nombre grabado directamente en la piedra, oculto bajo la belleza de la seda: "E.M.S.".

Valeria sintió un vuelco en el corazón. Esas iniciales no parecían pertenecer al artista del siglo XVIII. Eran modernas, toscas, como un grito de auxilio sepultado bajo el arte.

Confidencia con Sergio

—¿Qué ha encontrado? —La voz de Sergio, ahora a su espalda, la hizo dar un pequeño salto.

Valeria no se giró. Seguía hipnotizada por el hallazgo.

—Alguien ocultó algo aquí hace no mucho tiempo, Sergio. Alexander me dijo que este mural era una pieza histórica intocable, pero esto... esto es una marca de propiedad o de cautiverio.

Sergio se acercó más de lo habitual. Valeria pudo oler el aroma a café y jabón neutro que siempre lo acompañaba. Él observó las iniciales y, por primera vez, su máscara de piedra se agrietó.

—Hay cosas en esta villa que es mejor no restaurar, señorita Soler —dijo él, y su tono no fue una amenaza, sino una advertencia casi humana—. Alexander no solo colecciona arte; colecciona legados. Esas iniciales... pertenecen a alguien que intentó ser libre antes que usted.

—¿Y qué le pasó? —preguntó ella, girándose para quedar a escasos centímetros de su pecho imponente.

Sergio guardó silencio, pero su mirada se desvió un segundo hacia el rubí que Valeria aún llevaba en el cuello, como si la joya fuera la respuesta. En ese momento de cercanía forzada, Valeria comprendió que Sergio no solo la vigilaba a ella; él también era un prisionero de su propia lealtad.

La tensión de la cena (El "Premio")

Esa noche, la cena no fue en la terraza, sino en el despacho privado de Alexander, un lugar cargado de libros antiguos y un aura de control absoluto. Alexander la esperaba con una sonrisa que no llegó a sus ojos.

—Sergio me ha informado de su "pequeño hallazgo" en el mural, Valeria —dijo Alexander, sirviendo dos copas de un licor ambarino—. Ha sido muy eficiente. Demasiado, quizá.

Valeria se mantuvo firme, usando la confianza que había ganado esa mañana.

—Ese mural cuenta una historia diferente a la que usted me vendió, Alexander. ¿De quién son esas iniciales?

Alexander caminó hacia ella y, en lugar de responder, le entregó una pequeña caja de terciopelo.

—Considérelo un premio por su ojo clínico. O un recordatorio de la Regla Número Tres. La transparencia absoluta también significa que usted no busca secretos donde no se le ha invitado.

Al abrir la caja, Valeria encontró un pincel de cerdas de marta auténtica, una herramienta invaluable para cualquier restaurador, pero el mango estaba grabado con el nombre: Valeria.

—Use esto para borrar esas iniciales mañana —ordenó él, acercándose tanto que ella pudo sentir su aliento—. Devuélvale la belleza a la seda y olvide lo que hay debajo. Si lo hace, quizá la próxima "regla" que establezca sea una que le guste mucho más.

La tensión sexual en la habitación era asfixiante. Valeria miró el pincel y luego a Alexander, dándose cuenta de que cada regalo de él era una cadena, y cada secreto del mural, una posible salida.

***"Las Grietas del Pasado

El hallazgo bajo la cal

El aire en la cueva parecía haberse vuelto más pesado. Valeria, equipada con sus gafas de aumento y una luz LED de espectro frío, se concentró en la irregularidad que había detectado en la esquina inferior izquierda del mural. Con un bisturí de hoja curva, comenzó a retirar una costra de carbonato cálcico que no pertenecía a la técnica original del siglo XVIII.

—Esto no es parte de la restauración... es una ocultación —murmuró Valeria.

Bajo la herramienta, el estuco cedió. No apareció el pigmento carmín ni el azul de lapislázuli, sino unas letras grabadas con violencia en la piedra viva. Las iniciales "E.M.S." brillaron bajo su lámpara. No eran trazos elegantes; eran toscos, como si alguien hubiera usado un clavo o una piedra para dejar un testimonio antes de ser silenciado.

Valeria sintió un frío repentino en la nuca. Esas letras no eran una firma de artista; eran un grito de auxilio sepultado bajo capas de belleza artificial.

El silencio de Sergio

—¿Ha encontrado alguna patología nueva en la roca, señorita Soler? —La voz de Sergio, a menos de un metro de distancia, la hizo sobresaltarse.

Valeria cubrió instintivamente la zona con su mano enguantada, pero era tarde. Sergio ya estaba allí, su imponente figura de 1.88 metros bloqueando la salida de la cueva. El Jefe de Seguridad observó las iniciales grabadas y, por primera vez, Valeria vio que sus nudillos se tensaban.

—¿Quién es "E.M.S."? —preguntó ella, girándose para enfrentar la mirada oscura del guardia.

Sergio guardó un silencio sepulcral, pero su respiración cambió. Había un matiz de advertencia humana, casi protectora, en su respuesta.

—En Villa Obsidiana, el pasado no se cuestiona, se conserva —dijo él, y su tono de barítono sonó más bajo de lo habitual.— Alexander no solo restaura arte, restaura legados. Esas letras pertenecen a alguien que intentó dejar una huella antes de desaparecer en el sistema de Alexander.

—¿Desaparecer? —Valeria dio un paso hacia él, invadiendo su espacio personal. Pudo oler la mezcla de café y la limpieza metálica de su arma.— Usted sabe qué pasó, Sergio. Usted es su sombra, pero también es el testigo de lo que ocurre aquí.

Sergio la miró con una intensidad que la hizo temblar. Por un segundo, la máscara del guardaespaldas se deslizó, revelando a un hombre atrapado en su propia lealtad.

—Si quiere terminar su trabajo y salir de aquí, señorita Soler, deje de buscar grietas que no puede reparar —sentenció él antes de señalar la salida.— Es hora de la cena. El señor Cavalcanti la espera en su despacho.

El despacho y el "Premio" de Alexander

La atmósfera en el despacho privado de Alexander era radicalmente distinta a la de la terraza. Aquí no había brisa marina, solo el olor a cuero viejo, roble y un poder absoluto. Alexander estaba de pie junto a un mueble bar de nogal, sirviendo dos copas de un licor ámbar.

—Sergio me ha informado de su descubrimiento, Valeria —comenzó Alexander, sin mirarla directamente.— Parece que su curiosidad es tan afilada como su bisturí.

Valeria entró en la habitación con paso firme, negándose a ser intimidada.

—Ese mural es una mentira, Alexander. Me dijo que era una pieza histórica intocable, pero alguien grabó esas iniciales recientemente. ¿Qué hizo con esa persona?

Alexander dejó la copa sobre la mesa y se acercó a ella con la elegancia de un depredador. De su bolsillo sacó una pequeña caja de terciopelo y la dejó sobre el escritorio.

—Considérelo un premio por su ojo clínico... o un recordatorio de la Regla Número Tres: La transparencia absoluta. Usted no debe tener secretos conmigo, pero yo sí puedo tenerlos con la villa.

Al abrir la caja, Valeria encontró un pincel de cerdas de marta auténtica, una herramienta que costaba una fortuna, con el mango grabado con su nombre: Valeria.

—Mañana —susurró Alexander, atrapándola contra el borde del escritorio—, usará este pincel para cubrir esas iniciales con el lapislázuli más puro que tenemos. Borrará ese rastro y devolverá la seda a su estado de perfección. Si lo hace, quizá la próxima regla que establezcamos sea una que le permita explorar otras partes de esta casa... y de mí.

Valeria miró el pincel y luego a Alexander. La tensión sexual en la habitación era asfixiante, un duelo de voluntades donde el deseo empezaba a mezclarse peligrosamente con el miedo. Sabía que aceptar el regalo era aceptar el soborno, pero rechazarlo significaba enfrentarse a un hombre que no conocía la palabra "no".

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Lissbeth Prada
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