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Entre Llamas Y Mareas: El Destino Del Avatar

Entre Llamas Y Mareas: El Destino Del Avatar

Status: En proceso
Genre:Mundo de fantasía / Época / Romance
Popularitas:470
Nilai: 5
nombre de autor: Fachis Reyes

En el mundo de Avatar: La Leyenda de Aang, donde la paz parecía finalmente establecida, una amenaza resurge desde las sombras: el temido Loto Rojo. Mientras tanto, en la era moderna, una joven fanática revive por milésima vez la historia del Avatar en su tableta, completamente enamorada del príncipe Zuko. Lo que no imagina es que su destino cambiará para siempre cuando una misteriosa luz azul la transporta a ese mismo universo… pero no como espectadora, sino como una poderosa maestra agua.

Ahora, atrapada en Ciudad República, en un cuerpo que no es el suyo y con una nueva vida rodeada de secretos, descubre una conspiración que amenaza con destruir al Avatar Aang y romper el equilibrio del mundo. Al advertir al Equipo Avatar, se ve envuelta en una batalla peligrosa contra enemigos implacables, donde el honor, la lealtad y el amor serán puestos a prueba.

NovelToon tiene autorización de Fachis Reyes para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Entre la vida y la muerte

Sereya apenas lograba mantenerse consciente.

Su cuerpo seguía en el suelo, atado, debilitado por el impacto reciente. Su respiración era irregular, y cada intento por moverse se sentía como si nadara contra una corriente invisible.

Pero no apartaba la mirada.

Zuko seguía luchando.

Aang resistía.

Katara no cedía.

—…no puedo… quedarme así… —susurró con voz rota.

Intentó moverse otra vez.

Nada.

El agua a su alrededor vibró débilmente… y volvió a caer.

—…maldita sea…

A unos metros…

P’Li observaba.

Su tercer ojo brillaba tenuemente bajo la luz de las antorchas.

Y entonces…

—Esto se ha alargado demasiado.

Su voz fue calmada.

Caminó lentamente hacia Sereya.

—Es momento de eliminar distracciones.

El corazón de Sereya se detuvo por un segundo.

—…no…

Intentó moverse.

Pero su cuerpo no respondió.

—…no… no…

P’Li levantó la cabeza.

Y el aire cambió.

Una presión densa.

Invisible.

El calor comenzó a concentrarse en la frente de P'Li.

—¡SEREYA!

La voz de Zuko atravesó el caos.

Pero estaba demasiado lejos.

Demasiado ocupado.

Ghazan no le daba espacio.

—¡Muévete! —gruñó, lanzando una llamarada para apartarlo.

Pero no fue suficiente.

Sereya vio cómo la energía se concentraba.

Sintió el calor.

El peligro.

La muerte acercándose.

—…no… todavía no…

Cerró los ojos.

—No así…

Pero cuando los abrió…

No había escape.

P’Li disparó.

Una explosión de combustión control salió disparada.

Directa hacia ella.

El tiempo se ralentizó.

El sonido se distorsionó.

Y en ese instante…

Sereya pensó una sola cosa.

“Zuko…”

—¡NO!

Zuko rompió la distancia.

El fuego explotó a su alrededor.

Ignoró el dolor.

Solo una cosa importaba.

Llegar a tiempo.

Su cuerpo se movió más rápido de lo que su mente podía procesar.

Y entonces…

La alcanzó.

La tomó.

Y giró.

La explosión impactó.

El suelo tembló.

El aire estalló.

El calor lo envolvió todo.

Pero Zuko la cubrió.

Su cuerpo se tensó al recibir el impacto.

Pero Aang reacciono de tal manera en que empujó bruscamente a Zaheer al suelo con su aire control y en ello había puesto una barrera con su tierra control, lo suficiente como para que la roca se partiera en pedazos.

—¡—!

El sonido se perdió en el estruendo.

Cuando el polvo comenzó a disiparse…

Zuko estaba de pie.

Apenas.

Con Sereya en sus brazos.

Su respiración era pesada.

Irregular.

Su cuerpo temblaba.

Pero no la soltaba.

—…estás… bien… —murmuró con dificultad.

Sereya lo miró.

Con sus ojos abiertos.

Llenos de shock.

—…¿por qué…?

Zuko no respondió.

Solo la sostuvo con más fuerza.

P’Li bajó solo observo con calma.

—Impresionante.

Zaheer observó desde el suelo con Aang.

—Maldición.

Ghazan sonrió.

—Vaya, vaya, el señor del fuego… arriesgando su vida por una mujer.

Pero algo cambió.

El aire.

La energía.

Aang se detuvo.

Sus ojos…

Brillaron.

La luz azul emergió.

El viento se intensificó.

El agua se elevó.

La tierra vibró.

Y el fuego…

Respondió.

Aang había entrado en el Estado Avatar.

El silencio cayó por un instante.

Incluso el Loto Rojo lo sintió.

—…no —murmuró Zaheer.

Aang levantó la mirada.

El aire se desató.

Corrientes violentas empujaron a los enemigos.

El agua subterránea se elevó en columnas gigantes.

La tierra se fracturó bajo sus pies.

El fuego brilló con intensidad.

Aang avanzó.

Imparable.

—Esto termina ahora.

Zaheer retrocedió.

—¡Retirada!

P’Li dio un paso atrás.

Ghazan bloqueó un ataque.

Ming-Hua se movió con rapidez.

Aang los superaba.

Completamente.

El agua golpeó.

El aire cortó.

La tierra cerró caminos.

El fuego iluminó la retirada.

El Loto Rojo no luchó más.

Huyeron.

Desapareciendo en los túneles.

Dejando atrás el caos.

El Estado Avatar se disipó lentamente.

Aang cayó de rodillas.

Respirando con dificultad.

—…se fueron…

Katara llegó a su lado preocupada.

—Aang, ¿estás bien?

Aang asintió.

Zuko cayó de rodillas.

Con Sereya aún en sus brazos.

Katara reaccionó de inmediato.

—¡Zuko!

Se acercó rápidamente.

El agua rodeó sus manos.

Comenzó a curarlo.

—Estás herido…

Zuko apenas respondió.

—Estoy… bien…

Sereya apenas abrió sus ojos.

—No estás bien…

Zuko esbozó una leve sonrisa.

—Estoy… mejor que tú.

Sereya sintió un nudo en el pecho.

Sereya bajó la mirada.

Sus manos temblaban.

—…me salvaste…

Zuko no respondió de inmediato.

—No iba a dejar que murieras.

Sereya cerró los ojos un segundo.

Su corazón latía con fuerza.

Aang se puso de pie lentamente.

Miró el túnel por donde habían huido.

—Esto no ha terminado.

El camino de regreso al Templo Aire fue demasiado silencioso, ya era de noche.

Nadie tenía fuerzas para hablar.

El eco de la batalla aún vibraba en sus cuerpos, en sus heridas, en su respiración entrecortada. El aire frío de la noche golpeaba sus rostros, pero no lograba despejar el cansancio que los envolvía.

Appa avanzaba con suavidad sobre el cielo oscuro. Sobre su lomo, el equipo Avatar apenas se sostenía.

Aang estaba sentado al frente, con la mirada fija en el horizonte.

Katara mantenía sus manos rodeadas de agua, aplicando sanación donde podía, aunque su energía también estaba al límite.

Zuko estaba sentado, con la espalda apoyada, respirando con dificultad aunque Katara había contenido lo más grave, el dolor seguía presente.

Y en sus brazos estaba Sereya.

Inconsciente.

Su cabeza descansaba contra su pecho, su cabello blanco caía suavemente sobre su brazo. Su respiración era débil, pero estable.

Zuko no la soltaba.

Ni un segundo.

—Deberías descansar —dijo Katara, sin apartar la vista de su sanación.

Zuko negó levemente.

—Estoy bien.

Katara frunció el ceño.

—No lo estás.

—He estado peor.

—Eso no lo hace mejor.

Zuko no respondió.

Solo ajustó un poco su agarre sobre Sereya.

Como si temiera que desapareciera si la soltaba.

Katara lo observó un segundo.

Luego suspiró.

—Eres terco.

Zuko esbozó una leve sonrisa.

El Templo Aire apareció a lo lejos.

Sus estructuras blancas brillaban bajo la luz de la luna.

Cuando Appa descendió, varios cuidadores corrieron hacia ellos.

—¡Están heridos!

—¡Rápido, preparen las habitaciones!

—¡Traigan agua!

El movimiento fue inmediato.

Pero Zuko no esperó.

En cuanto Appa tocó tierra…

Se levantó.

Ignorando el dolor.

Y bajó con Sereya en brazos.

—Zuko —intentó decir Katara.

Pero él ya avanzaba.

Sus pasos eran firmes.

Decididos.

Aunque su cuerpo protestaba con cada movimiento.

—Necesita descansar —dijo simplemente.

Nadie lo detuvo.

El pasillo del templo se sentía más largo de lo normal.

Las luces suaves iluminaban su camino mientras avanzaba, sosteniéndola con cuidado.

Sereya no reaccionaba.

Su rostro estaba pálido, tranquilo.

Empujó una puerta con el hombro.

Entró.

La habitación estaba en calma.

Una cama sencilla.

Cortinas moviéndose con el viento.

Se acercó lentamente.

Y la recostó con cuidado.

Como si fuera algo frágil.

Se quedó un segundo más.

Mirándola.

Zuko soltó el aire que no sabía que estaba conteniendo.

—…bien.

Pero cuando intentó dar un paso atrás…

Su cuerpo cedió.

—…tch…

Se sostuvo de la pared.

El dolor regresó.

Fuerte.

Katara entró en ese momento.

—Lo sabía.

Zuko no discutió.

—Atiéndela primero.

Katara lo miró.

—Los dos necesitan atención.

Zuko negó.

—Ella primero.

Katara suspiró.

—Eres imposible.

Pero obedeció.

Se acercó a Sereya.

El agua rodeó sus manos.

Y comenzó a sanar.

Zuko observaba.

Sin moverse.

Sin apartar la mirada.

—Está estable —dijo Katara después de unos minutos—. Solo es agotamiento… y el bloqueo de chi que tenía desapareció.

Zuko cerró los ojos un instante.

—…bien.

Katara se giró hacia él.

—Ahora tú.

Zuko no protestó.

Minutos después…

La habitación volvió a la calma.

Sereya dormía.

Su respiración estaba más estable.

Zuko estaba sentado a un lado, ya tratado, aunque aún cansado.

Katara se levantó.

—Descansen.

Zuko asintió.

Pero no se movió.

Katara lo miró un segundo.

Y luego salió.

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