🔞🔞En una ciudad donde las torres de cristal ocultan mafias, corrupción y cuerpos bajo neón, Cassian Cooling intenta vivir lejos de la violencia que marcó su juventud. Arquitecto prodigio de Central City, heredero de una fortuna y dueño de un talento capaz de construir maravillas, lleva años enterrando al monstruo que alguna vez aterrorizó las calles de Cuatro Leguas.
Cuando su mejor amigo queda atrapado en una deuda y la mujer de la que se enamora resulta herida, Cassian descubre que el pasado nunca desapareció. Solo esperó en la oscuridad el momento para volver.
Una guerra criminal comienza a devorar las dos ciudades más peligrosas, Cassian deberá decidir qué parte de sí sobrevivirá: el hombre que construye hospitales… o el que aprendió a destruir mafiosos.
Entre conspiración, mafias, tecnología, romance oscuro y una violencia tan brutal como adictiva, Cenizas y Cristal es una novela noir de ciencia ficción donde el amor puede salvar… o romper lo poco humano que queda dentro de t
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Cap 4: Parte 2.
Corro a la puerta del piloto, esperando que la lluvia fría me quite el calor de la cara. Subo y enciendo el motor de inmediato, activando el calefactor central. Me elevo sobre Central City. La ciudad parece menos opresiva y oscura ahora… como si el encontrar a mi madre, intacta, fuera una especie de tregua. Pero en Central City nunca existen realmente las treguas, solo son tiempos prestados…
—Vortex —le digo a la IA—. Comunícame con Damián.
—
Mi hermano responde de inmediato, su holograma aparece sobre el tablero, su rostro aun lleno de preocupación y culpa… Una culpa que no debería de estar sintiendo, aun así, la veo claramente en su rostro.
—Tranquilo —le digo de inmediato—. Está bien, ya vamos en camino. Preparen algo caliente y preparen su cuarto de inmediato.
Los trabajadores tras Damián inclinan la cabeza llenos de alegría, y corren de inmediato alejándose del holograma.
—Gracias a Santini… —suelta Damián, con un suspiro de aire comprimido que seguramente lleva horas atorado en su tráquea—. Gracias, Cassian. Sabía que podrías encontrarla.
—Estoy bien —dice de pronto mi madre—. Quiero una crema de champiñones con crotones.
Damián ríe por un segundo… Luego vuelve a inhalar, como si al fin se permitiera respirar con calma real.
—Está bien, Mamá. Le pediré de inmediato a Joaquín que lo prepare.
Escucho la pequeña risa que intenta contener Lekan tras nuestro. Mi hermano mira mejor el holograma y la ve. No dice nada de inmediato, solo la observa.
—Buenas noches, señorita —le dice—. Yo soy Damián Cooling, hermano mayor del tipo que va manejando.
Lekan suelta una risa menos baja antes de responder… Como se puede sentir de esta manera. Como si lleváramos toda una vida pasando por esto.
—Buenas noches, señor Cooling —le dice, seria y profesional—. Mi nombre es Lekan Martínez, trabajo junto al señor Cassian, en el proyecto de la fundación Helix.
Mi hermano no responde de inmediato, se lleva una mano al mentón. Pero antes de que responda, corto la llamada.
—Nos vemos en casa, Damián —digo, cortando la llamada.
Sigo avanzando, sintiendo como esa —cálida— comodidad, me molesta más de lo que debería.
Nana se duerme a los pocos minutos, gracias al calor y la comodidad de los asientos de lujo de la Vortex. El cabello plateado le cae gentilmente por el rostro. Se ve serena, con una paz que poco a poco se va borrando de mi realidad… Lekan permanece en silencio en el asiento trasero, revisa planos en su tableta. Se lleva un mechón de cabello tras la oreja una y otra vez, como si fuera una costumbre o una necesidad de genio.
—Concéntrate en el camino, Cassian —suelta, suave y despacio, buscando no perturbar el sueño de Nana.
—Perdón… —digo, volviendo a estabilizar la nave—. Es que eres realmente hermosa…
Miro sus ojos por el espejo retrovisor, su cara se sonroja, sus hermosos ojos verdes brillan. Sonríe, y vuelve a mover el mechón testarudo que no deja de caer sobre su rostro.
—Tu… también eres muy guapo —dice avergonzada, volviendo a mirar su tableta.
Sonrío… me gusta oír eso en su voz. No digo nada, solo dejo que el momento exista y se extienda. Por un segundo… juro ver una pequeña sonrisa en el rostro dormido de Nana, como si incluso dormida supiera lo que pasa.
Veinte minutos después de vuelo suave. Llegamos a la propiedad de la mansión. Veo a Lekan por el retrovisor, sus ojos están completamente abiertos, sorprendidos al ver la fortuna familiar de la familia Cooling. Desde arriba veo como los trabajadores rodean a mi hermano, alzan las manos saludando, como si esperaran un milagro dentro de este trozo de metal negro.
Aterrizo lentamente. Veo por la ventana el rostro de Damián. Mi hermano esta con el rostro tenso y pálido, algo completamente antinatural en un hombre como él.
Al abrir la puerta, mi hermano no pierde el tiempo, se acerca corriendo. Toma gentilmente el rostro de nuestra madre, y la despierta con calma. Yo sostengo la mano de Nana con suavidad. Poco a poco despierta, primero mira a Damián… y sonríe, de manera dulce y maternal.
—¿Porque tienes ese rostro, mi pequeño banquero? —le dice tiernamente.
—No es nada, mamá —dice Damián, con un nudo en la voz—. Ya no importa. Ya estás aquí. Vamos dentro, necesitas calentarte y descansar.
Mi madre sujeta mi mano, gira la cara para verme. Me sonríe, suave y dulcemente.
—Bueno, mi héroe de Santini —me dice—. Ya me voy a la cama. Cuídate de regreso a casa… —se voltea lentamente y ve a Lekan—. Fue un gusto conocerte, linda. Espero que no pierdas la paciencia con este muchachito… Es bueno, la diosa le dio sus hermosos ojos de oro.
Lekan le sonríe, se levanta apenas y besa suavemente la mejilla de Nana.
—Fue un gusto conocerla, señora Cooling. Y no se preocupe… A mi… me encantan sus ojos dorados —lo dice con un tono real, reconfortante.
Mi madre ríe… ríe nuevamente, como cuando era joven.
—Que Santini te bendiga, linda… Y dime Nana, la señora Cooling era mi suegra.
Lekan se ríe, llevando una mano a su boca. Es tan hermosa que me descoloca. Y esta cercanía instantánea con alguien tan importante como mi madre, me descoloca aún más.
—Está bien, Nana… Buenas noches, descanse.
Mi madre solo le alza una mano al salir del vehículo. Los trabajadores la toman de inmediato y la sientan en una silla de ruedas, para que no camine más. Nana se queja, pero Damián le insiste en que se siente, ella lo hace sin protestar más.
La veo alejarse, frágil, pequeña… Mi madre. Lo único que aun siento humano dentro de mi podrida cabeza.
Mi hermano intenta agradecerme antes de irnos, pero ambos sabemos que no hace falta. La tensión entre nosotros sigue existiendo, silenciosa y dolorosa como siempre, aunque esta noche parece menos pesada… Quizás porque por unas horas volvimos a ser solo hijos preocupados por nuestra madre. Nada más.
—Buenas noches, Cassian —me dice al fin—. Ten cuidado y no te metas en problemas —se agacha y mira dentro del Vortex, directo a Lekan —. Buenas noches, señorita… Gracias por cuidar de mi madre… —se queda un segundo en silencio viéndome, como siempre cuando entiende algo, igual que papá—. Espero verla nuevamente, para agradecerle como es debido. Si necesita algo, no dude en llamar, con gusto le ayudare.
—Gracias, señor Cooling. Buenas noches —le dice Lekan.
Damián se aparta al cerrar la puerta, me ve elevarme sobre la propiedad. Veo como se queda unos segundos, viendo cómo me alejo. Conduzco de regreso a Central City con Lekan en silencio a mi lado, que se pasa desde el asiento trasero al del copiloto, con una libertad ajena a la seria profesional que es.
La lluvia disminuye lentamente mientras atravesamos las avenidas aéreas de la ciudad. Lekan observa las luces exteriores desde el asiento del copiloto.
—Tu hermano te quiere muchísimo —suelta de pronto.
Suelto una pequeña risa seca. Pero genuina.
—También quiere golpearme varias veces… al día —respondo, volviendo a ver el frente.
—Eso no contradice lo primero —me dice, girando el rostro y viéndome fijamente.
La observo apenas un segundo. Y sonrío. De verdad esta vez. Lekan lo nota inmediatamente.
—Ahí está —dice sonriendo.
—¿Qué cosa? —pregunto.
—La persona que escondes todo el tiempo…
La frase me deja extrañamente quieto. Porque nadie suele decir cosas así sobre mí. La mayoría solo ve: el arquitecto, el apellido, el dinero, los ojos dorados. Pero ella parece mirar debajo de todo eso. Y eso comienza a darme miedo.
Estaciono el vehículo frente a la Torre Zenith mientras las últimas gotas resbalan sobre el parabrisas. Ninguno se mueve enseguida. El silencio dentro del habitáculo cambia lentamente de forma. Se vuelve más cálido. Más denso. Más peligroso.
Lekan gira apenas hacia mí. Las luces de la ciudad atraviesan el cristal y se reflejan en sus ojos verdes.
—Gracias por dejarme acompañarte —me dice, de una tierna manera.
—Gracias por venir —le respondo, sonriendo.
Otra pausa. Lenta. Intensa. Puedo escuchar incluso mi propia respiración. Lekan baja apenas la mirada hacia mis labios antes de volver a observarme directamente.
Y mierda…
Mi cuerpo reacciona antes que mi cabeza. Me inclino lentamente hacia ella. Ella también. Puedo sentir su perfume mezclado con lluvia. Sentir el calor de su piel a centímetros de la mía nuevamente. Y cuando finalmente sus labios rozan los míos… todo el ruido de Central City desaparece.
El beso comienza lento… Demasiado lento para todas las horas que llevo conteniéndome. Los labios de Lekan son cálidos, suaves, y aun así siento el impacto recorrerme entero como un disparo. Ella mantiene una mano apoyada suavemente sobre mi cuello mientras me besa otra vez, esta vez con menos duda. Mi respiración se vuelve pesada de inmediato.
Afuera, Central City continúa brillando bajo la lluvia nocturna, pero dentro del vehículo el aire parece haberse vuelto más denso, más caliente.
Mierda… No recordaba que besar a alguien pudiera sentirse así. No después de Valeria. No después de un año entero evitando cualquier cosa que pudiera parecerse demasiado a necesitar a alguien… Pero Lekan no besa como Valeria. Valeria siempre besaba como si estuviera interpretando un papel. Lekan se siente real.
Y eso es mucho más peligroso…
Mis dedos se deslizan lentamente hacia su cintura mientras vuelvo a besarla con más intensidad. Ella exhala apenas contra mi boca y ese pequeño sonido termina de destruir el poco autocontrol que me quedaba.
El interior oscuro del aeromóvil se ilumina intermitentemente con los reflejos de neón de la ciudad. Azules, rojos y violetas atraviesan el cristal mojado mientras la lluvia resbala lentamente alrededor nuestro.
Lekan separa apenas los labios de los míos. Lo suficiente para respirar. Lo suficiente para mirarme. Sus ojos verdes permanecen clavados en los míos con una intensidad que me deja inmóvil por un segundo.
—Llevas todo el día queriendo hacer esto… —susurra.
Suelto una pequeña risa ronca.
—Eso es una acusación peligrosa.
Ella sonríe apenas. Y después vuelve a besarme antes de que termine de hablar. Esta vez es distinto. Más profundo. Más hambriento. Mi mano sube lentamente por su espalda mientras la acerco más hacia mí. Puedo sentir el calor de su cuerpo incluso a través de la ropa húmeda por la lluvia. Lekan se mueve sobre el asiento acercándose todavía más. Sus dedos se pierden entre mi cabello negro mientras nuestros labios vuelven a encontrarse una y otra vez.
Y por primera vez en muchísimo tiempo…dejo de pensar. No hay Gastón. No hay mafias. No hay recuerdos de Cuatro Leguas.
Solo ella… Solo esta mujer capaz de mirarme como si pudiera ver exactamente todo lo roto que hay dentro de mí… y aun así quedarse. La idea debería asustarme. En cambio, me vuelve completamente adicto.
Mi respiración se vuelve más pesada cuando siento sus labios bajar lentamente hacia mi mandíbula. Después hacia mi cuello… Maldición. Cierro los ojos apenas un instante mientras mis dedos aprietan suavemente su cintura.
Ella sonríe contra mi piel. Lo noto.
—Te gusta tener el control todo el tiempo, ¿verdad? —murmura cerca de mi oído.
Abro los ojos lentamente.
—Normalmente sí.
—¿Y ahora?
La observo directamente. Las luces violetas de un anuncio holográfico atraviesan el parabrisas y bañan parcialmente su rostro moreno. El cabello oscuro ligeramente húmedo cae sobre sus hombros mientras me mira con esa calma peligrosa que siempre tiene.
Hermosa… Demasiado hermosa.
Mi mano sube lentamente por uno de sus muslos mientras respondo con voz baja:
—Ahora mismo no estoy pensando demasiado —respondo, sujetando con firmeza su glúteo.
Lekan exhala apenas. Y el sonido casi termina conmigo. Sus labios vuelven a buscar los míos mientras sus dedos recorren lentamente mi pecho por encima de la camisa negra aún húmeda. Puedo sentir cómo mi corazón golpea con fuerza bajo su mano.
Hace mucho tiempo que nadie me toca así. Como si realmente quisiera sentirme. No solo poseerme. La diferencia me desarma más de lo que debería.