NovelToon NovelToon
Dos Lobos, Una Luna

Dos Lobos, Una Luna

Status: Terminada
Genre:Hombre lobo / Mujer poderosa / Amor eterno / Completas
Popularitas:3.2k
Nilai: 5
nombre de autor: clau21

Elena una chica humana, se ve atrapada entre dos alfas: Kael, Príncipe de los lobos de Luna Plateada, y Roran, Alfa Supremo de la manada de Ceniza que todos daban por muerta/extinta. Ambos la reclaman, se enfrentan por ella, pero Elena se niega a elegir.

NovelToon tiene autorización de clau21 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

capitulo 14

...Primer Viaje...

...****************...

Los gemelos cumplieron 1 año y 2 meses cuando Elena decidió que era hora.

Hora de que vieran algo más que el refugio.

“No van a crecer encerrados aquí”, dijo mientras doblaba ropa de bebé. “Van a ir al norte con Kael. Y al este con Roran. Y van a aprender que el mundo es más grande que esta plaza”.

Kael no dijo nada. Solo asintió.

Roran frunció el ceño. “¿Y si se enferman?”

“Entonces los curamos”, dijo Elena. “No los vamos a criar en una burbuja, Roran”.

Así se decidió.

Primero el puesto norte. 3 días.

Luego el puesto este. 3 días.

Kael y Roran irían con ellos. Elena se quedaba en el refugio.

No porque no quisiera ir. Porque alguien tenía que quedarse con el consejo.

 

Día 1: Camino al norte

Salieron al amanecer.

Kael llevaba a Kael Jr. en el pecho.

Roran llevaba a Lira en un portabebés.

Elena los despidió en la puerta con una lista de 12 cosas que no podía olvidar decir.

“Llévalos abrigados. Dales de comer cada 3 horas. No los dejes cerca del fuego. Si lloran mucho, camina con ellos. Si te sientes cansado, descansa. Si…”

“Mamá”, dijo Kael. “Ya entendimos”.

Elena lo miró feo. “No soy tu mamá”.

“Lo sé. Pero suenas como ella”.

Se rieron y se fueron.

El camino al norte era tranquilo.

Los gemelos miraban todo con ojos grandes.

Los árboles, los caballos, la gente que saludaba al pasar.

Kael Jr. se durmió a la hora.

Lira aguantó dos horas.

Cuando se cansaron, pararon.

Comieron, cambiaron pañales, siguieron.

Llegaron al puesto norte al anochecer.

El consejo local los recibió con comida caliente y una cuna improvisada.

Esa noche, por primera vez en meses, Kael y Roran durmieron 5 horas seguidas.

Los bebés también.

 

Día 2: Vida en el norte

El puesto norte había cambiado.

Ya no era un campamento. Era un pueblo chico.

Escuela, taller, invernadero, casa comunal.

Kael Jr. pasó la mañana con los niños de la escuela.

Se sentó en el suelo y les quitó los lápices.

Ellos se rieron y se los devolvieron.

Lira prefirió el taller.

Tocó todo lo que pudo.

Una chica de 16 años se quedó con ella para que no se lastimara.

Kael supervisó el entrenamiento de la mañana.

No peleó. Solo observó.

Los jóvenes hacían mejor las cosas cuando él estaba ahí.

Roran pasó la tarde revisando las defensas.

Todo estaba en orden.

Le gustó eso.

En la noche cenaron todos juntos.

50 personas en una mesa larga.

Los gemelos se sentaron en el centro.

Todos les daban comida, les hacían muecas, les hablaban.

Elena habría estado orgullosa.

Kael le mandó por el vínculo: _Están bien. Se ríen mucho. Vuelve pronto._

Elena respondió: _Yo también. No hagan tonterías._

 

Día 3: Regreso

Se fueron temprano.

Los gemelos se despidieron con manitas.

Los niños del norte les gritaron adiós.

El viaje de vuelta fue más rápido.

Sabían el camino.

Los bebés dormían mejor.

Llegaron al refugio al mediodía.

Elena los esperaba en la puerta.

No dijo nada. Solo abrazó a los cuatro.

“¿Cómo estuvo?”, preguntó.

“Bien”, dijo Kael. “Se portaron bien”.

“Demasiado bien”, dijo Roran. “Sospechoso”.

Elena se rió. “Mañana van al este”.

 

Día 4-6: Puesto este

El viaje al este era más corto.

Pero más frío. El viento pegaba fuerte.

Roran iba adelante.

Conocía cada piedra, cada curva.

Los gemelos no se quejaron. Dormían con el movimiento del caballo.

El puesto este era más pequeño.

Más rudo.

Pero la gente era cálida.

Lira se quedó con las mujeres del pueblo.

Le enseñaron a hacer pan.

Se le pegó la masa en la cara y se rió.

Kael Jr. pasó el día con Roran revisando la ruta comercial.

Se durmió sobre los mapas.

En la noche hicieron una fogata.

Contaron historias.

Los gemelos se durmieron con el sonido de las voces.

Roran le mandó a Elena: _Aquí están seguros. Vuelven mañana._

Elena respondió: _No los malcríen demasiado._

 

Día 7: Vuelta a casa

Volvieron al refugio al mediodía.

Elena los esperaba con comida caliente y baño listo.

Los gemelos llegaron cansados y felices.

Durmieron 4 horas seguidas.

Elena, Kael y Roran también.

Esa noche, cuando todo estuvo tranquilo, se sentaron en la cocina.

“¿Y bien?”, preguntó Elena.

“Bien”, dijo Kael. “Aprendieron que hay más mundo”.

“Y que la gente los quiere”, dijo Roran.

Elena asintió.

“Eso es lo importante”.

No hablaron más.

No hacía falta.

 

Semanas siguientes

Los viajes se volvieron rutina.

Una vez al mes al norte.

Una vez al mes al este.

A veces los tres juntos.

A veces solo uno con los bebés.

Los gemelos crecieron rápido.

A los 18 meses ya caminaban solos.

A los 20 meses ya decían frases cortas.

“Aguita”. “ Mamá ”. “No papá”.

El consejo se acostumbró a verlos.

Si Elena estaba en reunión, los ponían en una manta en el rincón.

Dormían.

Nadie se quejaba.

Una tarde, mientras Elena presidía, Lira se levantó y caminó hasta ella.

Le dio un dibujo.

Un garabato con tres figuras.

“Familia”, dijo.

Elena no pudo seguir la reunión.

La terminó 10 minutos después.

 

un problema pequeño

No todo era fácil.

A los 22 meses, Kael Jr. empezó a morder.

A Lira.

A Kael.

A Roran.

A la mesa.

Elena probó de todo.

Decir no. Distraerlo. Darle algo para morder.

Nada funcionaba.

Una noche, después de que mordiera a Roran por tercera vez, Elena se sentó en el suelo y se tapó la cara.

“No sé qué hacer”, dijo.

Roran se sentó a su lado.

“Yo tampoco. Pero lo vamos a sacar”.

Kael llegó con un paño frío para la mano de Roran.

“Es una fase”, dijo. “Pasa”.

Elena asintió.

Pero no le gustaba ver a su hijo lastimando a otros.

Dos semanas después pasó.

Como si nada.

Kael Jr. dejó de morder y empezó a abrazar.

Demasiado fuerte.

Pero era progreso.

 

El primer miedo grande

A los 2 años, Lira se perdió.

Solo 10 minutos.

Pero 10 minutos son eternos cuando tienes un hijo.

Estaban en el mercado.

Elena hablaba con una comerciante.

Se volteó y Lira ya no estaba.

Elena no gritó.

Llamó por el vínculo.

Kael estaba en el puesto norte.

Roran estaba en el refugio.

_Roran, Lira no está._

La respuesta fue inmediata.

_Voy._

Roran la encontró en 3 minutos.

Estaba en el taller, jugando con un trozo de madera.

Una mujer la cuidaba.

Cuando Elena la abrazó, no podía hablar.

Roran se quedó a un lado, con la cara blanca.

“No vuelve a pasar”, dijo.

No volvió a pasar.

Pusieron un sistema.

Si los gemelos salían de la vista de uno, el otro lo sabía por el vínculo.

Simple. Efectivo.

 

El segundo año

Los gemelos cumplieron 2 años en una fiesta grande.

No solo el refugio.

Vino gente del norte y del este.

Hubo comida, música, juegos.

Los niños corrieron todo el día.

Los adultos hablaron sin mirar por encima del hombro.

Elena, Kael y Roran se sentaron un momento a mirar.

Los gemelos jugaban en el centro.

Sucios, felices, rodeados de gente que los quería.

“Lo logramos”, dijo Roran.

“No”, dijo Kael. “Lo están logrando ellos”.

Elena sonrió.

“Los dos tienen razón”.

Esa noche, cuando los acostaron, Elena se quedó mirándolos.

“Gracias”, dijo.

“¿Por qué?”, preguntó Kael.

“Por estar aquí. Por no irse”.

Roran se acercó y le tomó la mano.

“No íbamos a irnos”.

Y no se fueron.

1
Rosa Pandui
Que suerte tiene
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play