🚨Está historia es intersexual, (Osea, mujer con sistema reproductivo de un hombre, comúnmente llamado p*ne) Si eres sensible a estás historias, por favor no leer. De igual manera, a veces lo que no nos gusta es porque nunca antes nos hemos atrevido a probar, así que no te prives de algo que nunca has probado.
Espero que os guste la novela. Dejen su Like y comentario. No olviden seguir para estar al tanto de cada capítulo que suba. Los episodios se subirán los lunes y viernes, gracias por todo😘 🚨
Alisha, es la jefa de la mafia: peligrosa, dominante... Valeria, aburrida de una vida que la consume, comete un error que cambiará todo: pedirle a Isabela que no la deje volver a su casa.
Ella no imaginaba que esa súplica sería tomada al pie de la letra. Ahora está atrapada en una jaula dorada, bajo el control de una mujer que mezcla crueldad con seducción, amenaza con un beso y castiga con una caricia.
Entre balas, risas oscuras y noches que arden, ambas descubrirán que lo prohibido pu
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Entre El Deseo Y El Miedo
—¿Qué te pasa? ¿Ahora resulta que tienes a dos detrás de ti? Te lo advierto, ni ella ni él, ninguno de los dos, ¿me entiendes?
Decía mi hermano. Estábamos desayunando en una cafetería cerca de la clínica. El sol de la mañana se filtraba por los ventanales, iluminando el vapor que se elevaba de nuestras tazas de café. Ales suele darme consejos como que Dante no me merece o que ese tipo no me conviene, pero con Alisha es diferente. Solo me dice que no y ya, sin darme razones para alejarme de ella, lo que me hace pensar que Alisha es distinta. Poco después de entrar a la cafetería, Alisha entró también y se sentó a dos mesas de distancia de nosotros. Se puso unas gafas de sol, cruzó los brazos y se dedicó a mirarme (aunque las gafas sean oscuras, sé que me está mirando).
—Oye, ¿a quién estás mirando?
Preguntó Ales, mirando hacia atrás. Pero lo detuve antes de que se diera cuenta de que Alisha estaba detrás de él.
—¡Hermano!
Ales me volteó a mirar, preocupado por el grito que pegué.
—¿Qué sucede?
Pensaba qué excusa inventar, pero no sabía qué decir, sobre todo con alguien sonriendo mientras me mira fijamente. Es una idiota. Ales me miraba esperando una respuesta.
—Creo que... me gusta.
Dije sin pensar, mientras miraba a Alisha. Esto está mal, muy mal.
—¿Qué dices? ¿Desde cuándo te gustan las mujeres?
Miré ahora a mi hermano. La expresión de Ales daba más miedo que la de Alisha enojada. No sé quién da más miedo, ella, por estar molestándome, o Ales, molesto por algo que no tiene sentido.
—No lo sé, solo me siento bien cuando estoy con ella, mucho mejor que cuando estaba con Dante...
Ales me miraba sin entender nada. Estaba segura de lo que decía, no lo hacía para distraerlo.
—Lo digo en serio, hermano, no es por capricho ni nada por el estilo.
Ya soy mayor, y soy consciente de lo que hago, y si decido estar con Alisha, nada ni nadie me lo impedirá. Y sí, él la mayoría de las veces acierta, pero no esta vez. Siento que ella es diferente.
—Mira, no diré que estoy enamorada, pero sí creo que me gusta.
Dije sinceramente. Ales suspiró mientras reposaba su cuerpo en el respaldo de la silla. Ya está, él lo ha aceptado.
—Hermano, he convivido con ella durante mucho tiempo, de hecho, desde mi cumpleaños. Esa noche en el bar, mientras esperaba a Dante, me emborraché. Recuerdo que le pedí algo absurdo, luego no sé qué pasó después, solo recuerdo despertar en una habitación que resultó ser su casa. Allí estuve con ella el tiempo que andaba de viaje. Ella me trata bien, aunque no suele sonreír mucho. Cuando lo hace, se ve hermosa. No muestra mucho su cariño, solo lo hace cuando me dice que duerma con ella...
Ales me miró mientras fruncía el ceño. Mala palabra para describir.
—No, no es lo que piensas. Lo digo literalmente, no tiene otro significado.
—No digas más, no quiero saber cómo mi hermana duerme con otra mujer mucho mayor que ella. Soy tu hermano, no importa con quién salgas, siempre te apoyaré, pero no esta vez. Ella es mucho mayor que tú, no puedo aceptarlo.
¿Le preocupa que ella sea mayor que yo? Pensé que él rechazaría que saliera con otra mujer, aunque eso no me preocupaba.
—Hermano, dime lo que realmente te preocupa.
Necesitaba saber por qué él no quería que yo estuviera con Alisha. Él suspiró mientras miraba al alrededor. Luego, posó sus manos sobre la mesa mientras cruzaba los dedos e inclinaba su cuerpo un poco hacia adelante.
—Valeria, sé quién es ella, la verdadera, no la Ceo de AR'GRUOP. Ella es once años mayor que tú, eso no está bien. Además, es mujer. ¿No quieres tener hijos más adelante?
Mi hermano dijo "la verdadera" "no la Ceo de AR'GRUOP", ¿qué quiere decir? ¿Acaso él sabe a lo que realmente se dedica ella? No puede ser, ¿verdad? Además, sobre tener hijos, creo que ella puede hacer eso.
—¿Qué quieres decir? ¿Cómo que sabes quién es ella? ¿A qué te refieres? No entiendo.
Ales suspiró.
—Valeria, eres mi hermana, ¿crees que no averiguaría nada? Tú ya lo sabías y no me dijiste nada. ¿Acaso quieres esa vida?
¿Estamos hablando de lo mismo?
—Hermano, no estoy entendiendo.
—Valeria, no me trates de idiota. Ya investigué. Fueron de compras, fueron a una fiesta, donde saliste borracha. Así que te digo, no saldrás con ella, no vuelvas a ir a su casa, y borra su contacto de tu teléfono, ¿me entiendes?
Finalizó hablando entre dientes. Esto no está bien. ¿Cómo sabe él a qué se dedica Alisha? Creía que su identidad estaba oculta, que nadie normal podría averiguarlo... Pero mi hermano lo hizo. ¿Cómo lo convenzo ahora?
—Hermano, no sé qué decir.
Era cierto, no sabía qué decir, tampoco sabía cómo explicarle nada. Además, no hay nada que explicar realmente, solo podía tratar de explicarle mis motivos y que él me entienda.
—Val, cariño, yo te apoyo en todo, siempre lo he hecho, solo que a veces no sabes elegir bien, y no quiero que nadie te lastime. Sabes que no me gusta verte sufrir. Y si te metes con ella, eso es seguro.
Suspiré. Nadie en este mundo está exento de sufrir, y yo no sería la primera ni la primera vez que lo hago. Pero algo me dice que Alisha no me lastimará.
—Hermano, sé a qué te refieres, pero no puedes controlar si sufro o no. Soy joven para tener esa experiencia, como soy lo suficientemente mayor como para tomar mis propias decisiones. Sí, ella es once años mayor que yo, pero sabes que no lo parece. Además, ya anduve con gente de mi edad, pero ya sabes cómo terminaron las cosas. Si salgo con ella y termina igual, no importa, será otra experiencia en mi hoja de vida amorosa.
No sabía qué más decir, pero todo lo que dije era en serio. Solo espero que mi hermano me entienda y me apoye como lo ha venido haciendo. Él se quedó observándome, analizando qué decir o cómo actuar.
—Hermano, por favor, tienes que apoyarme, no seré feliz si tú no quieres que esté con ella.
Ales solo me miraba, no me decía nada. Su expresión no me decía nada, era como si su mente literalmente se quedara en blanco. ¿Qué tanto piensa? ¿De verdad no me apoyará esta vez?
—¿Ales?
—Eres una tonta, ¿lo sabías?
Dijo mientras sonreía con algo de tristeza. Él me apoyaría, pero eso no significa que la acepte a ella. Él no estará tranquilo, lo sé, lo conozco.
—Me apoyas, ¿cierto?
Dije haciendo pucheros. Él rió. Reí también. No necesito más familia que a él, la única persona que me ha visto como su familia. Seguimos hablando hasta que me llevó a la clínica y él se fue a su trabajo. Poco después de él dejarme en la clínica, llegó Alisha (estaba esperando que Ales se fuera para entrar). Yo fui a mi oficina con ella detrás de mí. Que ni piense que la perdonaré tan fácil por lo que me hizo anoche. Ella entró cerrando con llave la puerta tras ella. Yo me senté frente a mi escritorio prendiendo el computador de inmediato. Sabía que ella no me dejaría en paz hasta no llevarme con ella, pero no debo descuidar mi trabajo por andar con ella. Amo mi trabajo, amo sanar perritos y gatitos, por eso no debo descuidarlo. Ella se sentó frente a mí cruzando sus piernas. La miré de reojo.
—¿Qué quieres?
Pregunté. Pero creo que ella estaba esperando que dijera algo para hablar.
—A ti. Anoche... Lo que pasó, lo siento. No sabes cómo me arrepiento, pero de verdad debía encargarme de algo, y debo viajar mañana.
Arrugué un poco las cejas. ¿Cómo que debe viajar mañana? ¿Vino a disculparse o solo era una excusa para decirme que debe viajar mañana? La volteé a mirar. Nos quedamos mirando fijamente, en completo silencio. Un torbellino de emociones me invadió. El tiempo pareció suspenderse. Sentí el corazón latiendo con fuerza en mi pecho, como si quisiera escapar. Tragué saliva cuando me imaginé todo lo que hubiera pasado si esa llamada no nos hubiera interrumpido. Mis ojos fueron a sus labios por una milésima de segundo y volví a sus ojos. ¡Diablos!, ¿en qué piensas, Valeria? Dejé de mirarla y volví a la computadora antes de lanzarme a besarla. Lo que hizo anoche me mantuvo despierta toda la noche, recordando cada maldito toque y beso que me dio, y ahora estoy deseando que lo vuelva a hacer. ¡Diablos! Y eso que no profundizó. Aclaré mi garganta y hablé.
—¡Ejem! Bien, como quieras.
—¿No dirás nada? ¿Estamos bien? ¿Irás conmigo a casa? ¿Dormirás conmigo esta noche?
Dejé de mirar mi computadora y la volteé a mirar. Realmente es una idiota. ¿Cree que así como estoy podré dormir con ella sin pensar en otras cosas? Ni dándome diez baños de agua fría haría que no quisiera estar con ella. Debo cambiar de tema antes de perder la cordura.
—¿A dónde vas? ¿Por cuánto tiempo?
Ella me sonrió. Maldita sonrisa.
—A Rusia. ¿Por cuánto tiempo? No sé. Ya respondí, ahora, ¿volverás conmigo? ¿Terminaremos lo de anoche?
Decía mientras se inclinaba sobre el escritorio, acercándose más a mí. Y sí, sí quiero terminarlo. Pero lástima, no es tan fácil como piensa.
—¿A qué vas a Rusia?
—¿Quieres saber?
—Así es.
—Bien. Anoche sucedió algo. Mis muchachos sufrieron y debo devolver el favor.
Fruncí el ceño.
—¿Qué quieres decir?
—Eso mismo. Alguien quiso tomar control de lo mío y mis muchachos no se dejaron, ahora debo responder con el doble. Y déjame decirte algo, lo que es mío nadie lo toca.
Dios, a veces se me olvida a qué se dedica ella.
—¿Debes ir? ¿No puedes mandar a alguien más?
Ella no es inmortal, y por más que no quiera, me enojaría mucho si algo le pasa. Ella relajó su cuerpo sobre la silla mientras pensaba. Ojalá no vaya. Después de pensarlo por unos segundos, finalmente habló:
—Podría ser, pero no con esta persona. Esta persona es diferente, así que debo encargarme yo misma.
Dijo seria. Aunque me estaba mirando, sus pensamientos estaban en otra parte. Esa tal persona de la que habla no debe ser alguien fácil de tratar, y eso hace acelerar mi corazón, pero no de la manera que yo quisiera. Respiré hondo. Sé que nada de lo que diga podrá hacerla cambiar de idea, pero al menos lo intentaré.
—¿No deberías mandar a alguien más si es tan difícil de tratar? ¿Qué pasa si te pasa algo? ¿Quién cuidará de esas personas?
—Por eso mismo debo ir yo.
—¿Cambiará algo si te pido que no vayas?
Dije. Nos miramos a los ojos. Vi tristeza en sus ojos, entonces supe que ella tampoco quería ir, pero le tocaba ir. Yo sentí mi corazón apretarse. Un nudo en mi garganta me avisaba que estaba a punto de llorar (algo que no tiene lógica, ya que desde el principio sé a lo que ella se dedica). Retiré mi mirada.
—Valeria...
Hizo una pausa para luego levantarse y venir a mi lado. Puso sus manos en la silla y me giró hacia ella. Luego, se arrodilló mientras tomaba mis manos. Esto parece una despedida, y no me gustan las despedidas.
—Princesa, qué más quisiera que no ir, y más ahora, pero debo ir, tengo que ir. Y no te preocupes, volveré en menos de lo que piensas, y volveré sana y salva, te lo prometo.
Claro que volverá, pero en su trabajo todo es posible.
—De acuerdo.
Ella me sonrió. Últimamente como que sonríe mucho, ¿no?
—Volveré, eso te lo aseguro.
Dijo besando mis manos. Ella es tan cariñosa, ¿por qué pretende ser diferente?
Yo la miraba. Ella es hermosa. Tiene una nariz muy linda, como mandada a hacer. Tiene una piel tan limpia que, sin maquillaje, aún así se ve suave y limpia. Sus labios, rosados y suaves. Unas pestañas largas. Unas cejas abundantes y lisas. Un pelo brilloso y largo. Es perfecta, todo en ella es perfecto. ¿Por qué le gusto? Yo no tengo nada, y no me considero muy hermosa, solo lo normal. ¿Por qué le gusto? Tomé sus manos también, ella me miró, sonreí.
—¿Por qué te gusto?
Le pregunté. Ella me sonrió mientras se paraba.
—¿Qué quieres decir?
Me paré también.
—Lo he pensado, eres perfecta, y yo no soy nadie. ¿Por qué te gustaría alguien como yo?
Ella levantó una ceja. ¿Se molestó?
—Oye, ¿por qué piensas así?
¿No se molestó?
—¿Acaso no es verdad?
Antes, en la universidad, muchos chicos andaban detrás de mí, pero después descubrí que solo lo hacían por un reto entre ellos. Solo eran pocos los que no estaban en ese reto, y uno de ellos era Dante, por eso me gustaba tanto. Pero ahora, Alisha, guapa, rica, alta y hermosa, lo tiene todo, y aún así le gusta alguien como yo, ¿por qué? Ella se quedó observándome, luego se acercó e inclinó su cabeza quedando a pocos centímetros de mí. Sentí mi corazón latir rápidamente, mi respiración se detuvo por un instante, luego tragué saliva. ¿Qué cree que hace? ¿Acaso desea matarme de un paro cardíaco?
—Jamás en mi vida me ha gustado alguien por su belleza. Y eso no quiere decir que tú no seas guapa, de hecho, eres hermosa, de pies a cabeza. Cuando te maquillas, te ves como las demás, pero cuando estás al natural, eres única, no puedes compararte con nadie. Cuando sonríes, te ves aún más linda, así que no digas algo como "¿por qué te gusto?" o "no soy nadie", porque eres todo lo que le hace falta a mi vida.
Finalizó intentando besarme, pero yo hice para un lado mi cara para que no sucediera. Parece muy convencida de lo que dice, y juro que le creo, pero no lo suficiente como para convencerme. Ella suspiró, luego agarró mi barbilla y me obligó a mirarla. Su mirada era profunda. Luego preguntó:
—¿Qué somos nosotras dos?
¿A qué viene esa pregunta?
—¿Qué?
—Sí, ¿qué somos?
—¿Por qué me preguntas?
—Ya van varias veces que intento besarte, pero no me dejas, así que quiero saber qué somos nosotras dos.
Bueno, ella me pidió ser su novia, pero yo nunca dije que sí, así que no sé qué somos.
—No lo sé.
Dije tímidamente. Ella frunció el ceño ante mis palabras. ¿Qué? ¿Qué dije mal?
—¿Qué? Anoche casi tenemos relaciones y tú me dices que no sabes qué somos? ¿Me estás diciendo que te acuestas con cualquiera?
Arrugué mis cejas. ¿Qué quiere decir? ¿Me está diciendo que soy una fácil?
—¡Oye, suéltame!
Intenté que me soltara, ya que me tenía agarrada de mi barbilla, pero fue inútil.
—¿Qué? ¿Te molestó?
—Eres una desgraciada.
—¿Lo soy? ¿O lo eres tú? Te vengo diciendo hace rato que salgas conmigo, que seas mi novia, pero aún no me aceptas. Ayer pensé que me habías aceptado y por eso querías tener relaciones conmigo, pero ahora me dices que no sabes qué somos? ¿Soy yo la desgraciada o tú?
Dijo con voz firme y dura. Pensándolo así...
—Ya que te acuestas con cualquiera, entonces no desaprovecharé esta oportunidad.
Dijo para luego besarme a la fuerza. Yo intenté separarme de ella, pero es muy fuerte.
—¡Hm!
Intentaba safarme, pero era imposible. Pensé en pegarle en su punto más sensible, pero creo que no sería apropiado. Y no es que no quiera besarla también, pero ella lo estaba haciendo porque estaba molesta, así no debe ser. De tanto forcejeo mío, finalmente se separó de mí. Un poco agitada, habló:
—Odio lo que sea que pienses que tenemos. Si vas a ser mi novia, lo serás con todo lo que viene con eso, y si no lo quieres ser, entonces buscaré a alguien que quiera serlo.
Sentí mi corazón apretarse ante sus palabras. No es que no quiera estar con ella, solo que no me siento preparada para serlo. Ella se dedica a algo que jamás en mi vida pensé vivir, pero ahora ella aparece en mi vida cambiando todo, hasta mi modo de pensar sobre las personas que se dedican a eso, solo que pienso en todo lo que conlleva esta vida y me da miedo. Y no dudo que ella me protegerá, solo que no sé si ella se protegerá a sí misma. Es muy complicado.
—No quiero tener que pedir permiso o disculpa por cada vez que quiera besarte o que me beses. Quiero estar con alguien que quiera estar conmigo tanto como yo con ella.
Dije firme mientras nos mirábamos a los ojos. Podía notar tristeza en sus ojos, como si de verdad me quisiera, de una forma distinta a como me quería Dante, pero no podía corresponderle ahora. Sus palabras me dolieron como un cuchillo. Me gusta, ella me gusta, lo admito, solo que me da miedo entregarme de nuevo a alguien más. Ella puede tener a quien quiera, pero me quiere a mí. ¿Qué pasa cuando ella se canse de mí y ande por ahí con cualquiera? No quiero eso, no quiero que me lastimen otra vez.
Ella se dio media vuelta para salir de mi oficina. Yo me quedé allí observando cómo desaparecía de mi vista, con ganas de detenerla y decirle que también me gusta, pero no pude. Mi corazón y mi mente se peleaban por quién tenía la razón, y mi cuerpo quería salir corriendo haciéndole caso al corazón, pero luego mi mente le ordenaba que no lo hiciera. Apenas podía mover mis pies, pero aún así no pude salir tras ella.