🐺 Sinopsis
En los bosques montañosos de Cali, la joven Valeria Andrade descubre que su destino está ligado a una antigua manada de hombres lobo. Cuando conoce a Adrián Blackwood, el alfa más poderoso del continente, una conexión irresistible los une. Pero una profecía anuncia que su amor podría salvar a todas las manadas… o destruirlas para siempre.
Traiciones, guerras entre clanes, secretos familiares y una pasión prohibida marcarán esta historia épica.
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el lago espejo
El amanecer encontró al grupo avanzando por un sendero de piedra que serpenteaba entre montañas cubiertas por una niebla azulada. Tras superar la prueba del Bosque de los Susurros, Valeria Andrade sentía que algo en su interior había cambiado.
El primer sello de Selene brillaba incrustado en su colgante como una pequeña hoja de cristal, y cada vez que lo tocaba percibía una energía serena que fortalecía su espíritu.
Sin embargo, también sentía un peso nuevo sobre sus hombros.
Había aceptado que su destino ya no le pertenecía únicamente a ella.
El futuro de las manadas dependía de las decisiones que tomara en los días siguientes.
A su lado, Adrián Blackwood mantenía el paso firme y silencioso. Aunque su expresión seguía siendo serena, Valeria podía percibir a través del vínculo la preocupación que intentaba ocultar.
La amenaza de Lucian Thorne se cernía sobre ellos como una sombra constante.
Y el eclipse de la Luna de Sangre estaba cada vez más cerca.
—¿Cómo te sientes? —preguntó Adrián, apartando unas ramas del camino.
Valeria exhaló lentamente.
—Más fuerte… y más vulnerable al mismo tiempo.
Adrián la miró con ternura.
—Eso significa que estás aprendiendo a escuchar tu poder.
Ella sonrió levemente.
—¿Y tú? ¿No estás cansado de cargar con mis dudas?
El alfa se detuvo y tomó su mano.
—Nunca serás una carga para mí.
Sus palabras, pronunciadas con absoluta sinceridad, hicieron que el corazón de Valeria latiera con más fuerza.
Durante unos segundos permanecieron en silencio, observándose como si el mundo entero se hubiera reducido a ese instante.
Pero la voz de Mateo Cruz interrumpió el momento.
—Si terminan de mirarse como si estuvieran en una novela romántica, el lago nos agradecerá llegar antes del próximo invierno.
Sofía Reyes soltó una risa.
—Déjalos. Es lo único adorable que tenemos en esta misión suicida.
Valeria sintió calor en las mejillas, y Adrián negó con una media sonrisa poco habitual.
Incluso en medio del peligro, Mateo y Sofía lograban aliviar la tensión.
Esa noche acamparon en una meseta desde la cual podían escuchar el rumor distante del agua.
Sebastián permaneció junto al fuego con expresión pensativa.
Valeria se sentó frente a él.
—Quiero preguntarte algo.
Sebastián Blackwood levantó la vista.
—Lo imaginaba.
—En el Santuario dijiste que conociste bien a mi madre. Pero cada vez que intento saber qué ocurrió realmente, cambias de tema.
El hombre guardó silencio unos instantes.
El fuego reflejaba sombras cansadas en su rostro.
—Porque algunas verdades son más difíciles de escuchar de lo que imaginas.
Valeria sostuvo su mirada.
—Ya no soy una niña.
Sebastián asintió lentamente.
—Tu madre llegó al Santuario cuando estaba embarazada de ti. Sabía que Lucian la perseguía y sabía también que alguien dentro del Consejo había revelado su ubicación.
Valeria sintió un estremecimiento.
—¿Había un traidor?
—Sí.
—¿Quién?
Sebastián apretó la mandíbula.
—Todavía no lo sé con certeza.
Valeria percibió que no decía toda la verdad, pero antes de insistir, Adrián se acercó y colocó una manta sobre sus hombros.
—Necesitas descansar.
Valeria asintió, aunque la conversación había dejado más preguntas que respuestas.
Esa noche durmió con la sensación de que el pasado seguía ocultando secretos capaces de cambiarlo todo.
Al mediodía siguiente, el sendero descendió hacia un valle rodeado de acantilados.
Y entonces lo vieron.
El Lago Espejo.
El agua era tan quieta que parecía una superficie de cristal pulido. Reflejaba el cielo, las montañas y los árboles con una perfección sobrenatural.
No había viento.
No había sonidos.
Ni siquiera las aves se atrevían a romper aquella calma.
Valeria sintió que el colgante vibraba sobre su pecho.
—Es más hermoso de lo que imaginaba.
Sebastián habló en voz baja, casi reverente.
—Y más peligroso.
Mateo observó su propio reflejo.
—No me gusta que un lago parezca estar analizando mi alma.
Sofía sonrió.
—Tal vez porque teme encontrar demasiado drama.
El humor de sus compañeros alivió brevemente la tensión, pero Valeria no podía apartar la mirada del agua.
Algo en el fondo del lago la llamaba.
Una fuerza antigua y poderosa.
Adrián tomó su mano.
—No importa lo que veas aquí, recuerda quién eres.
Valeria asintió.
Y dio el primer paso hacia la orilla.
En el instante en que sus botas tocaron el agua, círculos plateados se expandieron sobre la superficie.
El lago comenzó a brillar.
Y el reflejo de Valeria dejó de imitar sus movimientos.
La figura del agua alzó la cabeza y abrió los ojos.
No eran los ojos color miel de Valeria.
Eran rojos.
La imagen se transformó hasta mostrar el rostro de Lucian.
Valeria retrocedió sobresaltada.
—¿Qué significa esto?
La voz del lago respondió, profunda y etérea.
—La verdad duerme bajo la superficie.
El agua se agitó.
Y una visión surgió frente a todos.
Valeria vio a Lucian años atrás, mucho más joven, arrodillado ante una mujer vestida de blanco.
Era Selene.
La figura legendaria colocó la mano sobre la frente de Lucian.
Luego la visión cambió.
Lucian apareció junto a Lucía Andrade, discutiendo en el Santuario.
No había odio en sus ojos.
Había dolor.
—Nunca quise que esto ocurriera —dijo la imagen de Lucian.
La visión se desvaneció.
Valeria sintió que el corazón se agitaba con fuerza.
—Lucian conocía a mi madre.
Sebastián cerró los ojos con resignación.
—Sí.
Valeria giró hacia él.
—¿Por qué nadie me lo dijo?
Adrián se tensó.
Sebastián habló con voz grave.
—Porque la verdad es más complicada de lo que imaginas.
El lago comenzó a emitir un resplandor intenso.
Desde las profundidades emergió una esfera cristalina en forma de gota.
El segundo sello.
Pero antes de que Valeria pudiera alcanzarlo, el agua se elevó formando una figura humana.
La figura adoptó el rostro de Adrián.
Su expresión era fría y distante.
—Si reclamas este sello, me perderás.
Valeria sintió que el aire abandonaba sus pulmones.
—No…
La figura avanzó.
—Tu poder crece. Y cuanto más poderosa seas, más peligro corro.
El miedo se apoderó de ella.
Recordó las palabras de Lucian.
Elegirás entre el amor y el poder.
Sus manos comenzaron a temblar.
Adrián, desde la orilla, intentó acercarse, pero una barrera de agua lo detuvo.
—¡Valeria, no escuches a la ilusión!
Ella cerró los ojos.
Su mayor temor no era morir.
Era perder a Adrián.
Pero también sabía que no podía permitir que el miedo dictara su destino.
Abrió los ojos y miró a la figura.
—El amor verdadero no se destruye por el poder.
La marca de su cuello resplandeció.
—Si debo crecer para protegerlo, entonces creceré.
La ilusión sonrió tristemente… y se desintegró en miles de gotas luminosas.
La esfera de cristal descendió suavemente hasta sus manos.
El segundo sello se fundió con el colgante.
Ahora una hoja y una gota brillaban unidas sobre su pecho.
La superficie del lago recuperó su calma.
Adrián corrió hacia ella y la abrazó con fuerza.
—Pensé que te perdería.
Valeria apoyó la frente contra la suya.
—Nunca dejaré que el miedo decida por mí.
Sebastián observó el colgante con respeto.
—El segundo sello representa la verdad del corazón.
Valeria levantó la mirada hacia el lago.
Las imágenes que había visto seguían perturbándola.
Lucian había conocido a su madre.
Y la historia entre ellos parecía mucho más compleja de lo que todos habían admitido.
En ese momento, el colgante vibró nuevamente.
Una nueva visión apareció en su mente.
Un castillo envuelto en sombras.
Un corazón latiendo detrás de una puerta de hierro.
Y una voz susurrando:
—El último sello se encuentra donde el odio y el amor nacieron juntos.
Valeria abrió los ojos.
—Sé dónde está el tercer sello.
Adrián la observó con tensión.
—En el territorio de Lucian.
El viento comenzó a agitar la superficie del Lago Espejo.
Y todos comprendieron que el siguiente paso los conduciría directamente al corazón del enemigo.