Jack Matías siempre creyó ser un chico normal… excepto por los extraños poderes que habitan en su interior. Pero cuando descubre la existencia de un mundo mágico oculto y una mitología completamente distinta a la contada por la humanidad, su vida cambia para siempre.
Guiado por antiguas divinidades y perseguido por fuerzas desconocidas, Jack emprenderá un viaje donde descubrirá su verdadero origen, el poder de la naturaleza y el destino que une a dos mundos.
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Miedo
El tiempo pasó. Ya eran las doce y cuarto, y Tobías estaba por llegar a casa de Jack.
Jack lo esperaba con ansiedad… y también con miedo.
Cinco minutos después, Tobías tocó el timbre.
Jack cruzó la puerta principal y luego abrió la reja del jardín.
Tobías: Esta vez no me demoré tanto. Por suerte, no había mucho tráfico.
Jack: Hola… te ves muy bien.
Tobías sonrió con picardía.
Tobías: Tú también, Jack.
Jack: Ven, entremos.
Ambos entraron a la casa.
Con cada segundo que pasaba, los nervios de Jack aumentaban más y más.
Se sentaron en el sofá de la sala.
Tobías: ¿Estás bien? Te noto bastante pálido…
Jack: Sí… estoy bien.
Tobías: Entonces, ¿qué querías contarme?
Jack tomó de inmediato una botella con un poco de agua en su interior.
Tobías pensó que su amigo simplemente tenía sed, pero la realidad era muy distinta.
Jack: Primero que todo, Tobías… desde el inicio sabes que yo nunca he sido alguien muy normal.
Mis orejas son extrañas, soy muy introvertido… y los animales suelen seguirme constantemente.
Tobías: Entonces, esa vez…
Jack: Sí. No era la primera vez que los animales me perseguían. Ha sido así desde que tengo memoria…
Tobías observó a Jack con evidente confusión.
Jack: Tobi… lo que voy a mostrarte debes guardarlo en secreto. Jamás puedes contárselo a nadie. ¿Entiendes?
Tobías: Lo entiendo, pero… ¿Qué es? Me estás asustando…
Jack se levantó del sofá y extendió su mano para llevar a su amigo al patio trasero.
Ya afuera, dejó la botella en el suelo y la destapó lentamente.
—Este es el secreto que quería contarte… o mejor dicho, mostrarte.
Tobías seguía mirándolo con rareza.
Jack extendió ambas manos y cerró los ojos por un instante.
De repente, el agua comenzó a elevarse desde la botella, moviéndose al ritmo de sus brazos.
Tobías se quedó helado.
No podía decir una sola palabra. El shock era evidente en su rostro.
Jack continuó manipulando el agua hasta formar un orbe flotante que comenzó a crecer cada vez más.
Tobías: Jack… ¿qué… qué es esto…? —murmuró Tobías con la voz temblorosa.
Jack: No tengas miedo, Tobi. No voy a hacerte daño… solo es agua.
Jack volteó a verlo.
Tobías estaba en el suelo, paralizado entre el miedo y la confusión.
Al verlo así, Jack perdió la concentración.
La enorme esfera explotó de golpe y ambos terminaron completamente empapados.
Jack: Jaja… lo siento. Eso pasa cuando me desconcentro… pero ves? , no estamos heridos…
Jack dejó de hablar al notar el silencio de su amigo.
—¿Tobi…?
Tobías se levantó lentamente del suelo y caminó hacia la sala sin decir una sola palabra.
Jack fue detrás de él.
Jack: ¡Tobi, espera! No me tengas miedo… por favor. No soy un fenómeno… solo soy diferente.
Tobías: Jack… esto es demasiado para mí… para cualquiera…
¿Cómo haces eso? ¿Desde cuándo? ¡Eso es imposible!
Debe ser un sueño… sí… tiene que serlo…
Jack: ¡No estás soñando! —respondió Jack, desesperado—.
Soy un chico con orejas de elfo que puede controlar el agua… y no es lo único que puedo hacer.
Podría usarla como un arma, pero jamás te haría daño a ti… ni a nadie.
Tobías bajó la mirada, claramente alterado.
Tobías: Jack… no sé qué decirte… yo solo… necesito irme a casa.
Jack: ¡Tobi, no! Por favor… no me temas…
El rostro de Tobías estaba completamente pálido y su cuerpo temblaba levemente.
Tobías: Debo irme… no puedo procesar esto ahora mismo…
Jack: Pero no quiero que te alejes de mí… por favor…
Jack tomó el brazo de su amigo intentando detenerlo, pero Tobías se apartó con cuidado antes de decir:
—Necesito procesar lo que acabo de ver… te llamaré después. Lo siento…
Tobías salió rápidamente de la casa.
Jack quedó inmóvil por unos segundos.
Luego caminó lentamente hasta el sofá y se derrumbó entre lágrimas y sollozos.
—¡Soy un idiota! ¡No debí decirle nada… ahora me tiene miedo! —exclamó Jack entre lágrimas.
Mientras tanto, Tobías cruzó la esquina de la cuadra y esperó el transporte en la parada de autobuses, intentando calmarse.
Su mente era un caos.
—No es posible… un ser humano no puede hacer algo así… es irreal…
Solo necesito llegar a casa y tranquilizarme…
Jack… lo siento…
Minutos después, el autobús llegó.
Tobías subió rápidamente y tomó asiento en la parte del fondo.
Aún tenía las manos ligeramente temblorosas.
Sacó su celular para revisar si Jack le había enviado algún mensaje, pero no había nada.
Eso le hizo sentir un extraño vacío en el pecho.
Al llegar a casa, entró directamente a su habitación y cerró la puerta.
Se dejó caer sobre la cama y abrió la galería de su celular.
Comenzó a mirar las incontables fotos que tenía con Jack desde que eran niños.
Algunas eran recientes, otras habían sido tomadas con cámaras viejas años atrás.
Tobías siempre había guardado cada una de esas fotos.
Mientras observaba aquellos recuerdos, no podía dejar de pensar en qué debía decirle a Jack.
Porque, a pesar del miedo…
seguía siendo su mejor amigo.