Tras un accidente automovilístico que lo deja en una silla de ruedas, Carlos Eduardo enfrenta las consecuencias de su arrogancia y crueldad. El accidente, en realidad, fue provocado por su prometida, Sarah, quien teme ser abandonada. Para asegurarse de que él reciba los cuidados necesarios, su familia contrata a una joven sencilla del interior, acostumbrada a la vida en el campo. Obligada a convivir con Carlos Eduardo, ella debe lidiar con su carácter duro y sus actitudes ásperas. ¿Lograrán su bondad y sencillez ablandar el corazón de un hombre que parece incapaz de sentir compasión?
NovelToon tiene autorización de Rosi araujo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 8
Bajé y miré por la inmensa casa, y no me acuerdo dónde estaba la puerta de la cocina, cuando doña Berta sale de algún lugar.
Berta- ¿Se perdió, Betina?
Betina- Quiero lavar mi ropa, doña Berta, ¿puede mostrarme dónde está el lavadero?
Berta- Deme que yo la lavo.
Niego con la cabeza, y ella sonríe, Berta me muestra la casa por dentro, mientras los patrones dormían, era muy grande y lujosa, igual que la hacienda, llena de cosas bonitas dentro.
Lavé mi ropa y la colgué en el tendedero de piso que había en el área de lavado, tenía máquinas iguales a la hacienda, nunca supe encender ninguna de ellas, lavaba a mano la ropa del patrón y la ropa de la casa.
Seguí a Berta hasta la cocina. Ella hizo un té para nosotras dos, y me siento en la cocina.
Berta- Parece ser tan joven, Betina.
Betina- Cumplí dieciocho la semana pasada.
Berta- Vaya, debió haber tenido una gran fiesta.
Betina- No, pasé corriendo detrás del ganado que rompió la cerca, su Carlos y yo quedamos todos embarrados de barro hasta la cabeza.
Berta sonríe.
Betina- No sé muchas palabras, igual que ustedes, doña Berta.
Berta- La patrona Mel, hablaba igualito a usted, adoraba oírla hablar.
Betina- Voy a subir, para arriba.
Berta- Jaja, es solo subir, Betina.
Betina- Solo subir.
Berta- Subir, quiere decir que va para arriba, por eso es subir, y bajar, quiere decir para abajo, entonces es solo bajar.
Betina- Ah sí, tiene sentido, entonces está bien, con permiso, una buena noche, doña Berta.
Subí, ahora voy a solo decir eso, y abrí la puerta bien despacio, me quito mi chancleta, y voy descalza de puntillas, y me acuesto en el sofá, él era muy pequeño, y duro, hasta el heno era suave, estas cosas de rico es duro.
Tomé un abrigo grueso que tengo y lo hice de almohada en lugar del heno, me acomodo en el sofá, y luego duermo, de madrugada el teléfono despierta dos veces, levanto y doy los remedios del patrón.
Así que él toma, vuelve a dormir, acomodo él, y me acuesto en el sofá de piedra, me levanté antes del sol, bajé y fui para la cocina, hice el café de la casa, pan de queso, a las cinco y media Berta entra en la cocina.
Berta- ¿Qué está haciendo, niña?
Betina- El café de la casa, doña Berta.
Berta- Eso es mi función, sal de ahí, siéntate y toma café.
Me senté y tomé mi café, ella hizo la bandeja del patrón y me dio, subí para el cuarto toda despeinada con la bandeja, ni sabía cargar una, entré y coloqué el café del señor en la mesa al lado de la cama, el teléfono despertó bien en la hora. Él se despierta y yo ayudo él a se levantar.
Betina- Buenos días, señor.
Cadu- Mis amigos van a venir a ayudarme en la rehabilitación, no quiero oír su voz.
Betina- Sí señor.
Di los remedios, de él, y después el café, mientras él toma, arreglo todo el cuarto y el baño, el padre de él entra.
Sulivan- Hola Betina, buenos días, puede bajar para una conversación.
Betina- Sí, señor.
Termino las cosas del cuarto, abro las cortinas y ventanas, y voy para el cuarto de rehabilitación, estaba terminando cuando los cuatro entra, paran y me miran de arriba a abajo.
Cadu- Esta es mi empleada, ella me ayuda con las cosas.
Romeo- Mucho gusto.
Acabé hablando sin querer, al saludar ellos, que sonrieron de mi cara.
Bernardo- Es de la hacienda.
Miro para el señor, que ni sé el nombre de él, tomo mis cosas de limpieza y salgo.
Bernardo - ¿Qué le pasó a ella, ella quedó roja?
Thomas- Ella es linda, ustedes notaron, debe tener unos dieciséis años, ella tiene carita de bebé.
Cadu- Vinieron a ayudarme o mirar la cara de la caipira.
Bernardo- Ella habla igual.
Cadu- Cierra tu boca.
Fui directo para la cocina, dejé las cosas.
Berta- Aquí, lleva ese té para el señor Sulivan.
Tomé y llevé el té, toqué la puerta y fui autorizada a entrar.
Betina- Con permiso señor, aquí Berta pidió para te entregar, el señor quería hablar conmigo.
Sulivan- Siéntese.
Siento donde él apunta.
Sulivan- Hice su contrato, y aquí está su valor a recibir, que será descontado en cuotas.
Él me entrega, y miro, leo muy de vagar, y veo la cantidad de dinero.
Betina- Quiero abrir mano del valor, si yo trabajar y descontar todo, en cuanto tiempo yo quito la deuda.
Sulivan- El collar fue unos 600 mil reales, usted va a recibir 60 mil por cuidar de mi hijo, acredito que en menos de un año.
Betina- Ok, señor, quiero quitar toda mi deuda, no quiero un real, solo voy a dedicarme a trabajar.
Firmo mi nombre, él me entrega el contrato, y subo, los amigos del patrón conversaba con él, dejé mi contrato en mi bolsa y salí.
Cadu- Toma el papel.
Bernardo - Va a tocar en las cosas de la niña.
Cadu- Quiero ver lo que la cobra está tramando con ella.
Thomas- ¿Como así?
Cadu- La niña dijo, que ella está aquí para pagar un collar que desapareció en la hacienda, a cambio de que ella traería esa niña para cuidar de mí.
Thomas- Cara, usted no deja nadie acercarse.
Cadu- Quiero que investigue la vida de esa niña, Thomas, si ella es culpable, quiero ella lejos de aquí, ahora si la Vanessa está usando esa pobre niña, mi padre que me perdone, voy a colocar ella para fuera.
Thomas tira foto de los datos de la Betina y coloca el papel en el mismo lugar, los rapaces salieron y solo así vuelvo para el cuarto.
Cadu- Puede quitar mi ropa, necesito de un baño, y no quiero llamar la Berta.
El señor va para el baño, quito la blusa de él y la bermuda.
Cadu- Puede salir, el resto yo hago.
Salí y aguardé del lado de fuera, troqué la cama de él, que era suave, todo era suave, diferente del sofá, que me dejaba con dolores. El señor sale y arreglo él, llamamos el seguridad y bajamos, el señor me manda seguir él por el jardín de la mansión.
Yo seguí atrás de él junto con un seguridad, caso la silla girase, fui mirando cada detalle, todo era muy lindo, y tenía un olor de flores por todo el lugar, ella queda un buen tiempo mirando para una estatua que tenía en el medio del lago, y un puente que llevaba hasta ella, más él no fue, quedó allí parado mirando.
Volvimos para casa, él fue llevado al andar de arriba, y yo llevé su almuerzo, así que él fue descansar, tomé el teléfono y fui para la terraza, y asistí las clases, hablé con la doctora Adriana, y con su Carlos.