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ONEGA SALVADORA - ALFA SUMISO

ONEGA SALVADORA - ALFA SUMISO

Status: En proceso
Genre:Hombre lobo / Mundo de fantasía
Popularitas:21.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Adriánex Avila

Una simple coincidencia fue suficiente para cambiar el destino de dos mundos.

Zea nunca debió cruzarse en el camino del Rey Alfa.

Él es el gobernante más poderoso de todos los clanes. Un hombre cuya sola presencia inspira obediencia. Frío. Implacable. Incapaz de amar. Su vida siempre ha estado regida por una única ley: el deber está por encima de cualquier sentimiento.

Hasta que la conoce.

Desde el primer instante, algo en Zea despierta un instinto que creía muerto. Por primera vez, el Rey Alfa desea algo para sí mismo... y está dispuesto a desafiar al destino para conseguirlo.

Pero Zea también es un misterio.

Su familia ha vivido escondiendo una verdad tan antigua como peligrosa. Un secreto que ha pasado de generación en generación con una única regla: jamás acercarse a un alfa... y bajo ninguna circunstancia, a un Rey.

NovelToon tiene autorización de Adriánex Avila para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 3 El Eco de una Mirada

El reloj de la sala de juntas marcaba las diez de la noche cuando Bruno, finalmente, pudo escapar. Había sido una jornada interminable. Reuniones con los consejeros territoriales, una videollamada con el Alfa de la manada del Norte para discutir los límites de caza, y una interminable sesión con los betas encargados de las finanzas que parecía no tener fin.

Pero su mente no había estado en ninguna de esas cosas.

No podía dejar de pensar en ella.

Cada vez que cerraba los ojos, veía su rostro. Esos ojos color miel que lo habían mirado con una mezcla de asombro y serenidad. Su cabello castaño claro con reflejos dorados, meciéndose suavemente con la brisa. Su voz, que había escuchado desde lejos, cálida y melodiosa como la miel, preguntándole a Azú si molestaba. ¿Molestar? Bruno casi se ríe en medio de la reunión, atrayendo miradas confusas de sus consejeros. Esa chica podría derribar mi reino entero con solo una sonrisa y yo se lo agradecería.

—¿Algo que te divierta, Alfa? —había preguntado su hermana Lyra, alzando una ceja con desconfianza.

Bruno había negado con la cabeza, su rostro volviendo a la expresión seria que lo caracterizaba. "Nada, continúa."

Pero su lobo interior no se calmaba. Durante toda la tarde, había sentido una inquietud constante, un tirón en el pecho que lo impulsaba a levantarse y salir corriendo al jardín, a buscar a esa omega de la que no sabía ni el nombre.

Los comentarios de los betas y gamas seguían retumbando en su cabeza como ecos venenosos. "Esa cachorrita sí que vale la pena…" El simple recuerdo hacía que su lobo gruñera de furia.

—Alfa, ¿estás bien? —preguntó Damián, su hermano menor, al verlo salir de la sala con el ceño fruncido y las manos apretadas en puños. —Pareces a punto de destrozar algo.

—Estoy bien —respondió Bruno, aunque su voz sonó más como un gruñido.

Damián, que conocía a su hermano como la palma de su mano, sonrió con picardía. "¿Seguro? Porque te he visto hoy. En el jardín. Cuando llegó Azú con su amiga."

Bruno se detuvo en seco. Su mirada se clavó en la de su hermano, y por un instante, el Alfa perdió su compostura. Damián se rió, alzando las manos en un gesto de paz.

—Tranquilo, hermano. No voy a decir nada. Pero… vaya, vaya, el Rey Alfa, el hombre que ha rechazado a las omegas más hermosas de la manada, el que nunca ha mostrado interés en nadie, está completamente embobado por una jovencita que ni siquiera conoce. Esto es material de leyendas.

—Cállate, Damián —gruñó Bruno, pero no había veneno en sus palabras. Solo un cansancio profundo, una confesión silenciosa.

—Solo te digo que… si te interesa, averigua quién es. Azú puede decírtelo. O mejor aún, puedes invitarla a cenar. Es lo que hace la gente normal.

—No soy normal —respondió Bruno, con un deje de amargura. —Soy el Rey Alfa. Y ella es una omega. No puedo simplemente… acercarme así como así. La asustaría. La manada hablaría. Y ella merece algo mejor que ser el centro de los chismes.

Damián lo miró con sorpresa. Nunca había visto a su hermano tan… vulnerable. Tan humano. Bruno siempre había sido el pilar de la familia, el líder inquebrantable. Verlo así, desconcertado por una chica, era fascinante y, al mismo tiempo, esperanzador.

—Entonces hazlo bien, hermano. Pero haz algo. Porque he visto cómo la miraste. Y nunca te había visto mirar a nadie así. Ni siquiera a tus propios territorios. —Damián le dio una palmada en el hombro y se fue, dejando a Bruno sumido en sus pensamientos.

El Rey Alfa se quedó solo en el pasillo vacío, la luz tenue de las lámparas de gas proyectando sombras bailarinas en las paredes de piedra. Cerró los ojos y volvió a verla. ¿Cómo iba a concentrarse en asuntos de la manada cuando su alma entera vibraba por ella?

Mientras tanto, en las afueras de la ciudad…

La casa de los padres de Zea era una pequeña joya pintoresca, enclavada en un barrio tranquilo de los suburbios. Tenía un jardín delantero lleno de flores silvestres, una fachada de madera pintada de blanco y azul, y un porche donde colgaban macetas con geranios. Era humilde, pero irradiaba calidez y amor en cada rincón.

Zea empujó la puerta de madera con una sonrisa, sintiendo el aroma familiar a hierbas y a hogar. Desde la cocina, llegaba el delicioso olor a pollo asado y a pan recién horneado.

—¡Mami, he llegado! —anunció, dejando su mochila junto a la entrada.

—¡Mi niña ha llegado! —exclamó Sabina, su madre, una omega de cabello castaño claro como el de Zea, pero con algunos mechones plateados que le daban un aire de sabiduría. Estaba en la cocina, acomodando la mesa con platos de cerámica pintada a mano. "Ven, hija, que la cena está casi lista."

—Mami, deja, yo te ayudo —dijo Zea, acercándose a la pila para lavarse las manos. —Me lavo y te ayudo con lo que sea.

—¡Mi hija hermosa! —la saludó su padre, Jairo, un omega de complexión delgada y sonrisa cálida, que en ese momento sacaba la bandeja del pollo del horno con guantes gruesos. Su rostro se iluminó al verla. —Ya salió el pollo. Ya sabes, a tu madre no se le da bien sacar cosas del horno, siempre se quema el brazo.

—¡Te estoy escuchando! —gritó Sabina desde la mesa, fingiendo indignación, aunque una sonrisa bailaba en sus labios. —Y te recuerdo que la última vez que tú intentaste sacar el asado, casi incendias la cocina.

—¡Eso fue una vez! —protestó Jairo, riéndose.

—Una vez es suficiente, mi amor —respondió Sabina, guiñándole un ojo a Zea.

Zea se rió a carcajadas, sintiendo el calor del hogar envolverla como una manta. Esos dos eran imposibles. Llevaban veinticinco años juntos, y aún se trataban como si estuvieran en su luna de miel. Zea siempre había admirado la relación de sus padres.

Ellos le habían enseñado que el amor verdadero, el de los omegas, podía ser tan poderoso como el de cualquier Alfa. Que la sumisión no era debilidad, sino una elección consciente y valiente.

Se sentaron a la mesa, y Zea sirvió una generosa porción de pollo para ella, con puré de papas y ensalada fresca.

—Fui a la casa real —dijo mientras comía con entusiasmo, sus mejillas sonrojadas por la emoción. —Mi compañera de trabajo en grupo es Azú, la sobrina del Rey Alfa. El lugar es… hermoso. No puedo describirlo. Jardines gigantes, fuentes, una mansión como de cuento…

Los ojos de sus padres se abrieron con sorpresa y, en el caso de Sabina, con un toque de preocupación.

—¿Viste al Rey Alfa? —preguntó su madre, dejando el tenedor en el plato.

Zea asintió, y un rubor más intenso tiñó sus mejillas. No podía evitarlo. Cada vez que pensaba en él, su corazón se aceleraba. "Sí… lo vi."

—¿Y cómo es? —inquirió Jairo, curioso.

Zea dudó por un instante. No quería preocupar a sus padres, pero tampoco podía mentirles. —Es… imponente. Muy autoritario y amenazante, la verdad. Tiene una presencia que te deja sin aliento. Es serio, no sonrió en ningún momento. Y tiene una mirada que parece atravesarte.

Pero en su mente, Zea añadió otra descripción, una que no se atrevía a decir en voz alta: Es muy guapo, fuerte, y parece muy protector. Tiene unos ojos grises como la tormenta, y cuando me miró… sentí que me veía por completo, como si me conociera desde siempre.

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Carola 🦋
Comenzando con esta historia q ya d principio pinta maravillosa 🥰
Concepcion Hernandez Alonso
me encanta este comienzo 👏👏👏
Ana Elena Jiménez
jajajaja jajajajajaja jajajaja jajajajajaja jajajaja
Ana Elena Jiménez
🤭🤭🤭🤭🤭
Ana Elena Jiménez
😮😮
Ana Elena Jiménez
🤭🤭🤭🤭🤭
Ana Elena Jiménez
😮😮😮🥺🥺🥺
Ana Elena Jiménez
🤭🤭🤭🤭🤭
Ana Elena Jiménez
sueña despierta
Ana Elena Jiménez
esperemos que así sea 🥰
Ana Elena Jiménez
🤭🤭Aja si tú así lo quieres creer 🤭🥰🥰🥰🥰
Ana Elena Jiménez
🤭🤭🤭🤭
Ana Elena Jiménez
🤭🤭🤭🤭😬😬
Ana Elena Jiménez
jajajaja jajajajajaja jajajaja
Ana Elena Jiménez
jajajaja jajajajajaja lyra si le das con algo así lo único que le vas a sacar es sangre mija 🤭🤭🤭
Ana Elena Jiménez
🥰🥰🥰🥰🥰🥰🥰🥰🥰🥰
Laura Ojeda
que linda historia... por lo menos la famiia del rey lo apoya
Ana Elena Jiménez
😬😬😬azu la estás embarrando más,🤭
Ana Elena Jiménez
🤭🤭🤭🤭 Dios mio 🤦
Ana Elena Jiménez
🤭🤭🤭🤭🤭
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