SIN SPOILER
NovelToon tiene autorización de Paula Mariana Jurado Ramirez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
MAMÁ
La lluvia golpeaba suavemente las ventanas de la torre aquella noche.
El viento recorría los enormes pasillos antiguos haciendo que algunas velas temblaran levemente.
Pero cerca de la chimenea principal…
todo se sentía cálido.
Seguro.
Luna estaba sentada sobre una manta gruesa rodeada de libros viejos y pequeños juguetes improvisados que Elena había hecho para ella con tela y madera.
La niña ya podía mantenerse sentada sola.
Y cada día parecía más curiosa.
Más despierta.
Sus ojos diferentes brillaban bajo la luz anaranjada del fuego mientras intentaba alcanzar una pequeña figura tallada en madera.
—No tan rápido, pequeña princesa —rio Elena acercándole el juguete.
Luna soltó una risita adorable.
Después levantó inmediatamente los brazos hacia la nodrisa.
Quería que la cargara.
Como siempre.
Elena sonrió con ternura y la tomó entre sus brazos.
La niña se acomodó rápidamente contra su pecho como si aquel lugar fuera el más seguro del mundo.
Y para ella…
lo era.
Porque Elena era todo lo que conocía.
La única voz constante en su vida.
La única persona que la abrazaba cuando lloraba.
La única que le cantaba por las noches.
La única que estaba allí cada mañana.
Luna jugó distraídamente con un mechón del cabello de la nodrisa.
Después levantó la mirada hacia ella.
Observándola atentamente.
Como si estuviera pensando algo muy importante.
Elena sonrió.
—¿Qué pasa?
La pequeña abrió ligeramente la boca.
Intentando formar palabras otra vez.
Últimamente hacía eso constantemente.
Le encantaba imitar sonidos.
—Lu… na… —repitió torpemente señalándose a sí misma.
La nodrisa abrió los ojos emocionada.
—¡Muy bien! ¡Ese es tu nombre!
Luna sonrió orgullosa.
Después llevó una pequeña mano hacia Elena.
Y dijo lentamente:
—Ma… má…
Elena quedó completamente inmóvil.
La niña volvió a sonreír.
—Mamá.
Aquella vez la palabra salió más clara.
Más segura.
Como si realmente entendiera lo que estaba diciendo.
La nodrisa sintió que el corazón se le rompía suavemente.
Porque Luna la estaba mirando con amor absoluto.
Con confianza total.
Como una hija mira a su madre.
La mujer tragó saliva intentando contener las lágrimas.
—No, pequeña…
Pero la niña solo rio feliz y volvió a abrazarla.
—Mamá.
Elena cerró lentamente los ojos.
Porque no podía corregirla.
¿Cómo hacerlo?
Luna jamás había conocido a Victoria.
Nunca había escuchado su voz.
Nunca había sentido sus brazos.
La reina ni siquiera recordaba que existía.
Así que para Luna…
Elena era su mamá.
La única que había estado allí.
La nodrisa abrazó suavemente a la niña contra su pecho.
Y aunque sabía que aquello estaba mal…
una parte de ella sintió felicidad.
Porque amaba a Luna.
Muchísimo más de lo que había imaginado posible.
—¿Qué voy a hacer contigo…? —susurró con ternura.
La pequeña bostezó suavemente apoyando la cabeza sobre el hombro de Elena.
Ya comenzaba a quedarse dormida.
La nodrisa acarició lentamente su cabello oscuro mientras la mecía cerca de la chimenea.
Y entonces observó los antiguos libros de hechicería acomodados en los enormes estantes de la torre.
A veces sentía miedo de aquel lugar.
De las cosas extrañas que ocurrían allí.
De las sombras que parecían moverse solas algunas noches.
Pero luego miraba a Luna…
y todo el miedo desaparecía.
Porque aquella niña había convertido una torre m@ld1t@ en un hogar.