En un valle oculto por la magia de las hadas, una loba blanca destinada a un matrimonio impuesto encuentra a un lobo negro moribundo cuyo olor despierta en ella la certeza de haber hallado a su verdadero amor. Juntos desafiarán a un tirano, unirán dos manadas separadas por siglos de mentiras y demostrarán que ni la distancia, ni la guerra, ni la muerte pueden contra el poder de los destinados por la Diosa Luna.
Una historia de amor imposible, magia ancestral, pasión y rebeldía que te hará creer en el destino.
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capitulo 23
Night yacía inmóvil entre las rocas.
Luna cayó a su lado con el corazón desbocado, con la luz plateada aún brillando débilmente en su piel. Lo abrazó, lo sacudió, le suplicó.
—No
susurró.
—No, no, no. Despierta. Por favor, despierta.
Night no respondía. Su pecho no se movía. Sus ojos dorados estaban cerrados.
—¡LUMA!
gritó Luna con desesperación.
— ¡LUMA, AYUDA!
La hada apareció al instante, pero negó con la cabeza.
—Es demasiado tarde. Su cuerpo no pudo soportar...
—¡NO!
el grito de Luna rompió la noche.
— ¡No puede ser demasiado tarde! ¡Yo lo salvé antes! ¡Le di mi sangre! ¡Puedo volver a hacerlo!
—Luna...
Luma intentó razonar con ella.
—¡CÁLLATE!
Sin pensarlo, sin dudarlo, Luna se mordió la muñeca y acercó la sangre a los labios de Night.
—Bebe
susurró.
— Bebe, mi amor. Bebe y vuelve a mí.
Nada.
—BEBE
suplicó, con las lágrimas cayendo sobre su rostro.
—Te lo ruego. No me dejes. No puedo vivir sin ti. No quiero vivir sin ti.
La sangre resbalaba por sus labios sin entrar. El cuerpo seguía frío. El corazón seguía callado.
Luna apoyó la frente contra la de él y cerró los ojos.
—Diosa Luna
oró en voz baja.
—Te he servido toda mi vida sin saberlo. Te he buscado en las historias de mi abuela. Te he sentido en cada latido de mi corazón. Y tú me trajiste hasta él. Tú hiciste que nos encontráramos. Tú nos uniste.
Las lágrimas seguían cayendo.
—No puedes separarnos ahora. No después de todo. No después de tanto. Por favor. Te lo pido. Devuélvemelo.
El silencio fue absoluto.
Y entonces, algo ocurrió.
La luna, allá arriba, brilló con una intensidad nunca vista. Un rayo de luz plateada descendió del cielo y envolvió los cuerpos de Luna y Night. Las hadas contuvieron el aliento. Los lobos se arrodillaron.
El cuerpo de Night comenzó a brillar.
—¿Qué... qué pasa?
preguntó la madre de Luna, asombrada.
—La Diosa Luna
susurró Luma, con los ojos brillantes de emoción.
—Está respondiendo a su llamada.
La luz se intensificó. Las heridas de Night comenzaron a cerrarse a una velocidad imposible. Su pecho se elevó en una respiración profunda. Sus ojos se abrieron.
Dorados. Brillantes. Vivos.
—Luna
susurró.
Ella lo abrazó con todas sus fuerzas, riendo y llorando al mismo tiempo.
—¡Night! ¡Night, mi amor, mi vida, mi todo!
—¿Qué pasó?
preguntó él, aturdido.
—Sentí... sentí que me iba... y luego oí tu voz... y una luz...
—La Diosa Luna
dijo Luma, acercándose.
— Escuchó la oración de tu loba. Y te devolvió la vida.
Night miró a Luna con una mezcla de asombro y amor infinito.
—¿Rezaste por mí?
—Siempre
respondió ella, secándose las lágrimas.
—Siempre rezo por ti.
Él sonrió, la sonrisa más hermosa que Luna había visto jamás.
—Te amo.
—Y yo a ti. Más que a mi propia vida.
Se besaron bajo la luz de la luna, con todos los lobos mirando, con las hadas brillando a su alrededor, con la certeza de que nada, absolutamente nada, podría separarlos nunca.
Detrás de ellos, el Alfa gris seguía de rodillas, derrotado.
Los lobos aliados habían rodeado el campamento, pero no atacaban. Esperaban órdenes.
—¿Qué hacemos con él?
preguntó el padre de Luna, señalando al prisionero.
Luna y Night se separaron lentamente y miraron al Alfa gris. Estaba vencido, humillado, pero en sus ojos rojos aún ardía un rescoldo de odio.
—Mátame
dijo con desafío.
—Total, eso es lo que ustedes, los lobos de la Luna, hacen con sus enemigos. Los matan.
Luna negó con la cabeza.
—No
dijo.
—No te mataremos.
El Alfa gris parpadeó, sorprendido.
—¿Qué?
—Si te matamos, seremos igual que tú. Igual que el Alfa Magnus. Igual que todos los que usan la violencia para imponer su voluntad.
Se acercó a él lentamente.
—Te dejaremos ir. A ti y a los tuyos. Pero con una condición.
—¿Cuál?
—Que difundas la verdad. Que cuentes lo que has visto aquí hoy. Que los lobos de la Luna han vuelto. Que los destinados existen. Que el amor verdadero es más fuerte que cualquier ejército.
El Alfa gris la miró fijamente, buscando el engaño, la trampa. Pero solo encontró sinceridad.
—Eres... diferente
dijo al fin.
—Lo sé
respondió Luna.
—Y espero que algún día tú también lo seas.
Se dio la vuelta y volvió junto a Night.
Los lobos grises fueron liberados. Poco a poco, en pequeños grupos, abandonaron el valle con la cabeza gacha y la cola entre las piernas.
Cuando el último desapareció en la noche, Luna sintió que el peso del mundo se le caía de los hombros.
—Lo logramos
susurró.
—Lo logramos
confirmó Night, abrazándola
— Juntos.
A su alrededor, los lobos blancos, negros y aliados comenzaron a aullar. Un aullido de victoria, de esperanza, de unión.
Las hadas bailaban en el aire, creando destellos de colores.
Y la luna, allá arriba, brillaba más que nunca.
Continuará...