Ella reencarna el personaje de una novela que leyó y decide cambiar su destino haciendo un pacto con él temible duque..
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Primera Noche
Cuando finalmente llegaron a la habitación, el duque abrió la puerta con un movimiento firme.
Entró primero.
Gia, por supuesto, detrás.
El silencio volvió a caer, pero esta vez era distinto.
Más íntimo.
Más… inevitable.
El duque exhaló pesadamente, como si cargara todo el día sobre los hombros. Luego se giró hacia ella, serio, marcando distancia con la mirada.
—Vaya a descansar a su habitación.
Directo.
Frío.
Final.
Gia lo miró.
Y por primera vez desde que había llegado a este mundo…
Frunció el ceño.
[…no]
—No.
La respuesta fue inmediata.
[¿no? me dijo que no a mi]
Sin suavizar.
Sin rodeos.
El duque entrecerró ligeramente los ojos.
—Hoy dormiré en la misma habitación con usted.
Ella levantó un poco el mentón.
—Y no me mire así, no lo obligaré a nada.
Su voz era tranquila.
Razonable.
Pero firme.
—Pero si duermo sola, todos se burlarán de mí.
Un segundo de silencio.
Y luego, con precisión..
—Y usted no quiere que se burlen de su esposa.
Los ojos del duque se endurecieron apenas.
—Porque prometió protegerme… y respetarme.
Ahí.
Justo ahí.
Sus palabras encontraron el punto exacto.
El duque apretó los puños.
Tensión contenida.
[…otra vez…]
Otra vez ella usando lógica.
Otra vez colocándolo en una posición donde negarse lo hacía… fallar a su propia palabra.
No dijo nada.
No discutió.
Solo se apartó ligeramente.
Dejando espacio.
Permitiéndole pasar.
Gia lo notó.
Y no dijo nada más.
Solo entró.
Natural.
Como si eso siempre hubiera sido así.
Mientras el duque se llevaba una mano a la sien, frotándola con frustración contenida.
[…paciencia… necesito paciencia…]
Mientras tanto…
Gia estaba mucho más tranquila.
Observó la habitación.
La cama.
El espacio.
[…bien… esto sí es nivel vida nueva premium…]
Luego lo vio.
El sofá.
Sus ojos brillaron un segundo.
[…plan…]
El duque, por su parte, ya estaba pensando.
[…dormiré ahí…]
Pero no alcanzó.
Porque Gia se adelantó.
Caminó hasta el sofá.
Se acomodó.
Y lo miró con una pequeña sonrisa.
—Dormiré aquí.. Usted es muy grande.
Natural.
Simple.
Irrefutable.
El duque se quedó en silencio.
[…¿qué…?]
Gia ya se estaba levantando de nuevo.
—No se preocupe.
Y sin darle tiempo a responder…
Se dirigió al baño.
Cerró la puerta.
El sonido del agua.
Movimientos suaves.
El duque permaneció de pie.
Quieto.
Procesando.
[…me quitó el sofá…]
Exhaló lentamente.
Se pasó la mano por el rostro.
[…esto no está funcionando…]
La puerta del baño se abrió.
Instintivamente…
Miró.
Pero fingió no hacerlo.
[…no mires…]
[…solo… no mires…]
Pero estaba atento.
Gia salió.
Ya sin el vestido.
Con un pijama sencillo.
Suelto.
Cómodo.
Sin adornos.
Sin la carga del evento.
Se quitó las joyas una a una.
Con calma.
Las dejó sobre la mesa.
Luego soltó su cabello.
Y el rubio cayó libre, suave, enmarcando su rostro de una forma completamente distinta.
Más natural.
Más… cercana.
El duque desvió la mirada.
Pero no del todo.
[…esto es…]
No terminó el pensamiento.
Gia no lo miró.
No buscó provocarlo.
Simplemente hizo lo suyo.
Se metió bajo una manta que habia sacado de la cama
Se acomodó.
Y, con total tranquilidad..
—Buenas noches, esposo.
Su voz fue suave.
Casi cálida.
Luego…
Se giró.
Dándole la espalda.
Y se quedó quieta.
El silencio volvió.
Pero esta vez…
Era distinto.
El duque se quedó de pie unos segundos más.
Mirándola.
Pensando.
[…¿qué clase de mujer…?]
No tenía respuesta.
Solo una certeza.
Nada de esto…
Iba a ser sencillo.
Al duque le costó dormir.
Demasiado.
Se recostó en la cama con rigidez, como si incluso el descanso fuera una tarea que debía ejecutar con disciplina. Sus ojos permanecieron abiertos más tiempo del que habría querido, fijos en el techo.
[…esto es absurdo…]
El día había sido largo.
Demasiado largo.
La boda.
La gente.
Ella.
Especialmente… ella.
Giró apenas la cabeza.
El sofá.
Gia dormía profundamente.
Completamente desarmada.
Sin la postura elegante.
Sin la sonrisa calculada.
Sin la energía inagotable.
Solo… dormida.
Su respiración era suave, constante. Un brazo caía hacia el borde del sofá, el cabello extendido como un halo dorado alrededor de su rostro.
[…al menos duerme…]
El duque cerró los ojos finalmente.
El cansancio ganó.
Y el sueño… llegó.
Pero no duró.
Algo lo despertó.
No fue un ruido fuerte.
Ni un golpe.
Fue… una sensación.
Calor.
Peso.
Frunció el ceño.
Abrió los ojos lentamente.
Y entonces…
Se quedó inmóvil.
Gia estaba en la cama.
No en el sofá.
En SU cama.
Y no solo eso..
Lo estaba abrazando.
Con brazos y piernas.
Como si fuera lo más natural del mundo.
Como si fuera… suyo.
[…¿qué…?]
Su mente tardó un segundo en reaccionar.
Luego dos.
Luego..
Intentó moverse.
Separarse.
Con cuidado, pero con intención clara.
Pero antes de lograrlo..
—Hace frío…
La voz de Gia salió baja.
Somnolienta.
Casi un murmullo.
Ni siquiera abrió los ojos.
Solo… se aferró un poco más.
Buscando calor.
El duque se quedó rígido.
[…ella]
Miró hacia abajo.
Ahí estaba.
Pegada a él.
Respirando tranquila.
Como si no hubiera nada extraño en la situación.
[…se subió a la cama…]
[…y me está abrazando…]
Su expresión se endureció.
[…desvergonzada…]
Recordó el beso.
Frente a todos.
Sin vergüenza.
Sin miedo.
Ahora esto.
[…esta mujer…]
Se tensó.
Intentó moverse otra vez.
Separarse.
Pero Gia… ya dormía profundamente.
Sin reacción.
Sin intención de soltarlo.
Solo… cómoda.
Demasiado cómoda.
Sus manos se cerraron levemente.
Frustración.
Irritación.
Confusión.
[…está loca…]
Pero por más que lo intentó…
No logró apartarla sin hacer un movimiento brusco.
Y algo…
Algo en él…
No quiso hacerlo.
Se quedó ahí.
Rígido.
Con ella abrazándolo.
Con su respiración cálida cerca.
Con ese contacto que no entendía… ni sabía cómo manejar.
[…esto es ridículo…]
Pero no se movió más.
La noche avanzó.
Y el duque Morozov…
Se quedó despierto un buen rato más.
Pensando…
Que la mujer con la que se había casado…
No solo era impredecible.
Sino también…
Un problema completamente nuevo.