Mei es una chica a la que le encantan las novelas de época antigua. La cuál reencarna en la novela, la flor negra; como la exesposa del villano. Ella creía saber el final de esa historia, pero se dará cuenta que no todo final está escrito.
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Capítulo 3: Antes del cambio
— Qué tipo tan egocéntrico — pensó Mei.
— Le pido con todo respeto, duque, que toque antes de entrar a mis aposentos — dijo Aurelia con frialdad.
— Tú claramente... — Damián no terminó la frase, interrumpido.
— Por favor, tranquilícense — intervino el doctor, preocupado de que la situación se saliera de control.
Pero eso solo lo empeoró...
— ¡Basta! ¡Fuera todos de aquí! — gritó Aurelia, perdiendo la paciencia.
El doctor y la sirvienta salieron de inmediato.
Damián permaneció unos segundos en silencio.
— En una semana habrá una gala — dijo finalmente—. Asegúrate de estar recuperada.
Esas fueron sus últimas palabras, antes de salir de la habitación.
Mei se recostó en la cama, suspirando. No sabía cómo actuar en esa situación. Estaba sola en un mundo desconocido, en un cuerpo que no le pertenecía. Sabía que tarde o temprano tenía que tomar una decisión. No podía quedarse todo el día en cama intentando asimilar todo.
Tenía que adaptarse.
Habían pasado tres días desde que Mei despertó en ese cuerpo.
Poco a poco, la mansión había dejado de sentirse completamente extraña, aunque aún había momentos en los que recordaba que no pertenecía a ese mundo.
Y lo más importante… faltaban solo cuatro días para la gala.
Ese día, Mei se encontraba en lo que parecía ser su oficina.
Una sala amplia, ordenada y silenciosa, con una gran mesa de madera llena de documentos del ducado.
No eran asuntos demasiado complejos. El duque le había asignado tareas simples, lo suficientemente básicas como para no causar problemas… pero suficientes para obligarla a adaptarse a la vida de una noble.
Mei observaba los documentos con atención. Al principio no todo tenía sentido, pero se obligaba a concentrarse.
Si iba a sobrevivir como Aurelia, no podía quedarse quieta. Tenía que aprender.
Mei caminaba por los pasillos de la mansión sosteniendo varios documentos que le había entregado el secretario del duque.
Recordó las palabras de Damián: si tenía dudas, debía acudir a su secretario, ya que él estaría demasiado ocupado con sus propios asuntos.
Mei bajó la mirada hacia los documentos.
No le quedaba otra opción. Tenía que ir a verlo.
Llegó a la oficina del secretario de Damián. Él era un hombre joven, serio y elegante, pero bastante inteligente. Tenía un carácter amable, a pesar de todo lo que había hecho la verdadera Aurelia, y nunca le guardó rencor.
— Señor Cedric, ¿puedo pasar? —
Adelante, duquesa — respondió Cedric desde el interior.
Mei entró a la oficina. Era la primera vez que entraba allí. El lugar era elegante, ordenado y reflejaba perfectamente la personalidad de su dueño.
Dejó los documentos sobre la mesa con cuidado.
— No entiendo del todo esto… — admitió, frunciendo ligeramente el ceño —. Parece un registro de gastos, pero hay demasiadas categorías.
Cedric tomó los papeles con calma y revisó la primera hoja.
— Es correcto. Son informes de administración del ducado — explicó —. En concreto, gastos mensuales, mantenimiento de propiedades y distribución de recursos.
Mei parpadeó, intentando procesar la información.
— ¿Distribución de recursos…?
— Alimentos, suministros, personal, impuestos internos — respondió él sin levantar demasiado la vista del papel —. Todo lo necesario para el funcionamiento del territorio.
Mei bajó la mirada nuevamente.
— Es más complejo de lo que pensé…
Cedric cerró el informe y los alineó perfectamente.
— Por eso se le han entregado estos primero — dijo—. Son de dificultad intermedia. No requieren conocimientos avanzados, pero sí atención a los detalles.
Mei apretó un poco los labios.
— Intermedia….
Cedric la observó un segundo.
— Ni demasiado simples ni demasiado complejos — aclaró —. Lo suficiente para que empiece a familiarizarse con la administración del ducado.
Mei respiró hondo.
— Entonces… esto es lo que hace una duquesa todos los días.
Cedric no respondió de inmediato. Solo asintió con calma.
— Parte de ello, sí.
Ya era de noche y Mei seguía terminando los papeles que le había dado cedric, estaba agotada, pero sabía que no podía rendirse y menos ahora que la gala se acercaba. Tenía que actuar como una verdadera noble, una que no se dejará pisotear por nada ni por nadie.