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La Prisionera Del Comandante Declan

La Prisionera Del Comandante Declan

Status: Terminada
Genre:Esclava / Sirvienta / Ascenso de clase social / Dominación / Amor tras matrimonio / Completas
Popularitas:8.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Gianna Viteri (gilover28)

En Vaelkoria, el aire huele a pólvora y traición. Declan es el puño de hierro del imperio, un hombre que no conoce la duda. Pero cuando captura a Navira en las fronteras de Sundergard, descubre que hay incendios que ni siquiera el acero más frío puede apagar. Ella es su prisionera, pero él es quien está perdiendo la libertad.

NovelToon tiene autorización de Gianna Viteri (gilover28) para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 12

Declan

El dolor en mi hombro era un recordatorio palpitante de que los barones del norte son tan traicioneros como el hielo de Vaelkoria, pero ese dolor no era nada comparado con el placer de ver a Navira perder los estribos por mí.

Me desperté cuando los primeros rayos de un sol gris se filtraban por los ventanales de la Ciudadela. Intenté moverme, pero un pinchazo agudo en el costado me obligó a soltar un gruñido. Al girar la cabeza, la vi. Estaba dormida en una silla junto a mi lecho, con la cabeza apoyada en el borde de la cama. Sus manos, esas manos que ayer me cosieron con una urgencia que me hizo arder el alma, todavía rozaban mis dedos.

Me quedé inmóvil, observándola. Sin su armadura de odio, Navira parecía casi frágil, una llama tranquila en medio del invierno. Pero yo sabía mejor. Sabía que en cuanto abriera esos ojos color tormenta, volvería a ser la fiera que me llamaba "hijo de puta" mientras me salvaba la vida.

Sentí el roce de unas pisadas suaves. Elara y Mila, las doncellas, entraron con bandejas de agua y ungüentos. Al verme despierto, abrieron los ojos de par en par, pero les hice una señal de silencio con el dedo. Quería disfrutar este momento un poco más.

Navira se removió. Sus pestañas vibraron y, finalmente, me miró. En el primer segundo, vi una preocupación pura, cristalina, que me hizo querer arrastrarla bajo las sábanas y no soltarla nunca. Pero entonces, la conciencia regresó a ella. Se irguió de golpe, recuperando su máscara de frialdad.

—Vaya, el animal sigue vivo —dijo, aunque su voz aún tenía el rastro del sueño—. Una pena. Ya estaba pensando en qué vestido ponerme para tu funeral.

—Buenos días para ti también, nena —solté una risita que terminó en una mueca de dolor, exagerándola un poco para ver su reacción—. Ay… creo que se me ha abierto un punto. Me duele horrores.

Navira se inclinó sobre mí de inmediato, con el rostro contraído por la ansiedad.

—¿Dónde? ¡Te dije que no te movieras! Eres un imbécil testarudo, Declan. Déjame ver.

Empezó a desatar las vendas con dedos frenéticos. Yo suspiré con un dramatismo que habría envidiado cualquier actor de teatro de la capital.

—Es el corazón, Navira. El dolor de saber que me odias tanto me está matando más rápido que la daga del barón —dije, poniendo mi mano sana sobre la suya—. Me dejas aquí, herido, abandonado… después de todo lo que he hecho por ti.

Ella se detuvo y me miró entrecerrando los ojos.

—¿Abandonado? He pasado la noche en una silla de madera incómoda vigilando que no te fueras al infierno antes de tiempo. No intentes manipularme, Declan.

—Es que tengo mucho frío… —continué con voz lánguida, frotando mi brazo—. Dicen que el calor humano es la mejor medicina para un soldado herido. Pero supongo que prefieres verme temblar. Me rompes el corazón, de verdad.

Navira bufó, pero no se alejó. Sus mejillas empezaron a teñirse de ese rosa que tanto me encantaba.

—Eres un manipulador asqueroso. Toma, bebe esto —me puso una taza de caldo caliente en los labios.

Bebí un sorbo, sin dejar de mirarla fijamente.

—¿Sabes qué me ayudaría a recuperarme del todo? Un incentivo visual.

—¿Un qué? —preguntó ella, sospechando la trampa.

—Ayer, cuando entré sin avisar… fue un momento muy breve. Un destello de gloria entre tanta sangre —sonreí con malicia, bajando la voz mientras notaba cómo las doncellas en la esquina de la habitación aguzaban el oído—. ¿Me dejas verte los pechos otra vez, Navira? Solo para asegurarme de que mi corazón sigue latiendo con fuerza. Es por prescripción médica, te lo juro.

El silencio que siguió fue glorioso. Elara soltó un bufido de risa que intentó convertir en una tos, y Mila se tapó la cara con el delantal para no estallar. Navira, por su parte, pasó del rosa al rojo volcánico en menos de un segundo.

—¡Eres un… eres un cerdo integral! —gritó, levantándose de la silla con tanta fuerza que casi la vuelca—. ¡Te estás muriendo y solo piensas en perversiones! ¡Ojalá se te infecte la herida por imbécil!

—Es por mi salud, nena. La vitamina "N" de Navira es lo único que me mantendrá en pie ante el Consejo —le guiñé un ojo, disfrutando de cómo su pecho subía y bajaba por la rabia—. No seas cruel con un hombre herido. ¿Acaso quieres que muera de tristeza?

—¡Quiero que te mueras de un infarto por la impresión si vuelvo a decirte algo bonito! —exclamó ella, dándose la vuelta para salir de la habitación—. Me voy antes de que te mate yo misma por imbécil. ¡Elara, Mila, si este animal intenta levantarse, clavadle un tenedor en la otra pierna!

—¡No te vayas, mi amor! —le grité mientras cruzaba el umbral—. ¡Mis pechos favoritos se alejan de mí!

La puerta se cerró con un estruendo que hizo vibrar las lámparas. Me quedé solo con las doncellas, que ya no disimulaban las carcajadas. Elara se acercó para cambiar el agua, todavía riendo.

—Señor… va a terminar logrando que ella lo asesine de verdad —dijo Mila, secándose las lágrimas de la risa.

—Valdrá la pena —respondí, apoyando la cabeza en la almohada con una sonrisa de satisfacción absoluta. Me dolía el hombro, me dolía el costado y probablemente el Consejo me pediría la cabeza por la tarde, pero me sentía mejor que nunca—. ¿Habéis visto cómo se ha puesto? Está loca por mí, aunque prefiera prenderse fuego antes de admitirlo.

—Lo tiene a sus pies, señor —comentó Elara—. Y lo peor es que a usted parece encantarle estar ahí.

—Me fascina, Elara. Me fascina —susurré, cerrando los ojos.

Navira creía que se había ido molesta, pero yo sabía que ese enojo era su única defensa contra el hecho de que había pasado toda la noche cuidándome. Su furia era el escudo de un corazón que ya me pertenecía, aunque ella aún no tuviera el valor de reclamar el mío a cambio.

Mañana volvería a molestarla. Pasado mañana volvería a pedirle que se quitara la camisa. Y algún día, muy pronto, ya no tendría que pedirlo. Porque en la guerra de Vaelkoria, yo podía haber ganado batallas con acero, pero esta guerra con Navira la iba a ganar con una persistencia que la volvería loca.

—"Mi amor" —repetí para mis adentros, saboreando las palabras—. Sí, nena. Prepárate, porque el Comandante tiene mucha imaginación y muchas ganas de seguir provocándote.

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Silvana Beatriz Velazquez
maravillosa historia 😍. Solo me hubiera gustado un extra con el nacimiento del bebé y unos años después mostrando su carácter.
Elsa Martinez Gonzalez
MAGNÍFICA
Paola Cordero
Jajajjaja y jajajjajajajjaja como todo hombre super exagerado jajajajajajsjajsjjs
karla yustiz garcia
🤣🤣🤣🤣 la vitamina N
Olinda Bernales Bertolotto
Siempre lindo... nunca decepciona leer tus libros.
Gracias por compartir tu talento... 🙂😊🤗😄
Sharon Mendoza
precioso
Sharon Mendoza
precioso
karla yustiz garcia
se lee tan buena 👏👏
karla yustiz garcia
será que hay fotos de ellos 🤔
karla yustiz garcia
a mi también 🤭
karla yustiz garcia
me encanta 😍😍
karla yustiz garcia
😍😍 que bello
Viviana Lopez
Espléndido
Irene Covarrubias
creo que fue muy sutil 🤣🤣
Rosa Villena
Bellísima historia, me encantó, gracias, gracias ❤️🥰
Elilu 🇲🇽
jajaja no pues viéndolo por ese lado Declan tiene razón es un gran avance en la relación de peros y gatos que se traen ustedes dos.
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