TEMPORADA 3 Y FINAL DE LA NOVELA "LA VIDA CON HOMBRES BESTIAS ES MUY CANDENTE".
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CAPÍTULO 5
Cassian se inclinó hacia adelante.
Entrelazó sus manos con calma, apoyándolas frente a él, sin apartar su mirada de mí.
—Aelina… dime la verdad.
Su voz fue baja.
—No viniste solo por la información… ¿verdad?
Me detuve justo cuando iba a dar otro sorbo a mi café con leche.
La taza quedó suspendida un instante en el aire…
antes de que la dejara nuevamente sobre la mesa.
Lo miré.
Y sonreí.
—Duque Cassian Bloodthorn… tan perceptivo como siempre.
Suspiré suavemente.
Luego crucé las piernas y me incliné ligeramente hacia él.
—En realidad…
Hice una pequeña pausa.
—Vine para formar un contrato contigo.
—¿Un contrato…?
Repitió Cassian, entrecerrando sus ojos grises.
La sospecha volvió a asomar en su mirada.
—Quiero que me ayudes a entrar al palacio real —dije con seriedad.
—Eso suena más realista… Si lo único que quisieras fuera información, me la pedirías directamente. —dijo Cassian—
Sin embargo…
El ambiente cambió de inmediato.
—Aelina… incluso yo no puedo ocultar el aroma de tu sangre humana.
Su tono fue firme.
Realista.
—En ese caso…
Lo miré directamente a los ojos.
—Conviérteme en vampira.
El silencio fue inmediato.
Luego…
Cassian soltó una ligera risa.
Baja.
Incrédula.
—Lo que me pides… no lo haré.
Parpadeé.
La sorpresa cruzó mi rostro.
—¿Por qué?
Fruncí ligeramente el ceño.
—Solo debes convertirme en vampira.
—Es simple.
Entonces su expresión cambió.
La calidez momentánea desapareció por completo.
Volvió esa frialdad aristocrática.
Distante.
Peligrosa.
Tomó la copa de vino.
El líquido oscuro se movió lentamente mientras la giraba entre sus dedos.
Luego alzó la mirada.
Y me miró directamente a los ojos.
—¿Acaso… Aelina…
Hizo una pausa.
Su voz bajó.
—Quieres convertirte en mi esposa?
El aire se volvió pesado.
Denso.
—¿Tu esposa?… ¿Eso qué tiene que ver? —pregunté, confundida.
Sus palabras me habían tomado completamente por sorpresa.
Cassian no apartó la mirada.
—Aelina… ya no estamos en nuestro mundo original.
Hizo una pausa breve.
—Ahora… convertir a alguien en vampiro se ha convertido en un vínculo absoluto.
Sus ojos brillaron tenuemente.
—Un vínculo que une a dos seres como pareja.
Mi mente se quedó en blanco por un instante.
—¿Qué…? ¿Cómo es posible…? —murmuré en voz baja.
—Sabes bien las consecuencias de romper ese vínculo.
Su voz se volvió más grave.
—No puedo tomarlo a la ligera.
Bajé la mirada unos segundos.
Lo entendía.
Mi propuesta…
era completamente desfavorable para él.
Pero entonces—
—…Sin embargo…
Volví a levantar la vista.
—Podría considerarlo.
Sus palabras me hicieron tensarme.
Me miraba directamente a los ojos.
De una forma calculadora.
Fría.
Pero no del todo distante.
—Si estás dispuesta a cumplir mis condiciones.
Sostuve su mirada.
Sin retroceder.
—¿Cuáles son las condiciones?
Cassian no dudó.
—Primero… no romperás el vínculo.
Su voz fue firme.
—Durará toda la eternidad.
Asentí sin vacilar.
—Cuenta con ello.
Una leve pausa.
Entonces habló de nuevo.
—Y lo más importante…
Se inclinó ligeramente hacia adelante.
—Cumplirás tus deberes como esposa.
Parpadeé.
—Está bien… cumpliré con los deberes de la casa como duquesa—
—Te estás equivocando, Aelina.
Me interrumpió.
Una sonrisa apenas visible apareció en sus labios.
Había un matiz… burlón.
—Cuando hablo de deberes como esposa…
Bebió con calma de la copa.
Su garganta se movió lentamente al tragar.
Luego me miró.
Directo.
Sin rodeos.
—Me refiero a que me darás hijos.
El mundo pareció detenerse.
Tragué saliva.
Mi mente quedó en blanco.
No por rechazo.
No por miedo.
Sino porque…
jamás imaginé que Cassian pondría esa condición.
Y en ese momento…
vi algo en él.
Ya no era solo el duque leal.
Ni el guerrero frío.
Ni el sirviente devoto.
Era un hombre.
Uno que me miraba de una forma completamente distinta.
Intensa.
Profunda.
Como si ya hubiera tomado una decisión…
y solo esperara la mía.
Antes de que pudiera siquiera procesarlo…
Cassian se levantó.
Dejó la copa sobre la mesa con un sonido suave.
Seco.
Definitivo.
—Te daré tres días… para que lo consideres.
Su voz no admitía discusión.
Me levanté de golpe al verlo alejarse.
—Cassian, yo—
Pero no terminé la frase.
Las puertas se abrieron solas ante él.
Se detuvo apenas en el umbral.
Sin voltearse.
—No te preocupes por el alojamiento.
Hizo una breve pausa.
—Te tratarán bien.
Quise decir algo más.
Detenerlo.
Preguntar.
Negociar.
Pero…
no pude.
Las palabras no salieron.
Solo asentí ligeramente.
En silencio.
En una forma muda de agradecimiento.
Cassian salió del despacho.
Y las puertas se cerraron tras él.
El sonido retumbó en la habitación…
dejándome sola.
Un instante después, los sirvientes entraron.
En silencio.
Como siempre.
—Mi señora —dijo uno de ellos inclinando la cabeza—. Por favor, síganos.
No discutí.
No tenía sentido.
Caminé tras ellos por los largos pasillos del castillo.
Mi mente aún atrapada en sus palabras.
Tres días.
Tres días para decidir…
Si tendría hijos con él.
Si…
me ataba a Cassian para siempre.
Nos detuvimos frente a una gran puerta.
La abrieron.
La habitación era amplia.
Elegante.
Con una gran cama, cortinas oscuras y una ventana que dejaba entrar la luz de la luna.
Un lugar digno de alguien importante.
—Esta será su habitación, mi señora.
Asentí.
Los sirvientes hicieron una reverencia y se retiraron.
Las puertas se cerraron.
Y el silencio volvió.
Me quedé de pie en medio de la habitación.
Sola.
Mirando la luz de la luna entrar por la ventana.
—Tres días… —murmuré.
Llevé una mano a mi pecho.
Mi corazón latía con fuerza.
No por miedo.
Sino por algo más complejo.
Algo que no esperaba sentir por otro hombre que no fueran mis esposos.
Cerré los ojos lentamente.
—Cassian…
Su nombre escapó en un susurro.
Pero entonces, aparté esos pensamientos.
Mi mente cambió de enfoque.
Llevé mi pulgar a mi anillo.
Un leve destello.
Y de él salieron Fenrael y Naevira en sus formas de cachorros.
Apenas tocaron el suelo…
corrieron hacia mí.
Saltaron sobre mi cuerpo, moviendo sus pequeñas colas con emoción.
Una risa suave escapó de mis labios.
—Vamos… es hora de dormir.
Me recosté en la cama.
Ellos se acurrucaron a mi lado.
Pequeños.
Cálidos.
Aferrándose a mí como si temieran separarse.
Los abracé suavemente.
El peso de todo…
la decisión…
el pasado…
quedó por un momento en segundo plano.
Cerré los ojos.
Sintiendo sus respiraciones tranquilas.
Y así…
envuelta en silencio, dudas… y un futuro incierto…
terminó esa noche.