Una noche.
Un error que no recuerdo.
Y ahora… estoy embarazada.
No sé quién es el padre.
Pero él sí sabe quién soy yo...
Espero te guste.📌💢
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CAPÍTULO 10
Aylin volvió al trabajo.
No completamente recuperada.
Pero lo suficiente como para no levantar sospechas.
O al menos… eso creía.
La mañana empezó tranquila.
Demasiado tranquila.
Y eso, de alguna forma, la ponía más nerviosa.
Se sentó en su escritorio, encendió el computador y trató de concentrarse en los documentos frente a ella.
Números.
Correos.
Archivos.
Todo normal.
Pero su mente…
no.
Cada cierto tiempo, su mano iba sola a su vientre.
Como si necesitara comprobar que todo seguía ahí.
Como si aún no terminara de creérselo.
Seis semanas.
—Aylin.
Su nombre.
Esa voz.
Le recorrió el cuerpo antes de que siquiera levantara la mirada.
Kael.
—El informe.
Simple.
Directo.
Ella asintió rápidamente.
—Ya casi lo termino.
—Cinco minutos.
Y se fue.
Pero el aire…
se quedó distinto.
Cinco minutos después, Aylin estaba frente a la puerta de su oficina.
Respiró hondo.
Tocó.
—Pasa.
Entró.
Kael estaba de pie esta vez, junto al ventanal.
La luz entrando por detrás lo hacía ver aún más… imponente.
—Aquí está —dijo ella, extendiendo el documento.
Él lo tomó, pero no lo revisó de inmediato.
Primero…
la miró.
De arriba abajo.
Lento.
Demasiado.
Aylin sintió un pequeño calor subirle por el cuello.
—¿Te sientes mejor?
La pregunta la tomó por sorpresa.
—Sí.
—No parece.
Otra vez eso.
Aylin frunció levemente el ceño.
—Estoy bien.
Kael dio un paso más cerca.
—No me gusta repetir las cosas.
—Entonces no lo hagas.
Silencio.
Un segundo.
Dos.
Y entonces…
esa leve sonrisa.
Peligrosa.
—Sigues igual.
Aylin lo miró sin entender.
—¿Igual cómo?
Kael inclinó un poco la cabeza.
Como si evaluara si decirlo o no.
—Impulsiva.
El corazón de Aylin dio un golpe fuerte.
—No me conoces.
—Más de lo que crees.
El aire cambió.
Otra vez.
Y fue ahí cuando pasó.
Un instante.
Un segundo.
Pero suficiente.
Un recuerdo.
Rápido.
Confuso.
Pero más claro que antes.
Una pared.
Su espalda contra ella.
Unas manos sujetando su cintura.
Firme.
Cálido.
Muy real.
Aylin parpadeó.
Fuerte.
—…
Su respiración se cortó un segundo.
Kael la observó.
Atento.
—¿Qué pasa?
—Nada.
Demasiado rápido.
Demasiado obvio.
Kael no insistió.
Pero no apartó la mirada.
—Puedes retirarte.
Aylin asintió.
Pero al girarse—
—Aylin.
Se detuvo.
—Sí.
Silencio.
Y luego—
—Ten más cuidado.
—¿Con qué?
—Con lo que recuerdas… y lo que no.
El corazón le latió más fuerte.
—No sé de qué hablas.
—Claro que sí.
Su voz bajó apenas.
Más cercana.
Más íntima.
—Solo que aún no quieres aceptarlo.
Aylin apretó los labios.
No respondió.
Y salió.
El resto del día fue peor.
Porque ahora…
no podía dejar de pensar en eso.
Ese recuerdo.
Esa sensación.
Sus manos.
Demasiado claras.
Demasiado reales.
—No puede ser…
murmuró mientras caminaba hacia el baño.
Se apoyó en el lavamanos, mirando su reflejo.
—No…
Cerró los ojos.
Pero fue peor.
Porque ahora vinieron más.
Fragmentos.
Su respiración.
El calor de su cuerpo.
Su voz cerca.
Muy cerca.
Aylin abrió los ojos de golpe.
—Basta…
Sus mejillas estaban rojas.
Su respiración irregular.
—¿Qué me está pasando?
Esa tarde, apenas terminó su jornada, salió rápido.
Necesitaba aire.
Distancia.
Pensar.
Pero no llegó muy lejos.
—Te vas sin despedirte.
Se detuvo.
Claro.
Kael.
Otra vez.
—Ya terminé mi horario.
—Eso no responde mi pregunta.
Aylin giró lentamente.
—No sabía que tenía que hacerlo.
Kael se acercó.
Sin prisa.
Pero sin detenerse.
—No tienes que hacerlo.
Se detuvo frente a ella.
Cerca.
Otra vez demasiado cerca.
—Pero podrías.
El corazón de Aylin empezó a acelerarse.
—No veo por qué.
—Yo sí.
Silencio.
Tenso.
Cargado.
Y entonces—
—Porque te afecta.
Aylin frunció el ceño.
—¿Qué cosa?
Kael bajó ligeramente la voz.
—Estar cerca de mí.
El aire se volvió pesado.
—Eso no es cierto.
Pero su voz…
no sonó firme.
Kael lo notó.
Claro que lo notó.
Y esta vez…
no se alejó.
—Entonces mírame.
Aylin dudó.
Pero lo hizo.
Error.
Porque en cuanto sus ojos se encontraron…
todo volvió.
El pasillo.
El roce.
El calor.
Ese mismo maldito calor.
Su respiración se volvió irregular.
—No…
susurró apenas.
Kael la observó.
Atento.
Como si estuviera esperando exactamente eso.
—¿Qué recordaste?
Aylin negó de inmediato.
—Nada.
Mentira.
—Aylin.
Su nombre en su voz…
sonó distinto.
Más bajo.
Más cercano.
—No me mientas.
El corazón le latía demasiado rápido.
—No te estoy mintiendo.
Pero esta vez…
ni ella misma se creyó.
Kael la miró unos segundos más.
Y luego—
dio un paso atrás.
—Vete.
Aylin parpadeó.
Confundida.
—¿Qué?
—Vete a casa.
Su tono volvió a ser frío.
Controlado.
Como si nada hubiera pasado.
Y eso…
la desconcertó más.
—…
Aylin no dijo nada más.
Solo se giró…
y se fue.
Pero esa noche…
no pudo dormir.
Porque cada vez que cerraba los ojos…
lo veía.
Lo sentía.
Demasiado cerca.
Demasiado real.
Su mano volvió a su vientre.
Instintivo.
Inconsciente.
—¿Qué hicimos…?
susurró.
Y esta vez…
no fue miedo lo que sintió.
Fue algo mucho más peligroso.