Alina siempre creyó que su matrimonio era solo un contrato frío con el hombre más poderoso de la ciudad. Durante tres años vivió ignorada por su esposo, el misterioso empresario Adrián Valek.
La noche en que decide firmar el divorcio, un atentado cambia todo.
Adrián pierde la memoria… y lo único que recuerda es que Alina es la persona más importante de su vida.
Mientras él intenta enamorarla otra vez, enemigos ocultos del imperio empresarial de Adrián comienzan a atacar.
Pero hay un secreto que nadie conoce:
Alina no es una mujer común… ella lleva años investigando quién intentó destruir su vida.
Y ahora que Adrián cambió…
tal vez el amor que nunca existió pueda nacer de verdad.
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La casa segura de Victor.
El amanecer rompía sobre la ciudad, pero la mansión Valek estaba lejos de sentir paz. Adrián y Lucas revisaban mapas, documentos y mensajes cifrados en busca de pistas sobre Victor. Cada detalle contaba: cada ubicación sospechosa, cada aliado traidor.
—Tenemos que encontrarlo antes de que desaparezca otra vez —dijo Adrián, con el ceño fruncido y la mandíbula tensa.
—Si se entera de que lo estamos buscando —respondió Lucas—, podría moverse antes de que podamos atraparlo.
Tras días de rastreo, finalmente detectaron un patrón: Victor estaba escondido en una mansión remota, rodeada de guardias altamente entrenados y sistemas de seguridad sofisticados. No sería fácil.
—Necesitaremos refuerzos —dijo Adrián—. Esta vez no podemos improvisar.
—Yo puedo reunir a nuestros hombres más confiables —respondió Lucas—. Pero debemos ser rápidos y precisos.
Horas después, un grupo de soldados y aliados leales a Adrián se reunió en las afueras de la propiedad. Estrategias, posiciones y armas se distribuyeron con cuidado. Alina se unió al grupo, no como espectadora, sino como parte activa: su inteligencia y valor podían marcar la diferencia.
—No subestimen a Victor —advirtió Adrián—. Está planeando algo, y esta será una guerra sin cuartel.
Al caer la noche, avanzaron hacia la mansión. Silencio absoluto. Cada sombra, cada movimiento, podía ser una amenaza. Adrián hizo una señal, y los equipos comenzaron su avance.
En el interior, Victor estaba preparado. Sus guardias bloqueaban todas las entradas, y la mansión parecía un laberinto de trampas. Pero Adrián y su equipo no se detuvieron. Cada puerta, cada pasillo, cada sala fue tomada con precisión, mientras Lucas hackeaba sistemas de seguridad y Alina coordinaba movimientos desde el interior.
De pronto, un primer enfrentamiento estalló: los hombres de Adrián se enfrentaron a los guardias de Victor en el salón principal. Disparos, golpes y gritos llenaron el aire. La tensión era insoportable, pero Adrián y Alina se mantenían juntos, protegiéndose mutuamente mientras lideraban la ofensiva.
—¡Alina, detrás de ti! —gritó Adrián, empujándola justo a tiempo cuando un guardia lanzaba una explosión cercana.
—¡Gracias! —dijo ella, respirando con dificultad pero determinada a seguir luchando.
Mientras la batalla se extendía, Adrián y Lucas lograron abrirse paso hasta la oficina principal, donde Victor los esperaba, con una sonrisa arrogante en el rostro.
—Pensaron que podían atraparme —dijo Victor, con frialdad—. Esto solo es un juego para mí.
Adrián se lanzó hacia él, esquivando ataques y bloqueando golpes. Alina entró a la oficina, cubriendo su flanco y manteniendo a Victor bajo presión. Cada movimiento era calculado, cada segundo contaba.
—Nunca permitiré que lastimes a mi familia —dijo Adrián, con voz firme—. Esta vez, esto termina.
Victor retrocedió unos pasos, evaluando la situación. No esperaba tanta fuerza ni coordinación. La mansión se convirtió en un campo de batalla, con explosiones de tensión, estrategias y emociones extremas.
En medio de la lucha, Adrián tomó la mano de Alina un instante, transmitiéndole fuerza y confianza. Ella lo miró con intensidad, sabiendo que su amor era su mayor escudo.
La guerrilla comenzó en serio: varios de los enemigos cayeron por disparos certeros de los soldados de Adrián. Uno a uno, los guardias de Victor fueron derrotados, hasta que finalmente se rindieron.
Victor, acorralado, miró a Adrián con una sonrisa forzada. —Si me dejas ir… te diré quién es el hombre de las sombras.
Justo cuando estaban a punto de realizar el trato y Victor iba a revelar la verdad, un disparo resonó.
PUM.
Victor Valek cayó al suelo, mortalmente alcanzado por un francotirador invisible.
Todo indicaba que el hombre de las sombras lo había planeado meticulosamente.
Intentaron localizar al tirador, pero había desaparecido sin dejar rastro. Adrián y Alina se miraron, con miedo y sospecha en los ojos. El enemigo aún estaba allí, observando, esperando el momento perfecto para actuar.
—Esto… esto no termina aquí —susurró Adrián, apretando los puños—. Debemos descubrir quién es y detenerlo antes de que sea demasiado tarde.
Alina se aferró a él, temblando pero decidida. —Lo haremos… juntos.
La noche cayó sobre la mansión, pero la guerra apenas comenzaba.