Verónica creé tener una vida de ensueño; dueña de una empresa más importante de la cuidad, una fortuna inmensa y un bebé en camino. Pero de eso nada le sirvió al descubrir la infidelidad de su marido con su empleada. Después de sufrir una depresión, decidió acabar con su vida sin esperarse a que regresará antes de casarse con Andrés.
Se vengara de él con su peor enemigo. Un mafioso que tiene una obsesión con la protagonista.
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Capitulo 5: La víctima.
La noticia se había extendido más rápido de lo que cualquiera esperaba. A media mañana ya no era solo un problema familiar o un momento incómodo entre dos personas que habían cancelado una boda; se había convertido en el tema principal de conversación entre invitados, empresarios, conocidos de ambas familias y personas que apenas sabían quiénes eran Verónica Andrade y Andrés Balarezo pero disfrutaban repetir la historia.
La ceremonia nunca ocurrió.
El salón donde debía celebrarse la boda estaba lleno de invitados vestidos con elegancia que primero mostraron sorpresa, luego confusión y finalmente una curiosidad evidente cuando el personal comenzó a explicar que la ceremonia había sido cancelada.
Algunos se marcharon de inmediato; otros decidieron quedarse un poco más, como si esperaran presenciar algún tipo de explicación oficial.
Andrés estaba en el centro de todo.
Había pasado la última hora caminando de un lado a otro mientras hablaba con familiares, socios y conocidos. Su expresión parecía seria, incluso decepcionada, pero su mente estaba trabajando con rapidez.
—Lo siento mucho por las molestias —decía con un tono controlado—. Verónica está pasando por un momento complicado, decidió cancelar todo esta mañana.
Una mujer mayor lo miró con preocupación.
—¿Está enferma?
Andrés negó con suavidad.
—No exactamente. Solo... nervios.
Un hombre que conocía bien a Andrés frunció el ceño.
—¿Nervios el día de la boda? Eso suena extraño.
Andrés suspiró como si la situación lo agotara.
—No todos reaccionan igual ante la presión.
Su madre se acercó con expresión preocupada.
—Andrés, la familia de Verónica está preguntando qué ocurrió.
—Estoy tratando de manejarlo.
—Esto es una humillación pública.
Andrés apretó los labios con irritación contenida.
—Lo sé.
Mientras hablaban, varios teléfonos comenzaron a vibrar entre los invitados. Las redes sociales empezaban a llenarse de mensajes.
La noticia ya estaba circulando.
“Verónica Andrade cancela su boda el mismo día de la ceremonia”.
“Escándalo entre dos familias influyentes”.
“¿Qué ocurrió entre Verónica Andrade y Andrés Balarezo?”
Andrés vio algunos de esos mensajes cuando uno de sus socios le mostró el teléfono.
—Esto se está saliendo de control —dijo el hombre.
Andrés mantuvo la mirada fija en la pantalla unos segundos antes de devolver el teléfono.
—Las cosas se calmarán.
—¿Seguro?
—Claro.
Pero en realidad sabía que aquello no se calmaría si Verónica decidía hablar.
Y esa posibilidad lo molestaba más que la cancelación misma.
En ese momento su teléfono vibró.
Uno de sus asistentes hablaba con voz apresurada.
—Señor Balarezo, Verónica Andrade acaba de hacer una publicación.
El ceño de Andrés se frunció.
—¿Una publicación?
—Sí, señor.
—¿Sobre qué?
—Creo que debería verla usted mismo.
Andrés abrió la aplicación rápidamente.
La cuenta de Verónica había publicado un mensaje simple, directo, sin dramatismo.
“He decidido cancelar mi boda con Andrés Balarezo. Nuestra relación terminó porque descubrí aspectos de su comportamiento que no puedo aceptar. Les agradezco a quienes se preocuparon por nosotros.”
El mensaje no mencionaba detalles.
Pero dejaba claro que la decisión no había sido producto de nervios.
Andrés sintió una presión en el pecho.
—Maldita sea —murmuró.
Su madre lo miró.
—¿Qué pasó?
Andrés levantó el teléfono.
—Verónica acaba de publicar esto.
Ella leyó el mensaje con rapidez.
—Eso suena como si hubieras hecho algo.
—No hice nada.
—Entonces explícalo.
Andrés guardó el teléfono en el bolsillo.
—Lo haré.
Mientras tanto, en la casa de Verónica, el ambiente era completamente distinto.
Laura caminaba de un lado a otro por la sala mientras miraba su propio teléfono.
—No puedo creer lo que está pasando —dijo con nerviosismo—. Tu publicación ya tiene miles de comentarios.
Verónica estaba sentada en el sofá con una taza de café en la mano. Había cambiado el vestido de novia por ropa sencilla y parecía tranquila.
—Era previsible.
Laura levantó la vista.
—La mitad de los comentarios te apoyan, la otra mitad dice que debiste haber explicado mejor lo que ocurrió.
—Asi son las redes sociales. Apoyan a lo que más deseen.
—Andrés está hablando con la prensa.
Verónica bebió un pequeño sorbo de café.
—Siempre le ha gustado la atención.
Laura frunció el ceño.
—Dice que estabas nerviosa, que cancelaste todo de repente.
—Claro que diría eso. Para él soy la novia que terminó todo por nervios.
—Y hay personas que le creen.
Verónica dejó la taza sobre la mesa.
—Eso no me preocupa.
Laura se detuvo frente a ella.
—¿Cómo puedes estar tan tranquila?
—Porque ahora se del mal que me libre.
Laura cruzó los brazos.
—Explícate.
Verónica tomó su teléfono y abrió un video que acababa de aparecer en línea.
Era Andrés hablando frente a varios periodistas.
Su voz era calmada, incluso parecía sincera.
—Verónica y yo hemos tenido diferencias recientemente —decía—. Creo que la presión del momento fue demasiado para ella.
Un periodista levantó la mano.
—¿Está diciendo que ella canceló la boda por nervios?
Andrés asintió.
—Eso parece.
—¿Intentará reconciliarse con ella?
Andrés hizo una pausa calculada.
—Aún la quiero mucho. Le perdonaré todo si vuelve a mí lado.
Laura apagó el video con frustración.
—Está intentando quedar como el hombre abandonado.
Verónica asintió.
—Sí.
—¿Y no vas a responder?
Verónica tomó el teléfono otra vez.
—Ya lo hice.
Laura miró la pantalla.
—Solo publicaste un mensaje.
—Es suficiente. Asi estaremos a la par.
—Pero él está manipulando la historia.
Verónica apoyó el teléfono sobre la mesa.
—Manipula la historia porque ya no puede manipularme. Por eso lo hace.
Laura la observó con atención.
—Hablas como si lo conocieras demasiado bien. Apenas llevan saliendo un año.
Verónica sostuvo su mirada. En ese momento el timbre de la casa sonó. Laura miró hacia la puerta con inquietud.
—No me digas que es él.
Verónica se levantó. Laura abrió los ojos.
—¿Y vas a verlo?
—Claro.
Caminó hacia la puerta con pasos tranquilos.
Cuando la abrió, Andrés estaba allí.
Su traje seguía impecable, pero su expresión ya no tenía la calma que mostraba frente a las cámaras.
—Tenemos que hablar —dijo sin rodeos.
Verónica lo miró con serenidad.
—Adelante. No te cancelé la lengua.
Andrés la miró con rareza. Luego continúo.
—No aquí en la puerta.
Andrés entró a la casa con pasos firmes. Laura se quedó en la sala observando la escena.
—Hola, Andrés —dijo con frialdad.
—Laura.
Verónica caminó hasta el sofá y tomó asiento.
—¿Qué quieres decir?
Andrés permaneció de pie.
—Quiero saber por qué hiciste esto.
—Ya lo expliqué.
—No —respondió él—. Publicaste un mensaje ambiguo que hace parecer que yo hice algo terrible.
Verónica lo miró con calma.
—¿No lo hiciste?
Andrés apretó los dientes.
—Sabes perfectamente que no.
—¿Estás seguro?
Laura observaba la conversación con creciente tensión.
Andrés dio un paso más cerca.
—Estás destruyendo mi reputación.
—Solo dije la verdad.
—No dijiste nada concreto.
—No era necesario.
Andrés la miró con irritación.
—Entonces dilo ahora.
Verónica cruzó una pierna sobre la otra.
—¿Decir qué?
—Qué es lo que supuestamente hice.
El silencio se extendió unos segundos. Luego Verónica habló con voz tranquila.
—¿Quieres que hablemos de Clara?
El rostro de Andrés cambió.
Laura frunció el ceño.
—¿Clara?
Andrés reaccionó de inmediato.
—¿Quien es Clara?
Verónica mantuvo la mirada fija en él.
—¿Por qué la niegas?
—Porque no se quién es ella.
Verónica inclinó ligeramente la cabeza.
—Tu amante, Andrés.
Andrés respiró con frustración.
—No tengo a nadie. Y tampoco tienes ninguna prueba de nada.
Verónica sonrió ligeramente.
—No necesito pruebas para saber quién eres.
Laura miró a Andrés con sospecha.
—¿De qué están hablando?
Andrés ignoró la pregunta.
—Verónica, estás cometiendo un error.
—No.
—Esto no te conviene.
—A ti tampoco. Así que alejate de mi.
Andrés bajó la voz.
—Si sigues con esto, las cosas se pondrán muy desagradables. No entiendo porque cambiaste.
Verónica lo observó sin cambiar la expresión. Luego se levantó lentamente del sofá.
Ahora estaban frente a frente.
—La boda ya terminó —dijo con calma—. Nuestra relación también.
Andrés sostuvo su mirada.
—Esto no se queda así. No voy a permitir que arruines mi nombre.
Verónica lo miró con una serenidad que lo desconcertó.
—Tu nombre se arruina solo.
El silencio volvió a instalarse. Laura observaba a ambos sin saber qué decir.
Finalmente Andrés habló.
—Esto aún no termina.
Verónica respondió con una voz tranquila.
—Tienes razón. Apena estoy comenzando.
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