Renata Solis tenía la vida que siempre soñó: un matrimonio estable de veinticinco años con Fernando Lavallée, un próspero ejecutivo, y dos hijos a los que adoraba. Ella era la esposa abnegada que cuidaba del hogar mientras su marido aseguraba el futuro familiar. Sin embargo, una llamada a la una de la madrugada destruye su mundo para siempre.
Tras correr al hospital, Renata no solo recibe la devastadora noticia de que Fernando ha muerto en un accidente de tránsito, sino que descubre que no iba solo: la mujer que viajaba a su lado en el copiloto tampoco sobrevivió. El día del entierro, la verdad sale a la luz de la forma más cruel cuando una compañera de trabajo le confiesa la pesadilla: Fernando llevaba más de tres años manteniéndole una doble vida a su amante, con quien además tenía una hija de año y medio.
Por si la traición no fuera suficiente, Renata descubre que su esposo hipotecó la casa familiar y entregó todo a su amante.
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Capítulo 10: Inaceptable
Renata acompañó a Ricardo todo el día de un lugar a otro. Entre reuniones de negocios, visitas a obras y firmas de contratos, sus pies le dolían y sentía un cansancio pesado sobre los hombros, pero estaba firme en su puesto; tenía que hacerlo por el futuro de sus hijos. A lo largo de la jornada, se dio cuenta de que Ricardo no era solo un hombre poderoso, sino alguien profundamente respetado por sus empleados, socios y competidores.
Al final de la tarde, de regreso en la oficina principal, Ricardo notó el cansancio en el rostro de su nueva asistente.
—Renata, lo siento... sé que debe estar exhausta, pero esta es mi rutina diaria —dijo Ricardo mirando su reloj de pulsera—. Ya son casi las seis... ¿la invito a cenar?
Renata, apenada por la atención de su jefe, negó suavemente con la cabeza.
—No es necesario, señor Del Solar, muchas gracias. Cenaré con mis hijos cuando llegue a casa.
—Está bien, entonces le pediré al chofer que la lleve —sentenció él con amabilidad—. Y no diga que no, es parte del trabajo.
—Gracias, señor.
En ese preciso momento, el teléfono móvil de Ricardo comenzó a sonar. Al ver la pantalla, el empresario contestó de inmediato.
—Lisset, hija, ¿qué pasa? —escuchó a su hija menor al otro lado de la línea reclamándole por un compromiso familiar—. Oh, no puede ser... lo había olvidado por completo. No, no estoy con Cony... voy para allá de inmediato.
Ricardo colgó el teléfono soltando un leve suspiro y giró la vista hacia Renata, buscando una conversación franca.
—¿Sus hijos son como mi hija? Jamás ha aceptado ninguna relación sentimental mía.
Renata bajó levemente la mirada, recordando la sombra de Fernando.
—Es que... hace muy poco que murió el padre de mis hijos.
Ricardo la miró con atención, captando la particular forma en que se había expresado.
—¿El padre de tus hijos? Hablas como si no hubiera sido tu marido.
Renata apretó las manos sobre su agenda, sintiendo una punzada de dolor contenida.
—Es que... bueno, es algo muy doloroso.
—Lo lamento —dijo Ricardo de inmediato, mostrándose apenado—. Qué imprudente soy, ¿verdad?
Renata, agradecida por su sensibilidad, le dedicó una sonrisa cálida y sincera. Fue una sonrisa pequeña, pero suficiente para iluminar su rostro exhausto. Ricardo se dio cuenta en ese instante de que Renata tenía una sonrisa increíblemente bella. Algo en su pecho se estremeció profundamente, un sentimiento cálido que no experimentaba desde hacía muchísimos años.
Los días pasaron rápidamente y Renata se adaptó con sorprendente agilidad a sus funciones. Sin embargo, la convivencia en la oficina no era del todo tranquila: cada encuentro con Cony era sumamente difícil. La joven modelo acudía con frecuencia a la compañía, tratando a todos con arrogancia y exigiendo atención caprichosa a costa del dinero y la paciencia de Ricardo.
Pero un día, ocurrió algo en lo que Renata simplemente no pudo evitar intervenir.
Una tarde, Renata salió de la compañía con un sobre de manila en las manos, encargada de llevar unos documentos urgentes a la casa de Ricardo. Sin embargo, justo antes de subir al vehículo que la esperaba en el estacionamiento exterior, el sonido de gritos destemplados llamó su atención. Renata se detuvo y miró a pocos metros de distancia: Cony estaba en medio de una acalorada discusión con una joven empleada que traía varias bolsas de tiendas de lujo colgadas de los brazos.
De repente, cuando la joven empleada intentó darse la vuelta para alejarse, Renata vio con horror cómo Cony la empujó con una fuerza desmedida. La muchacha perdió el equilibrio y cayó pesadamente sobre el pavimento, golpeándose el rostro bruscamente contra el filo del borde del suelo.
Renata corrió inmediatamente hacia ellas y se inclinó para ayudar a la joven a levantarse.
—¿Por qué hizo eso, señorita? —exclamó Renata, mirando a Cony con absoluta indignación—. ¡Esto es maltrato laboral!
—¡Cállate, estúpida! —gritó Cony fuera de sí, dando un paso intimidante hacia ella—. ¿Qué haces metiéndote donde no te han llamado? ¡Es mi asistente y hago lo que se me antoja!
—No, eso no, señorita —respondió Renata con voz firme y la frente en alto, sosteniendo a la chica lesionada—. Esto es un abuso. Es usted una persona detestable.
—¡Cállate! ¿Cómo te atreves? —chilló la modelo, roja de ira—. ¡Le diré a Ricardo para que te despida inmediatamente!
—Dígale —retó Renata sin dar un paso atrás—. Pero esto es inaceptable.
A la joven empleada le salía bastante sangre de la frente y temblaba por el dolor y el susto. Cony, sin mostrar el más mínimo remordimiento, señaló las bolsas tiradas en el piso.
—¡Y tú, lleva mis bolsas de compras a mi apartamento! ¡Rápido!
—No, señorita —murmuró la joven entre sollozos, limpiándose el hilo de sangre que le bajaba por la cara—. Yo no sigo trabajando para usted.
Llena de furia por la desobediencia, Cony levantó la mano con intención de pegarle una bofetada a la empleada, pero Renata reaccionó al instante: se atravesó entre las dos y le sostuvo la muñeca en el aire con fuerza.
—¡Te vas a arrepentir de tocarme, estúpida! —chilló Cony, zafándose el brazo con violencia.
Ciega de rabia, la modelo intentó golpear directamente a Renata en el rostro, pero Renata no se dejó. Se cubrió con el brazo, le desvió el golpe y la empujó hacia atrás para mantener la distancia, dispuesta a defender la dignidad de ambas sin importar las consecuencias.
Mientras Ricardo y Renata planean su boda y verán dónde hacerla sin pensar que esa diabólica de Cony quiere dañarlos.
Renata en este momento camina entre nubes y es muy feliz.
Ricardo con fuegos artificiales hizo su propuesta de pedirle matrimonio a Renata y por supuesto fue un si rotundo.
Todo muy bien Ricardo pero ya tu familia y tu hija lo saben 🤔🤔🤔❓❓❓❓❓❓