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La Huida De Madeline

La Huida De Madeline

Status: En proceso
Genre:Época / Reencarnación / Amante arrepentido
Popularitas:153.2k
Nilai: 4.6
nombre de autor: Juna C

Una chica de la era moderna reencarna en el cuerpo de Madeline, la prometida del frío Duque Elías. Tras quedar embarazada y decidida a proteger el futuro de su hijo, ella empaca sus maletas y huye lejos, escondiendo su rastro.

NovelToon tiene autorización de Juna C para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 13

Esos días Madeline se la había pasado ideando su plan.

Cada vez que tenía un momento libre, repasaba mentalmente rutas, ciudades y posibles lugares donde podría empezar una nueva vida. Incluso había vuelto varias veces a la biblioteca para consultar mapas y algunos libros sobre comercio, intentando averiguar cuáles eran las regiones más alejadas de la influencia de los Fairchild y los Ashford.

Sin embargo, había algo que empezaba a preocuparla.

Se estaba sintiendo extraña.

Al principio no le dio importancia.

Pensó que era el estrés.

Después de todo, estaba planeando abandonar una vida entera para huir hacia un destino desconocido.

Cualquiera estaría nervioso.

Pero los síntomas no desaparecían.

Al contrario.

Parecían empeorar.

Durante el almuerzo de aquel día, uno de los platos principales había sido pescado en salsa de mantequilla.

Normalmente no le desagradaba.

Sin embargo, apenas el aroma llegó hasta ella, una oleada de náuseas le revolvió el estómago.

Madeline palideció inmediatamente.

Tuvo que dejar los cubiertos sobre la mesa.

—¿Te encuentras bien?

Preguntó Celia con preocupación.

—Sí... solo creo que el olor es un poco fuerte.

Respondió rápidamente.

Julián levantó la vista por un instante.

La observó.

Luego volvió a concentrarse en su comida.

Madeline apenas probó un par de bocados antes de disculparse y abandonar el comedor.

Una vez estuvo fuera respiró profundamente.

—¿Será que me estoy enfermando?

Murmuró.

O quizá era estrés.

Sí.

Seguramente era eso.

Últimamente tenía demasiadas cosas en la cabeza.

Aunque si era sincera consigo misma, aquello no explicaba por qué parecía tener hambre a todas horas.

Ni por qué dormía más que antes.

Ni por qué ciertos olores comenzaban a resultarle insoportables.

Mientras caminaba por el jardín, otro pensamiento cruzó por su mente.

Elías.

Desde la cacería no había vuelto a visitarla.

No una vez.

Ni una carta.

Ni un mensaje.

Nada.

Madeline soltó un resoplido.

—Mejor así.

Dijo para sí misma.

Lo último que necesitaba era encontrarse con aquel hombre.

Cada vez que recordaba la discusión de aquella mañana después de la cacería, sentía ganas de arrojarle algo a la cabeza.

Aunque había algo que le resultaba extraño.

Si realmente creía que ella había planeado todo aquello...

¿Por qué no había hecho nada?

¿Por qué no había cancelado oficialmente el compromiso?

¿Por qué no había ido a exigir explicaciones?

Negó con la cabeza.

No importaba.

Dentro de poco dejaría de ser un problema.

Sus pasos la llevaron nuevamente hacia la mansión.

Pero antes de que pudiera entrar, uno de los sirvientes apareció apresuradamente.

—Lady Madeline.

Ella se detuvo.

—¿Sí?

—El conde desea verla en su despacho.

Madeline sintió cómo el corazón le daba un pequeño vuelco.

Por alguna razón, las palabras que había escuchado aquella noche en la biblioteca regresaron inmediatamente a su mente.

—Entiendo.

Respondió con calma.

Aunque por dentro no se sentía tranquila en absoluto.

El trayecto hasta el despacho le pareció más largo de lo habitual.

Cuando finalmente llegó, llamó a la puerta.

—Adelante.

La voz grave de Julián resonó desde el interior.

Madeline tomó aire.

Y entró.

El conde se encontraba detrás de su escritorio, revisando varios documentos.

No levantó la vista de inmediato.

Lo que hizo que el silencio se volviera aún más incómodo.

Finalmente cerró el documento que estaba leyendo.

Y la observó.

—Siéntate.

Madeline obedeció.

Por alguna razón, sentía un mal presentimiento.

Uno muy malo.

—He recibido una carta esta mañana.

Dijo Julián.

La joven frunció ligeramente el ceño.

—¿Una carta?

—Del ducado Ashford.

El corazón de Madeline se tensó.

Julián apoyó ambas manos sobre el escritorio.

Y entonces pronunció unas palabras que hicieron que el mundo pareciera detenerse.

—Ha llegado el momento de hablar sobre la fecha de tu boda.

Madeline sintió que el estómago se le encogía.

Durante unos segundos permaneció inmóvil, observando a Julián sin saber qué responder.

Aquellas palabras llegaron en el peor momento posible.

Después de todo lo que había escuchado en la biblioteca, aquello sonaba menos como una conversación y más como una sentencia.

—¿Mi boda?

Preguntó intentando mantener la calma.

—Así es.

Julián se acomodó en su asiento.

—Tu compromiso con el duque Ashford lleva años prolongándose. Ya es momento de que llegue a su fin.

Madeline sintió una punzada de irritación.

Durante años habían esperado.

Durante años a nadie pareció importarle.

¿Y ahora, de repente, tenían tanta prisa?

—Creí que el duque deseaba seguir aplazando el matrimonio.

Comentó cuidadosamente.

Los ojos del conde se estrecharon ligeramente.

—Lo que desee el duque es irrelevante.

Aquella respuesta no le gustó.

Nada.

—Padre...

—Escúchame bien, Madeline.

La voz de Julián se volvió más dura.

—Eres una Fairchild, tus decisiones afectan a esta familia, no puedes comportarte como una niña caprichosa que hace únicamente lo que desea.

Madeline apretó las manos sobre su regazo.

—No estoy siendo caprichosa.

—Entonces demuestra que eres capaz de cumplir con tus responsabilidades.

El silencio cayó entre ambos.

Por primera vez desde que despertó en aquel mundo, Madeline sostuvo la mirada del conde sin bajarla.

Algo que pareció sorprenderlo.

—¿Y qué ocurre si no quiero casarme?

Preguntó finalmente.

La habitación pareció enfriarse.

Julián la observó durante unos largos segundos.

—Eso no ocurrirá.

Respondió con absoluta seguridad.

Aquella certeza hizo que un escalofrío recorriera la espalda de Madeline.

Porque no sonó como una opinión.

Sonó como una advertencia.

—Puedes retirarte.

Dijo finalmente el conde.

La conversación había terminado.

Madeline se puso de pie.

Hizo una pequeña reverencia.

Y salió del despacho sin decir una palabra más.

Pero en cuanto la puerta se cerró a su espalda, su corazón comenzó a latir con fuerza.

Cada vez más fuerte.

Mientras caminaba por los pasillos sentía que las paredes de la mansión se volvían más estrechas.

Más pesadas.

Más sofocantes.

La conversación de la biblioteca.

Las prisas por la boda.

La actitud de Julián.

Todo parecía apuntar en la misma dirección.

Y por primera vez, Madeline comprendió algo.

Ya no tenía tiempo.

Hasta ahora había estado planeando.

Pensando.

Preparándose.

Pero si seguía esperando demasiado...

Quizás un día despertaría para descubrir que ya era demasiado tarde.

Aquella noche apenas pudo cenar.

Las náuseas volvieron.

Más fuertes que antes.

Tuvo que abandonar la mesa a mitad de la comida.

Cuando llegó a su habitación se dejó caer sobre la cama.

Se sentía agotada.

Como si hubiera corrido durante horas.

Cerró los ojos.

Intentó descansar.

Pero apenas unos minutos después alguien llamó a la puerta.

Toc.

Toc.

Toc.

—¿Quién es?

Preguntó.

—Soy Celia.

Madeline se incorporó lentamente.

—Adelante.

La condesa entró con expresión preocupada.

Se sentó junto a ella en la cama.

—Últimamente te veo muy pálida.

Madeline sonrió débilmente.

—Solo estoy cansada.

—Y con náuseas.

—Seguramente sea estrés.

Celia no pareció convencida.

La observó durante unos segundos.

Luego tomó una decisión.

—Mañana vendrá el médico.

Madeline abrió los ojos.

—¿Qué?

—No aceptaré una negativa.

Quiero asegurarme de que estás bien.

El corazón de Madeline dio un vuelco.

Por alguna razón que no logró explicar, una sensación extraña se instaló en su pecho.

Una sensación de inquietud.

Como si algo estuviera a punto de cambiar.

Y aquella noche, mientras observaba la luna desde la ventana de su habitación, no pudo evitar pensar que quizá su tiempo en aquella mansión estaba llegando a su fin.

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carou
el conde solo le interesa que ella se case con Elias, casándose ellos se termina el problema con el suegro
carou
Realmente les gusta la mala vida, si los tratas bien se aburren y les estorbas, si los ignoras y haces aun lado sin importancia ahí les gusta 🤔
Guadalupe Flores
Ojalá y no sea una trampa del padre y Damián.
Natalia Vasquez
mija más claro no pudo ser, ase más inteligente que tú padre y huye 🤔🤔🤔🤔.
Natalia Vasquez
para mí eso fue el hijo de p......a de su padre desgraciado 😠😠😠😠😠😠😡😡😡😡😡😡.
Natalia Vasquez
lo dicho el es un pendejo 😂😂😂😂😂🤣🤣🤣🤣🤣🤔🤔🤔🤔.
Natalia Vasquez
ella es muy hermosa, el es un pendejo😂😂😂😂😂🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤔🤔🤔🤔🤔.
Carmen Mena
Gracias por los capítulos autora
Alma Morales
Ese viejo la va a chantagear con lo de su mamá enferma 🤬🤬🤬 rata asquerosa 🤬🤬🤬🤬🤬
Alma Morales
Ese maldito viejo ,va a querer sacar ventaja y pedir dinero🤬🤬🤬
Alma Morales
Su padre es un maldito miserable 🤬🤬🤬
Ana Parra
Duque Elias es hora de Fijar límites con este conde miserable y cuáles son las consecuencias si sigue amedrentando y amenazando a Madeleine
🥀Malysh🥀
Comí es que un conde tiene mas poder que un duque🤔
Nana89
Espero que el duque lo haga sufrir
Elizabeth Yepez
que es lo que quiere el viejo de Madeleine, déjela tranquila
Elizabeth Yepez
no entiendo porque ese viejo,se mete en la vida de Madeleine, ella ya es adulta y puede vivir su vida sola
Elizabeth Yepez
ese mal padre es un desgraciado
Gleirys Carolina
Es capaz que el. viejo mustio se aproveche de la situación de que Madeleine y el niño están en su territorio, aunque Elias esté allí, no pueden bajar la guardia
yerladin Blandon
hayyy reverendo idiotaaa que le dijo en su cara que no amaba ninguna mujer
yerladin Blandon
insisto párese enferma mental todo la asombra la.deje estaticaaaa hay no que oooror😂
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