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Al Diablo Con Mi Prometido.

Al Diablo Con Mi Prometido.

Status: En proceso
Genre:Villana / Reencarnación
Popularitas:4.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Leydis Ochoa

Lady Eleanor lo dio todo por amor y recibió a cambio una taza de té envenenado, la humillación pública y una ejecución silenciosa ordenada por el hombre al que juró amar: el príncipe heredero y su propio prometido. Pero la muerte no fue el final, sino el despertar de una furia milenaria.

Reencarnada en su propio cuerpo justo antes del baile de compromiso que selló su perdición, Eleanor decide cambiar las reglas del juego. Ya no será la damisela sumisa; abrazará la oscuridad que corre por sus venas, desatando la magia arcana de las brujas de sangre y firmando un pacto prohibido con un dragón milenario que duerme bajo las catacumbas del imperio. Entre pasiones peligrosas, un dark romance tan adictivo como letal y una venganza meticulosamente planeada, Eleanor está lista para destruir a todos los que la traicionaron... comenzando por el hombre que creyó que podía romperla dos veces.

NovelToon tiene autorización de Leydis Ochoa para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 11

Solté la mano de Aleixandre por una fracción de segundo y extendí mi palma abierta hacia los dos hombres. No necesité recitar cánticos en lenguas muertas ni dibujar sellos con tiza en el suelo. La magia de las brujas de sangre no dependía de la liturgia hipócrita de la iglesia del sol; dependía del deseo, del dolor y de la voluntad inquebrantable de imponer la muerte a quien te arrebataba lo tuyo.

—¡Arded! —bramé desde lo más hondo de mis entrañas.

Una llamarada de fuego purpúreo y negro brotó de las grietas del mármol, enroscándose como una serpiente colosal alrededor de los dos verdugos. Los hombres ni siquiera tuvieron tiempo de gritar. El fuego consumió el metal de sus cotas de malla en un parpadeo, reduciendo sus cuerpos a un montón de ceniza informe que el viento dispersó por el corredor. Clara cayó al suelo de rodillas, ilesa, tosiendo por el humo pero con los ojos muy abiertos al ver que las llamas la habían rodeado sin tocar un solo hilo de su delantal.

Aleixandre me miró de reojo, sus cejas enarcadas con una sorpresa deliciosa.

—Fuego consumidor directo a la sangre... —murmuró, su voz impregnada de una reverencia oscura—. Hacía trescientos años que nadie en este continente conjuraba una llama capaz de quemar el metal sin herir la carne de los inocentes. Ciertamente, Lady Eleanor, el emperador cometió el peor error de su reinado al permitir que te llamaran débil.

—No vine a impresionar a nadie, archiduque —le espeté, corriendo hacia Clara y levantándola del suelo con una mano firme—. Vine a sobrevivir. Y me llevo a mi gente conmigo.

—Nadie dijo lo contrario —respondió él con una sonrisa desafiante.

Con un movimiento fluido de su brazo izquierdo, Aleixandre silbó. El sonido agudo no resonó como el silbato de un caballero, sino como el chillido de un halcón de guerra.

Desde los inmensos ventanales rotos de la fachada este del palacio, el cristal terminó de estallar hacia adentro en una lluvia de esquirlas diamantinas. Cuatro gigantescos jinetes del norte, montados en sementales de guerra acorazados cuyas pezuñas echaban chispas azules contra el piso pulido, irrumpieron en el salón aplastando los tapices reales y dispersando a los últimos guardias que intentaban reorganizar la línea de defensa.

—¡Mi señor! —gritó el líder de los jinetes, un hombre de barba trenzada y hombros de oso con una cicatriz que le cruzaba la nariz—. ¡Las compuertas del puente levadizo están bajando! ¡Si no salimos en dos minutos, la artillería pesada del cuartel general comenzará a bombardear el foso!

—Toma a la sirvienta en tu grupa, Varek —ordenó Aleixandre con la autoridad de un emperador de sangre vieja—. Y si dejas que sufra un solo rasguño en el camino, te cortaré los dedos uno a uno.

El gigante asintió sin dudar un instante. Agarró a Clara por la cintura con la facilidad con la que se alza a un muñeco de trapo y la colocó delante de su montura. La muchacha chilló de terror por la altura del caballo, pero se aferró con desesperación a las riendas de cuero.

Aleixandre se giró hacia mí. Su propio caballo de batalla, una bestia azabache de mirada salvaje y cuello ancho llamada *Bruma*, aguardaba a escasos metros, relinchando con impaciencia mientras el vapor de su aliento quemaba el aire frío.

—¿Sabes montar a horcajadas, Lady Eleanor, o requieres una silla de paseo para damiselas con faldas de seda? —me preguntó con un tono cargado de un sarcasmo tentador.

Lo miré con absoluto desprecio a su burla. Me llevé las manos a los costados de mi suntuoso vestido de terciopelo azul medianoche y, sin pestañear, tiré con fuerza de las costuras laterales. El crujido de la seda rasgándose resonó en el salón. Arranqué la pesada cola y los miriñaques que entorpecían mis piernas, dejando al descubierto mis botas de cuero oscuro y una falda recortada por encima de los tobillos que me permitía moverme con libertad.

—En las tierras del sur aprendemos a montar antes de aprender a sonreír a los hipócritas, mi señor archiduque —respondí con la respiración agitada por la adrenalina.

Aleixandre soltó una carcajada ronca, genuinamente complacido. Me tomó por la cintura con ambas manos, levantándome en vilo con una fuerza tan descomunal y a la vez tan precisa que apenas sentí el peso de mi propio cuerpo. Me colocó sobre la silla delantera y, en una fracción de segundo, él ya estaba detrás de mí, sus piernas musculosas rodeando mis caderas y sus brazos largos y acorazados pasando a ambos lados de mi torso para asir las riendas de cuero negro.

El calor de su pecho chocó contra mi espalda. A pesar del frío glacial de su armadura, su cuerpo irradiaba una temperatura volcánica, el latido constante de la sangre de dragón que hacía que mi propia magia vibrara en una frecuencia peligrosa y adictiva. Su aliento rozó mi nuca cuando se inclinó hacia adelante.

—Agárrate fuerte, mi pequeña reina de espinas —me susurró al oído con una aspereza que me erizó cada poro de la piel—. Porque después de esta noche, nadie en Valenor volverá a dormir en paz.

Espoleó los flancos de la bestia.

El semental se encabritó sobre sus patas traseras, relinchando como un demonio de las estepas, y se lanzó hacia adelante a una velocidad vertiginosa.

Atravesamos el Gran Salón de los Espejos en una ráfaga de viento y polvo. Aedric nos miraba desde lo alto del estrado, con los ojos llenos de una rabia impotente mientras los soldados a su alrededor intentaban inútilmente disparar flechas que se desviaban en el aire al chocar contra la barrera de escarcha que Aleixandre mantenía alzada sobre nuestras cabezas.

Salimos disparados a través del ventanal destrozado hacia los jardines colgantes del palacio. La caída era de más de cuatro metros de altura hacia la terraza inferior, pero el caballo ni siquiera vaciló: cayó con un golpe sordo sobre la piedra, absorbiendo el impacto con la fuerza de sus músculos mágicos, y continuó su carrera desenfrenada hacia la calzada principal de la capital imperial.

1
A.B. 💜🐨
Tremenda constestada 🤣😅🫰
A.B. 💜🐨
Eso mi reina, eso!!
A.B. 💜🐨
El villano...digo nuestro protagonista
A.B. 💜🐨
Infeliz
A.B. 💜🐨
Que arda el reino!!
A.B. 💜🐨
Hermoso 💜, bello.
A.B. 💜🐨
Oh.

Impresionante comienzo.
Arriba las villanas!
Arely Castañeda
mas por favor🥰👏👏👏
Gleirys Carolina
Buen empezar😊
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