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Bajo El Halo De Sangre Y Hielo

Bajo El Halo De Sangre Y Hielo

Status: En proceso
Genre:Mundo de fantasía / Romance / Posesivo
Popularitas:1.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Mi Autoria

Una oprimida joven con su loba adormecida por veneno huye hacia su destino al descubrir que el implacable Alfa del Norte es su predestinado.

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Capítulo 15: Latidos reprimidos y destellos de un nuevo destino

Mikeila había descubierto un mundo completamente nuevo tras sus largas charlas con la madre de Harlan. Aprendió que el despertar de un lobo podía ser un proceso doloroso, pero que la carga de ese dolor podía ser compartida si la loba encontraba a su pareja predestinada. Mientras analizaba estas palabras en su mente, caminaba de un lado a otro por la estancia con la cabeza en las nubes, acunando con absoluta delicadeza entre sus manos a una pequeña criatura herida que había rescatado un día antes.

—Tú qué opinas... —susurró bajito al pequeño animal escondido en su palma—. ¿Será que yo encontraré a alguien para compartir mi dolor?

Mientras hacía muecas y gestos pensativos, no se percató de que Harlan la observaba desde el umbral con una profunda y genuina diversión. Llevaba ya casi una semana refugiada en el castillo, y descubrir las distintas facetas de la muchacha se había convertido en su pasatiempo favorito.

—No creo que te responda —interrumpió Harlan de pronto, sobresaltando a Mikeila, quien por puro instinto cerró los puños intentando ocultar a la criatura.

—¿Que tienes ahí? —pregunto el dando pasos hacia ella.

—¿Eh señor...? Bueno, es una cría pequeña, aún no sé bien qué animal es, pero se parece a un gatito —explicó ella con un hilo de voz.

—Muéstramela —pidió él dando un paso al frente.

Mikeila abrió las manos con desconfianza. Harlan levantó una ceja al examinar al pequeño ser:

—No es solo un gatito, Mikeila. Es un animal espiritual —afirmó con seriedad.

La muchacha abrió los ojos de par en par, asombrada:

—¿Un animal espiritual?

—Sí —asintió él—. Son animales que se cruzan en nuestros caminos para acompañarnos, protegernos y guiarnos. Son algo así como un enlace secundario con la naturaleza.

Mikeila se entusiasmó de inmediato, acariciando con ternura a la criatura que cabía holgadamente en la palma de su mano, aunque su semblante decayó un instante después—. Pero mi loba aún no despierta...

Harlan exhaló un suspiro suave y se acercó un poco más.

—Lo sé. Tranquila, ya lo hará. He venido porque tengo noticias sobre tu tratamiento —anunció.

Los ojos azules de Mikeila se iluminaron de inmediato.

—¿De verdad?

—¿Cuándo te he mentido? —replicó él con una sonrisa de medio lado.

Mikeila lo miró arqueando una ceja, con una expresión que gritaba ¿De verdad preguntas eso?. Harlan rió suavemente, adivinando sus pensamientos antes de que pudiera articular palabra.

—Solo omití un par de detalles antes de hacerte saber quién era —se justificó él, acortando la distancia entre ambos.

Mikeila retrocedió un paso por inercia.

—Bueno, si así lo llama usted, señor —respondió con frialdad fingida, intentando ocultar el vuelco que dio su corazón.

—Bien, vamos con Canaria. Ella te explicará cómo y cuándo debes tomar la medicina, y cuánto tiempo tardará el proceso —indicó Harlan girándose hacia la puerta.

Mikeila asintió en silencio y comenzó a seguirlo por los pasillos. Mientras caminaba, sus ojos se detuvieron en la ancha espalda del Alfa. Harlan, percibiendo perfectamente el peso de su mirada sobre él, detuvo el paso sin volverse y preguntó con sorna:

—¿Te gusta lo que estás viendo, señorita?

Mikeila maldijo para sus adentros. ¡Aquel joven tenía la maldita cualidad de adivinar cada pensamiento que cruzaba por su cabeza! Carraspeó con fuerza y soltó sin un ápice de temor:

—Por supuesto. ¿Quién no tiene ojos en la cara para ver que el señor se ve muy bien?

Harlan soltó una carcajada ronca y se giró para mirarla fijamente.

—¿Ah, sí? ¿Y qué más? —pregunto el.

—¿No dicen que al hombre que se alaba a sí mismo se le considera un engreído? —replicó ella con una chispa de desafío en la mirada.

La tensión en el aire se volvió palpable. La ansiedad contenida del lobo de Harlan, sumada al aroma dulzón y embriagador que ella desprendía, hizo que perdiera lo poco que le quedaba de paciencia. Con un movimiento rápido y felino, la arrincó suavemente contra la pared del pasillo, bloqueándole el paso con sus brazos a los lados. Era algo que se moría por hacer desde hacía días.

—Tal vez sí sea un engreído... Pero dime, señorita —murmuró él con voz ronca y profunda, conteniéndose con esfuerzo para no besarla en los labios—, ¿no te parezco en absoluto atractivo?

Mikeila tragó saliva con fuerza. Sintió que las mejillas se le encendían de un rojo intenso, pero mantuvo la barbilla en alto.

—Señor... también me parece sumamente arrogante —respondió con la voz temblorosa.

Harlan sonrió con suficiencia, sin poder evitar que la audacia de la muchacha lo desarmara por completo. Viendo que el límite de la provocación había llegado lejos, se apartó lentamente con una risa contenida ,camino un poco mas y estiró la mano para abrir la puerta tras la cual aguardaba la curandera.

Al pasar junto a ella para entrar a la estancia, Harlan le susurró al oído con una intensidad que le erizó hasta el último hueso:

—Ya veremos cuánto tiempo puedes resistirte a este arrogante.

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