Ellos son enemigos mortales en la escuela tras morir juntos en un accidente renacen en una novela dónde son los villanos
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Capitulo 15
—¡Cielos, me siento una presumida! ¡Mi esposo es el número uno de la capital! ¿Qué tal? —declaró Alma, levantando la barbilla con orgullo.
Xie Lang, que caminaba a su lado, no pudo evitar reírse.
—¿Estás presumiendo de mí, esposa?
—¡Por supuesto! ¿Acaso no tengo derecho? ¡Mi esposo obtuvo el primer puesto en los exámenes imperiales! ¿Cuántas mujeres pueden presumir de algo así?
—No lo sé. ¿Cuántas mujeres tienen un esposo tan extraordinario como yo?
Alma giró la cabeza lentamente.
—¿Acabas de presumir de ti mismo?
—Estoy siguiendo tu ejemplo.
—¡Desvergonzado!
Mino soltó una carcajada y le tomó la mano.
Continuaron caminando hacia el carruaje, y Alma volvió a mirar el documento que llevaba consigo. No podía evitarlo. Cada vez que recordaba que su esposo había conseguido el primer puesto, sentía deseos de reír y celebrar.
¡Había valido la pena obligarlo a estudiar!
Aunque, si era sincera consigo misma, también se sentía feliz por Mino.
Había visto cuánto se había esforzado durante aquellos meses. Había estado a su lado cuando se frustraba con las lecciones, cuando se quedaba dormido sobre los libros y cuando amenazaba con abandonar los estudios.
Y ahora él había demostrado que podía conseguir algo extraordinario.
Bien hecho, Mino, pensó con una sonrisa.
Después recordó que estaba caminando junto a él y volvió a adoptar una expresión arrogante.
—Bueno, supongo que no eres completamente inútil.
Mino se detuvo.
—¿Eso es un cumplido?
—¡No te acostumbres!
Él sonrió y se inclinó ligeramente hacia ella.
—Entonces, ¿puedo pedir mi recompensa?
Alma lo empujó hacia el carruaje.
—¡Sube de una vez, desgraciado!
—¡Esposa, me estás maltratando después de mi gran victoria!
—¡Y voy a seguir haciéndolo si no dejas de hablar!
Las risas de Mino acompañaron el trayecto de regreso.
Cuando el carruaje llegó a la mansión del marqués, la duquesa ya estaba esperando en la entrada.
Había intentado permanecer tranquila durante toda la mañana, pero le había resultado imposible. Cada vez que escuchaba pasos o veía acercarse a un sirviente, preguntaba si había noticias de su hijo.
Había criado a Xie Lang desde pequeño y conocía muy bien su inteligencia. Sabía que era capaz de destacar entre los mejores, pero también recordaba los años en los que había abandonado sus responsabilidades y rechazado cualquier intento de ayudarlo.
Por eso, aunque tenía esperanzas, no se atrevía a dar nada por seguro.
Cuando finalmente vio llegar el carruaje, dio un paso al frente.
La puerta se abrió y Xie Lang descendió primero.
Alma apareció detrás de él, sosteniendo el documento como si fuera un tesoro imperial.
La duquesa se acercó inmediatamente.
—¡Hijo! ¿Cómo te fue?
Xie Lang sonrió.
En lugar de responder, sacó el documento y se lo entregó.
La duquesa lo recibió con manos ligeramente temblorosas.
Leyó las primeras líneas.
Después volvió a leerlas.
Su expresión cambió poco a poco, hasta que sus ojos se abrieron de par en par.
—¿El puesto número uno?
Xie Lang asintió.
—Sí, madre.
La duquesa se llevó una mano a la boca.
—¿Mi hijo consiguió el primer puesto?
—Así es.
Durante un instante, la mujer pareció incapaz de reaccionar.
Y entonces soltó un grito de felicidad.
—¡MI HIJO LOGRÓ EL PRIMER PUESTO! ¡NO PUEDO CREERLO!
Abrazó a Xie Lang con tanta fuerza que él apenas tuvo tiempo de prepararse.
—¡Madre! —exclamó, sorprendido.
—¡Estoy tan orgullosa de ti!
La duquesa le acarició el rostro, mirándolo como si quisiera asegurarse de que aquel joven era realmente su hijo.
—¡Sabía que eras inteligente! ¡Siempre lo supe! ¡Pero hacía tanto tiempo que no te esforzabas de esta manera!
Xie Lang sonrió, conmovido por la emoción de su madre.
—Lo siento por haberte preocupado durante tanto tiempo.
La duquesa se quedó inmóvil.
Aquellas palabras la tomaron por sorpresa.
Su hijo no solía disculparse con facilidad. Era orgulloso, obstinado y, cuando decidía hacer algo, resultaba casi imposible convencerlo de lo contrario.
Pero allí estaba, reconociendo sus errores sin que nadie se lo exigiera.
La duquesa sintió que se le humedecían los ojos.
—No tienes que disculparte ahora. Lo importante es que has encontrado nuevamente tu camino.
Volvió a abrazarlo.
—¡Estoy orgullosa de ti, hijo mío!
Alma observó la escena con una sonrisa.
Aquella alegría era tan sincera que sintió una pequeña punzada en el corazón.
No sabía cómo había sido la relación de la verdadera Juner con su familia, pero sí sabía que, en aquel momento, la duquesa estaba feliz por su hijo.
Y Mino se merecía aquella felicidad.
Después de todo, había trabajado duro para conseguirlo.
La duquesa finalmente se apartó y miró a Alma.
—Juner, querida, ¡muchas gracias!
Alma parpadeó.
—¿A mí?
—¡Por supuesto! Has estado ayudando a mi hijo durante estos meses, ¿verdad? Me han contado que le llevabas comida, que lo ayudabas a repasar y que te quedabas con él hasta que terminaba sus lecciones.
La duquesa tomó las manos de su nuera.
—No sabes lo feliz que me hace verlo así. Durante mucho tiempo temí que abandonara definitivamente los estudios imperiales. Pero tú conseguiste que volviera a esforzarse.
Alma se sintió incómoda ante tantos elogios.
—Bueno... él también se esforzó mucho.
—¡Y tú estuviste a su lado!
La duquesa sonrió con cariño.
—Estoy muy agradecida de tenerte como nuera.
Alma se quedó callada.
¿Nuera?
¿Yo?
¿La misma mujer que planea conseguir unas tierras y construir su propia fortuna?
Sintió que la culpa comenzaba a picarle la conciencia.
No había ayudado a Mino únicamente por las tierras, pero aquel había sido su propósito original.
Y ahora su suegra la miraba con tanto cariño que Alma no sabía dónde esconder la cara.
—Madre, no fue para tanto —murmuró.
—¡Claro que lo fue!
La duquesa le dio unas palmaditas en las manos.
—Esta noche celebraremos el logro de mi hijo. Prepararemos una cena especial y todos brindaremos por él.
Alma recuperó inmediatamente el entusiasmo.
—¿Una cena especial?
—¡Por supuesto!
—¿Con muchos platos?
La duquesa se rio.
—¡Con todos los que quieras!
Alma sonrió de oreja a oreja.
—¡Madre, es usted maravillosa!
Xie Lang, que había permanecido observando la conversación, levantó una ceja.
Hace un momento estaba orgullosa de mí. Ahora está enamorada de la cena.
Se acercó a su esposa y le susurró al oído:
—¿Y yo? ¿No soy maravilloso?
Alma lo miró de reojo.
—Tú eres el responsable de que haya una celebración. Así que, por una vez, sí eres maravilloso.
—¿Solo por una vez?
—No abuses de tu suerte.
Mino soltó una carcajada y le rodeó los hombros con un brazo.
La duquesa los contempló con una sonrisa satisfecha.
Quizá los rumores sobre Juner no habían sido del todo ciertos.
O quizá aquella joven estaba cambiando de verdad.
Fuera cual fuera la respuesta, había algo que ya no podía negar: desde que se habían casado, su hijo había comenzado a recuperar la alegría y las ganas de seguir adelante.
Y si aquella felicidad tenía algo que ver con su esposa, la duquesa estaba dispuesta a agradecerle cada día.
Sin embargo, Alma tenía otros asuntos en mente.
Mientras la duquesa ordenaba los preparativos de la celebración, se inclinó hacia Mino y susurró:
—Oye.
—¿Sí, esposa?
—Cuando terminemos de cenar, tenemos que hablar de las tierras.
Xie Lang cerró los ojos con resignación.
—Por supuesto.
—¡No pongas esa cara! ¡Es mi recompensa!
—Lo sé.
Él la miró con una sonrisa tierna.
—Y te ayudaré a conseguirlas.
Alma parpadeó.
No esperaba aquella respuesta.
—¿De verdad?
—Por supuesto. Has trabajado mucho para ayudarme a estudiar. Esas tierras también son fruto de tu esfuerzo.
Alma sintió que las mejillas se le calentaban.
Por una vez, no encontró una respuesta sarcástica.
Mino aprovechó su silencio para acercarse un poco más.
—Aunque, ahora que he conseguido el primer puesto, creo que merezco una recompensa adicional.
La expresión de Alma cambió al instante.
—¡¿QUÉ RECOMPENSA ADICIONAL?!
Él señaló sus propios labios.
—Un beso.
Alma lo miró con incredulidad.
La duquesa, que había alcanzado a escuchar las últimas palabras, se quedó inmóvil.
Después se llevó una mano a la boca, intentando contener una sonrisa.
Su hijo, que antes había organizado una huelga de hambre para evitar aquella boda, ahora estaba negociando besos con su esposa delante de toda la familia.
¡Qué cambio tan extraordinario!
Alma, completamente roja de indignación, agarró a Mino del brazo.
—¡VEN AQUÍ, DESGRACIADO! ¡TENEMOS QUE HABLAR SOBRE TUS EXIGENCIAS!
—¡Esposa, cuidado! ¡Soy el número uno de la capital!
—¡Y YO SOY LA DUEÑA DE LAS TIERRAS QUE QUIERES CONSEGUIR!
La duquesa estalló en carcajadas.
Y, mientras los recién casados se alejaban discutiendo, ella volvió a mirar el documento de los exámenes imperiales.
Su hijo había regresado al camino que había abandonado.
Su familia tenía motivos para celebrar.
Y, por primera vez en muchos años, la duquesa sintió que el futuro de Xie Lang estaba lleno de posibilidades.
Aunque todavía no sabía que, en aquella mansión, el mayor desafío de su hijo ya no sería aprobar los exámenes imperiales.
Sería conseguir que su esposa le diera un beso sin amenazarlo de muerte en el proceso.