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Peligrosa Atracción

Peligrosa Atracción

Status: Terminada
Genre:Romance / Traiciones y engaños / Mafia / Completas
Popularitas:2.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Dannyperezok

Un imperio construido sobre el control. Una atracción que amenaza con destruirlo todo.

En el piso cuarenta y dos de Vance Financial, la regla es simple: la eficiencia se premia y las emociones no existen. Alexander Vance es un CEO implacable, calculador y distante, un hombre que ha convertido su vida en un mecanismo perfecto para sepultar la culpa de un pasado oscuro y un secreto familiar que podría arruinarlo.

Elena Ross llegó a su oficina solo para pagar las deudas de su familia, pero su resiliencia y templanza la convierten en la única asistente capaz de soportar la frialdad de Vance. Sin embargo, detrás de la fachada profesional, una química sofocante e innegable comienza a desgastar las barreras de ambos.

Cuando una serie de amenazas anónimas y un juego de poder corporativo ponen en riesgo la vida de Elena, el control de Alexander se fractura. Obligados a protegerse en medio de un nido de traiciones, la línea entre la lealtad, el deseo y el peligro empieza a borrarse.

NovelToon tiene autorización de Dannyperezok para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 10: Hielo y fuego en la ruta

​​El impacto lateral hizo temblar la carrocería reforzada del sedán blindado. Elena soltó un ahogo sofocado mientras la fuerza centrífuga la desplazaba hacia la puerta, pero el brazo de Alexander la sujetó de la cintura con una firmeza brutal, pegándola contra su pecho para amortiguar cualquier golpe.

​—¡Sujétate! —ordenó Alexander, cubriendo la cabeza de Elena con su propio cuerpo.

​A través de las ventanas ahumadas, las luces altas del todoterreno enemigo encandilaban el habitáculo. La tormenta de la noche se mezclaba con la bruma salina de la carretera de la costa, reduciendo la visibilidad a unos pocos metros de asfalto mojado rodeado de acantilados oscuros.

​—Son dos vehículos —informó Julian, manteniendo la vista fija en la ruta mientras luchaba con la dirección del auto—. El segundo viene intentando cortarnos el paso por la derecha para arrinconarnos contra la contención de piedra.

​—No les des espacio —dijo Alexander con voz gélida. Liberó a Elena lentamente y se inclinó hacia el suelo del vehículo, extrayendo una segunda pistola del compartimento oculto bajo su asiento—. Elena, quédate en el suelo del auto. No te levantes por nada del mundo.

​—Alexander, ten cuidado... —suplicó ella, aferrándose a la tela de su pantalón.

​Él la miró un segundo, le acarició la mejilla con los nudillos y le dedicó una mirada tan ardiente que le quitó el aire.

​—Tranquila. Esta noche no va a repetirse la historia de hace cinco años.

​Alexander bajó el cristal trasero apenas un par de centímetros. El ruido del viento y la lluvia invadió la cabina. Con una precisión quirúrgica, alineó la mira de su arma con el neumático delantero del todoterreno que intentaba embestirlos por segunda vez. Disparó tres veces seguidas. Los estallidos secos resonaron con fuerza dentro del auto.

​El neumático del vehículo atacante reventó en una maniobra violenta. El todoterreno perdió la tracción sobre el asfalto helado, comenzó a dar vueltas sobre su propio eje y terminó estrellándose contra el muro de piedra de la carretera, despidiendo una lluvia de chispas antes de quedar volcado.

​—¡Uno fuera! —exclamó Julian, dando un golpe de volante para esquivar los restos de metal que salieron despedidos hacia la calzada.

​Sin embargo, el segundo vehículo enemigo aceleró con rabia, colocándose pegado a la parte trasera de su sedán. El sonido sordo de proyectiles impactando contra el cristal blindado del vidrio trasero hizo que Elena se encogiera en la alfombra del vehículo.

​—El blindaje va a ceder si nos siguen disparando al mismo punto —advirtió Julian—. Estamos a tres kilómetros del desvío a la residencia de la costa.

​—Toma la curva de la cantera —ordenó Alexander, volviendo a guardar el arma para recargar el cargador—. Está cerrada al tráfico y la entrada es demasiado estrecha para dos autos. Si intentan seguirnos allí, los dejaremos atrapados en el desfiladero.

​Julian no dudó. Pisó el freno bruscamente, haciendo que el sedán derrapara en un ángulo de noventa grados para internarse por un camino secundario de grava y tierra batida que serpenteaba hacia el mar. El vehículo que los perseguía intentó imitar la maniobra, pero la velocidad le jugó en contra y se salió parcialmente de la ruta, perdiendo metros valiosos mientras trataba de recuperar el control.

​El sedán blindado se adentró en la oscuridad de la antigua propiedad costera de la familia Vance. Un imponente muro de piedra rodeaba la casa, una construcción de estilo victoriano rodeada de pinos centenarios y acantilados que caían directamente hacia el océano embravecido.

​El auto atravesó los portones de hierro que Julian abrió de forma remota y se detuvo en seco frente a la entrada principal.

​—Entren ya —ordenó Julian, saltando del auto con su arma en mano para tomar posición detrás de una de las columnas de piedra de la fachada—. Voy a bloquear el acceso del portón manualmente. Marcus y sus hombres no tardarán más de dos minutos en llegar a pie si dejaron el vehículo en la entrada.

​Alexander abrió la puerta trasera y ayudó a Elena a salir. El viento del mar le azotó el rostro, pero ella no vaciló. Alexander la tomó fuertemente de la mano y corrieron hacia la puerta principal de la residencia.

​El interior de la mansión estaba en completa penumbra, oliendo a madera antigua y salitre. Alexander cerró la puerta de roble macizo y echó los cerrojos de hierro fundido.

​Se giró hacia Elena en la oscuridad. La respiración de ambos estaba agitada por la adrenalina y la carrera. Alexander tomó su rostro entre sus manos con desesperación, comprobando que no tuviera una sola herida.

​—¿Estás bien? Dime que estás bien —pidió él en un susurro ronco, buscando sus ojos en la penumbra.

​—Estoy bien, Alexander —respondió ella, cubriendo las manos de él con las suyas—. Estoy bien porque estoy contigo.

​Alexander no pudo contenerse más. La pegó con fuerza contra la puerta de madera y aplastó sus labios contra los de ella en un beso desesperado, hambriento, una mezcla de alivio, posesividad y deseo primitivo. Elena le rodeó el cuello con los brazos, entregándose por completo al fuego que los consumía incluso mientras el peligro rondaba afuera.

​El sonido distante de un disparo rompiendo el cristal de la entrada principal cortó el momento.

​—Ya están en el patio —dijo Alexander, apartándose a regañadientes con la mirada transformada en puro acero—. Es hora de terminar con esto.

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Francisca Letycia MirandaGarcia
otra vez su misma técnica de la otra vez
Francisca Letycia MirandaGarcia
esto se pone más peligroso
Francisca Letycia MirandaGarcia
ahora sí que por fin acaben con él
Francisca Letycia MirandaGarcia
y desde entonces no han hecho nada?
Francisca Letycia MirandaGarcia
bueno no tarda en haber un romance enmedio del peligro
Francisca Letycia MirandaGarcia
yo diría al verdadero caos
Francisca Letycia MirandaGarcia
pq tienen que ser tan duros los jefes, con cara de amargados
Daniel Valmont: Están farmeando aura 🤣
total 1 replies
Francisca Letycia MirandaGarcia
se nota interesante gracias
Daniel Valmont: Gracias por darle una oportunidad ☺️
total 1 replies
Edith Zenteno
buuuu lo mismo cuando mataron a su hermano si es un ceo tan importante donde están la camionetas con guardaespaldas?
Daniel Valmont: Están de huelga 🤣
total 1 replies
Martha Divas Delgado
muy buen comiendo autora me gusta
Daniel Valmont: Me alegra que te guste, por cierto soy hombre🤭
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