CONTINUACIÓN DE POLVO Y PROMESAS Veinte años después de que Valentina y Ethan Blackwood encontraran el amor entre polvo, caballos y promesas, la historia de los Blackwood continúa. Mike Blackwood nació y creció entre los campos de su familia , no imagina una vida lejos de aquellas tierras. Alessandra es una estudiante universitaria de tercer año que llega al pueblo como parte de un intercambio académico para continuar sus estudios Inteligente, decidida y apasionada por los animales, no está dispuesta a dejarse impresionar por un cowboy engreído que parece creer que sabe absolutamente todo ( de quien lo habrá heredado?) Su primer encuentro no podría salir peor. Pero enamorarse no estaba en los planes de ninguno. Mucho menos cuando ambos están convencidos de que el otro es exactamente la clase de persona que deberían evitar. Porque algunas historias de amor comienzan con una promesa. Y otras… comienzan con una discusión. Mike Blackwood y Alessandra están a punto de descubrir que el destino también sabe ensuciarse las botas. Una nueva generación. Un nuevo amor. El mismo rancho donde todo comenzó.
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Una opinión demasiado sincera
Las semanas continuaron y, poco a poco, Alessandra dejó de sentirse como una visitante en el rancho.
Ya conocía los horarios de los animales, sabía dónde encontrar cada herramienta y había aprendido las pequeñas costumbres de la familia Blackwood.
Y, sobre todo, su práctica estaba yendo realmente bien.
Ethan había empezado a confiar en ella para tareas más importantes. Mike ya no necesitaba explicarle cada cosa y, aunque jamás lo admitiría demasiado rápido, confiaba bastante en sus decisiones.
Aquella mañana, Alessandra estaba revisando a uno de los terneros cuando escucharon el sonido de un vehículo acercándose.
—¿Esperamos a alguien? —preguntó ella.
Ethan miró hacia el camino.
—Debe ser tu supervisor.
Alessandra se enderezó inmediatamente.
—¿Hoy?
—Me avisaron ayer.
—Yo no sabía.
Mike, que estaba acomodando unas herramientas cerca de ellos, sonrió.
—¿Nerviosa?
—No.
—Estás nerviosa.
—No lo estoy.
—Estás hablando más rápido.
Alessandra lo miró.
—¿Quieres que te deje inconsciente antes de que llegue?
Mike soltó una carcajada.
—Ahí está. Ya estás mejor.
El vehículo se detuvo frente al rancho y un hombre bajó con una carpeta en la mano.
Saludó primero a Ethan y luego a Alessandra.
—Buenos días. Vengo a observar cómo se está desarrollando la práctica de Alessandra y, por supuesto, a conocer también la opinión del responsable del establecimiento.
Ethan estrechó su mano.
—Bienvenido. Puede observar todo lo que necesite.
Alessandra respiró profundamente.
El supervisor comenzó a hacerle preguntas mientras caminaban por el terreno.
Ella explicó con seguridad qué estaba haciendo, por qué había elegido determinados procedimientos y qué había aprendido durante aquellas semanas.
Ethan intervenía de vez en cuando para aclarar algún detalle.
Mike permanecía cerca, ocupado con el trabajo.
Pero escuchaba todo.
Cuando llegaron junto a unos animales, Alessandra detectó rápidamente que uno de ellos estaba más inquieto de lo habitual.
Se acercó con cuidado, observó su comportamiento y explicó lo que creía que estaba ocurriendo.
El supervisor asintió.
—¿Y qué harías?
Alessandra respondió con seguridad.
—Primero comprobaría si hay algún cambio en el entorno. No parece una reacción agresiva, sino de incomodidad. Revisaría el agua, el alimento y también si hay algún animal que lo esté alterando.
Ethan sonrió.
—Eso fue exactamente lo que hizo cuando apareció el problema la semana pasada.
El supervisor tomó algunas notas.
—Veo que está bastante integrada.
—Lo está —respondió Ethan.
Alessandra continuó con su trabajo.
Y Mike no pudo evitar observarla con una sonrisa.
Ella estaba concentrada, segura de sí misma y completamente cómoda entre los animales.
Era evidente que había progresado.
Después de un rato, el supervisor cerró la carpeta.
—Ethan, me gustaría conocer su opinión como responsable del rancho.
Ethan asintió.
—Alessandra ha aprendido rápido. Es responsable, pregunta cuando necesita hacerlo y, sobre todo, tiene buen criterio con los animales. No se limita a seguir instrucciones. Observa y piensa antes de actuar.
Alessandra sonrió discretamente.
El supervisor miró entonces hacia Mike.
—¿Y tú?
Mike levantó la cabeza.
—¿Yo?
—Trabajas con ella bastante. ¿Cuál es tu opinión?
Mike podría haber respondido de manera sencilla.
Podría haber dicho que era buena.
Que había mejorado.
Que aprendía rápido.
Pero Mike tenía un pequeño problema.
Cuando se trataba de Alessandra, su filtro parecía desaparecer.
—Es asombrosa.
Silencio.
Alessandra lo miró.
Ethan también.
El supervisor levantó ligeramente las cejas.
Mike se dio cuenta de lo que acababa de decir.
—Quiero decir…
Demasiado tarde.
Alessandra tenía una sonrisa enorme.
Mike se aclaró la garganta.
—Es muy buena trabajando.
—Eso no fue lo que dijiste —comentó Ethan.
Mike le lanzó una mirada.
—Papá.
El supervisor sonrió.
—Parece que tiene una opinión bastante favorable.
—La tiene —dijo Alessandra, divertida.
Mike la miró.
—Porque es verdad.
Esta vez no intentó corregirse.
Alessandra bajó la mirada, intentando ocultar lo feliz que la había hecho escucharlo.
El supervisor terminó sus anotaciones y agradeció a Ethan por su tiempo.
Antes de marcharse, le dijo a Alessandra:
—Tu desempeño hasta ahora es muy bueno. Continúa así.
Cuando el vehículo se alejó, Alessandra se quedó junto a Mike.
—¿Asombrosa?
Mike la miró.
—Sí.
—Podrías haber dicho simplemente que trabajo bien.
—Podría.
—Pero dijiste asombrosa.
—Porque lo eres.
Ella sonrió.
—Eso fue otro cumplido.
Mike se encogió de hombros.
—Quizás.
Alessandra se acercó un poco.
—Me gustan tus cumplidos cuando no intentas disfrazarlos.
Mike sonrió.
—Entonces tendré que dejar de disfrazarlos.
Ella lo miró durante unos segundos.
—Quizás.
Y ambos volvieron al trabajo.
Pero esta vez, ninguno consiguió quitarse la sonrisa de encima.