Él dijo que era la peor novela que había leído.
El universo decidió convertirlo en protagonista.
Johan Libert tenía una misión sencilla: entrar en una novela, demostrar que la historia era absurda y salir victorioso.
Pero el destino tenía otros planes.
Después de criticar públicamente una historia por ser “incoherente”, Johan despierta en un mundo donde existen alfas, betas y omegas.
Y descubre algo todavía peor.
Él es un omega.
Para regresar a su mundo deberá cumplir una condición completamente ridícula: conquistar al hombre que el sistema ha elegido como su pareja destinada.
Un alfa frío. Poderoso. Terriblemente atractivo.
Y, para desgracia de Johan…
completamente obsesionado con él.
—¡Esto no tiene sentido! —grita Johan.
El sistema responde:
[Corrección detectada.]
[El protagonista acaba de enamorarse.]
—¡YO NO ME ESTOY ENAMORANDO!
[Negación registrada.]
[Nivel de enamoramiento: 87 %.]
Ahora Johan tendrá que sobrevivir a un romance que jamás pidió.
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La ruptura del guion
La música de cuerdas llenaba el gran salón, suave y elegante, pero para Johan cada paso que daba por la escalinata de mármol sonaba como un trueno en su propio pecho. Las puertas dobles estaban abiertas de par en par. Cientos de velas doradas iluminaban el salón de baile, los cristales brillaban, los vestidos de seda y los esmóquines se mezclaban en un mar de riqueza y perfección. Y en el centro, bajo el candelabro más grande, estaban ellos: Adrián, alto e imponente, e Isabella, radiante, con un vestido color marfil que parecía hecho de luz misma.
Todos los ojos estaban puestos en la pareja perfecta. Nadie esperaba ver a nadie más. Nadie esperaba verlo a él.
Johan llegó al último escalón. Respiró hondo. Y dio un paso hacia el salón.
El silencio cayó de golpe. Primero fue un murmullo que se apagó, luego un silencio absoluto, como si todo el aire hubiera sido succionado fuera de la habitación. Cabezas se giraron. Miradas de sorpresa, de confusión, de escándalo recorrieron la sala.
Adrián sintió la presencia antes de verlo. Se giró lentamente, y cuando sus ojos se encontraron con los de Johan, su expresión se heló. No era solo sorpresa. Era furia oscura, contenida al límite. Sus ojos se oscurecieron hasta volverse casi negros, y su mandíbula se tensó con tanta fuerza que parecía que podía romperse.
Isabella también se giró, con una sonrisa dulce y confundida.
—¿Adrián? ¿Quién es…?
Pero Adrián no respondió. Dio un paso hacia Johan, largo y pesado, cortando el espacio entre ellos como un cuchillo.
—¿Qué haces aquí? —susurró con voz baja, tan cargada de rabia que solo él podía oírlo—. ¿Te dije que salieras? ¿Te dije que te mostraras?
Johan no retrocedió. Levantó la barbilla, consciente de que todos miraban, de que era la mancha en su noche perfecta.
—¿Por qué no debería estar? —respondió con voz clara, lo suficientemente fuerte para que los que estaban cerca lo oyeran—. ¿Acaso eres dueño de mi existencia solo cuando estás encerrado conmigo? ¿Y aquí debo dejar de existir?
Adrián lo sujetó del brazo con fuerza, apretando hasta hacerle daño, intentando arrastrarlo lejos.
—Vuelve arriba. Ahora. Antes de que te haga arrepentir de haber nacido.
—¡No! —Johan se soltó con un movimiento brusco, y en ese instante la tela de su camisa se deslizó levemente, dejando al descubierto el cuello y la marca roja, viva y brillante, que el alfa le había dejado—. ¡No voy a esconderme mientras tú te haces el hombre perfecto con otra! ¡No voy a ser el secreto sucio que guardas en una habitación mientras todos te aplauden!
Un murmullo de escándalo recorrió la sala. Isabella se puso pálida. Miró la marca en el cuello de Johan, y luego miró a Adrián, con los ojos llenos de confusión y dolor.
—Adrián… ¿qué significa eso? ¿Esa marca…?
Adrián no la miró. No apartó los ojos de Johan. Y en su mirada, entre la furia y la amenaza, brillaba también algo más: pánico. No por él. Porque el guion se estaba rompiendo. Porque el amante sumiso, el que debía sufrir en silencio y desaparecer, acababa de alzar la voz frente a todo el mundo.
[⚠️ ALERTA — DESVIACIÓN CRÍTICA DE LA TRAMA.]
[Evento no registrado: El amante omega se revela públicamente.]
[Estabilidad de la historia: 62% y bajando.]
—Te lo advertí —dijo Adrián, bajando la voz hasta convertirse en un gruñido gutural, propio de un alfa al límite—. Te dije lo que pasaría si desobedecías. Y ahora… ahora me obligas a hacer algo que no quería hacer delante de todos.
—Hazlo —reto Johan, con el corazón a punto de estallar, pero sin bajar la mirada—. Castígame. Grítame. Diles quién soy. Pero no mientas. No finjas que no existo.
Adrián dio un paso más, tan cerca que su olor lo envolvió todo: pino, lluvia, furia y algo que quemaba.
—No sabes lo que acabas de desatar —susurró contra su oído—. Esto no será un castigo, Johan. Será una lección. Y la aprenderás hasta los huesos.
Lo tomó de la muñeca con una fuerza que no permitía resistencia, y antes de que nadie pudiera hablar o moverse, lo arrastró hacia la salida, hacia las escaleras, lejos de las luces y de las miradas, hacia la oscuridad del pasillo de atrás.
—¡Suéltame! —gritó Johan, luchando, aunque sabía que no podía ganar contra él—. ¡Déjame ir!
—¡Cállate! —rugió Adrián, abriendo una puerta de un empujón y lanzándolo dentro de una habitación oscura, grande y silenciosa—. ¡Por fin te callas!
La puerta se cerró de un golpe seco. La llave giró. Y en la penumbra, solo quedaron ellos dos: el alfa que había perdido el control de su propia historia, y el omega que acababa de quemar el guion.
Adrián se giró hacia él, los ojos brillando con una intensidad aterradora.
—¿Estás satisfecho? —escupió, caminando hacia él—. ¿Lograste lo que querías? ¿Hacer el ridículo? ¿Humillarme delante de todos?
—Hice lo que tú no te atrevías a hacer —respondió Johan, retrocediendo hasta chocar contra una estantería—. Decir la verdad.
Adrián se detuvo justo frente a él, invadiendo todo su espacio.
—¿La verdad? —Se inclinó, su respiración caliente golpeando su rostro—. La verdad es que ahora todos saben que eres mío. Que te marqué. Que te poseo. Y nadie te va a mirar igual. Nadie te va a querer. Porque tú… ya eres de otro. De mí.
Johan apretó los puños, las lágrimas quemándole los ojos pero sin caer.
—No soy tuyo.
—¿No? —Adrián alzó una mano, rozando con el pulgar la marca del cuello, haciendo que Johan temblara de rabia y no de placer—. Entonces ¿por qué tiemblas cuando te toco? ¿Por qué tu respiración se acelera cuando estoy cerca? ¿Por qué tu cuerpo me responde aunque tu mente se niegue?
[⚠️ VÍNCULO: 55% — ACELERACIÓN POR CONFLICTO EMOCIONAL.]
[El lazo se fortalece ante la intensidad de la interacción.]
—Maldito sistema —murmuró Johan, mordiéndose los labios.
Adrián entrecerró los ojos.
—¿Qué dices?
—Dije que no me vas a romper —respondió Johan, levantando la vista, desafiándolo con la mirada—. Puedes encerrarme. Puedes castigarme. Puedes marcarme toda la vida. Pero nunca… nunca vas a tener mi corazón.
Adrián se quedó inmóvil, tan cerca que sus frentes casi se tocaban. Y por un instante, la furia en sus ojos se suavizó, reemplazada por algo mucho más peligroso: fascinación.
—Ya veremos —susurró, y su voz ya no era de amenaza, era de una promesa profunda y oscura—. Porque voy a hacer que me lo des. Voy a hacer que me lo pidas. Y cuando lo hagas… ambos sabremos que perdiste.