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MALA DESDE LA CUNA Esta Señorita Te Sorprenderá

MALA DESDE LA CUNA Esta Señorita Te Sorprenderá

Status: Terminada
Genre:Mujer poderosa / Traiciones y engaños / Mundo de fantasía / Completas
Popularitas:3.8k
Nilai: 5
nombre de autor: EspirituCreativo

Lyanne Vesper siempre fue considerada la hija dócil de la poderosa Casa Vesper. Dulce, obediente y sin ambición. Una señorita incapaz de hacer daño. Pero todos estaban equivocados.

Lyanne no se volvió mala por culpa del mundo. Nació así. Desde niña aprendió a esconder sus colmillos detrás de una sonrisa inocente y a convertir las debilidades ajenas en armas.

Cuando el heredero Kaelen la toma como esposa mientras continúa obsesionado con Wynne, Lyanne comprende que el amor nunca será su moneda de cambio. Si no puede tener su corazón, tendrá algo mucho más valioso: el poder.

Entre intrigas, traiciones, venenos, guerras entre clanes y una lucha por el Trono de la Luna, Lyanne moverá cada pieza sin que nadie descubra quién está detrás.

Porque cuando todos creen estar jugando contra ella…

ya han perdido.

Y Lyanne solo sonríe.

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EL LEGADO DE LA LUNA

Pasaron los años como ríos que se asientan en su cauce: tranquilos, profundos, constantes. El reino floreció bajo el mando conjunto de Kaelen y de mí. No como rey y su sombra, ni como reina y su adorno, sino como dos columnas que sostenían el mismo techo. Las leyes se hicieron más justas, las fronteras más seguras, y el pueblo aprendió a amar a su reina no por lo que tomaba, sino por lo que daba.

Elian creció convertido en un muchacho alto, de cabello oscuro y ojos dorados que cambiaban con la luz del sol. Tenía la fuerza de su padre y la determinación de su madre, pero también una bondad que no era de nadie más que de él. A los diecisiete años, ya capitaneaba una guardia propia y viajaba por las aldeas escuchando a la gente, tal como yo le había enseñado.

Una tarde de otoño, cuando el viento traía el olor a hojas secas y leña quemada, subí a la torre más alta. Kaelen estaba allí, esperándome, con las manos tras la espalda, mirando hacia el valle que se extendía bajo nuestros pies. Se giró al oír mis pasos, y vi que el tiempo había dejado su huella en él: canas en las sienes, arrugas alrededor de los ojos, una calma que antes no tenía.

—Te estaba esperando —dijo, acercándose para tomar mi mano—. Elian ha vuelto del sur. Dice que los clanes de la frontera le han pedido que sea su mediador. Que lo ven como un rey ya.

—Lo es —respondí, apretando su mano—. No por su nacimiento. Porque escucha. Porque no tiene miedo de ensuciarse las botas con el barro del pueblo.

Kaelen me miró con una sonrisa suave, la de quien ha encontrado la paz al final del camino.

—Tú lo formaste. Tú me formaste a mí. A veces me pregunto qué habría sido de nosotros si no hubieras llegado aquella noche. Si hubiera seguido ciego… perdido en sombras que ni siquiera eran reales.

—No lo sé —admití—. Pero sí sé que lo que construimos no fue por suerte. Fue por elección. Día tras día, eligiendo quedarnos. Eligiendo perdonar. Eligiendo confiar, aunque diera miedo.

Me abrazó entonces, despacio, con la seguridad de quien ya no tiene nada que demostrar, nada que temer. Y en ese abrazo, no había deber, ni obligación, ni corona. Solo él y yo, dos personas que habían sobrevivido a la tormenta y habían aprendido a caminar juntas bajo el sol.

—Me llamaron mala desde la cuna —susurré contra su pecho—. Dicen que nací para destruir.

—Naciste para reinar —corrigió él, suave pero firme—. Y para salvar. A mí. A este reino. A todo lo que importaba. Y nadie… nadie podrá decirte lo contrario.

Esa noche, cuando las antorchas se encendieron en toda la Ciudadela, reuní a mi hijo en mi estudio. El cuaderno de cuero estaba sobre la mesa, lleno hasta el final, las páginas desgastadas por el tiempo y las manos que las habían recorrido tantas veces. Lo tomé y se lo entregué.

—Esto es mi historia —le dije—. No es perfecta. No es limpia. Tiene sangre y lágrimas, errores y orgullos, decisiones que me costaron el sueño y la paz. Pero es la verdad. Y la verdad es lo único que tienes para gobernar sin perderte.

Elian lo tomó con reverencia.

—¿Tú crees que podré estar a la altura? —preguntó, con esa duda sincera que lo hacía tan grande—. ¿De vos? ¿De padre? ¿De todo lo que construisteis?

Me senté frente a él y le miré a los ojos, esos ojos que eran el reflejo de ambos, pero que brillaban con luz propia.

—No tienes que estar a mi altura. Tienes que estar a la tuya. No intentes ser yo, ni tu padre. Sé tú. Elige con el corazón, pero mantén los ojos abiertos. No tengas miedo de llorar, pero no dejes que el dolor te ciegue. Y sobre todo… recuerda que el trono no te da poder. El pueblo te lo presta. Y cuando olvides eso… dejarás de ser rey.

Asintió, apretando el cuaderno contra su pecho.

—Nunca olvidaré quién me lo enseñó.

Los años siguientes fueron de paz y plenitud. Vi a Elian convertirse en el hombre que sabía que sería: justo, valiente, amado. Vi a este reino crecer más allá de lo que nadie imaginó, unido por la lección que aprendimos con tanto dolor: que la fuerza no está en la espada, ni en la corona, sino en la capacidad de ver al otro y no temerlo.

Y un día, ya anciana, sentada junto a la ventana de mis aposentos, viendo cómo el sol se ponía sobre las tierras que había protegido toda mi vida, tomé la pluma por última vez. Kaelen dormía en el sillón cercano, con la mano todavía cerca de la mía. Escribí despacio, con letra temblorosa pero firme:

Aquí termina mi historia. No la de una reina, ni la de una esposa, ni la de una madre. Sino la de una mujer que se negó a ser definida por lo que los demás decían de ella. Me llamaron mala. Me llamaron fría. Me llamaron peligrosa. Y quizás lo era. Pero fui todo eso para construir algo bueno. Para proteger lo que amaba. Para que mi hijo, y el hijo de mi hijo, pudieran vivir en un mundo donde no tuvieran que elegir entre sobrevivir y ser buenos. Que mi historia no sea un ejemplo de perfección. Que sea un ejemplo de perseverancia. De que incluso la que nace en la oscuridad puede llegar a ser luz. Mala desde la cuna… pero buena por elección. Y al final… eso es lo que cuenta.

Cerré el cuaderno. Lo dejé sobre la mesa, junto a la ventana donde la luna llena entraba con su luz plateada, iluminando cada rincón de la habitación, de este hogar, de este reino que ahora seguía adelante sin mí.

Cerré los ojos. Y por primera vez en mi vida, no esperé nada. No luché por nada. Solo descansé. Sabiendo que había hecho todo lo que podía hacer. Que el legado estaba seguro. Que la luna seguiría saliendo. Y que mi nombre, bueno o malo, justo o injusto, quedaría grabado en la piedra y en el corazón de mi pueblo.

 

🐺 FINAL DE LA NOVELA — MALA DESDE LA CUNA

 

Nací con el estigma de la oscuridad. Pero aprendí que la oscuridad no es enemiga de la luz: es su cuna. Y de la más profunda sombra… puede nacer la reina más grande de todas.

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Cecilia Rodriguez
bonita novela, gracias por escribirla y compartirla 🌷🌷🌷
EspirituCreativo: Gracias lectora me encanta que te guste...
total 1 replies
Vanessa Ibáñez Fernández
perdieron el primer que??
Vanessa Ibáñez Fernández
no entinedo porque hace un diario, eso no sería como dejar una evidente evidencia??
EspirituCreativo: Jeje lectora
total 3 replies
Ingrid Perez
Felicidades una historia muy bonita de enseñanza gracias te deseo muchísimas bendiciones 🤗😘
EspirituCreativo: Gracias lectora
total 1 replies
🥰Paty💕 💖
tengo una duda,si en la noche de bodas el no fue a verla como quedó embarazada porque claramente ella dijo que fue en su noche de bodas pero en el capítulo de la noche de bodas se dijo que el fue directo con la amante y no fue con ella ,podría ser tan amable de sacarme la duda ☺️
🥰Paty💕 💖: muchas gracias 🥰por aclarar mis dudas 🥰eres muy buena escritora 👏
total 2 replies
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