Cuando sus mundos chocan, la atracción es inmediata, explosiva y peligrosa. Lo que comienza como una misión para Scarlett se convierte en una obsesión mutua donde la línea entre el deber y el deseo se desdibuja peligrosamente.
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CAPITULO 11
Mierda
murmura Alejandro.
—¿Tu amigo de la infancia?
pregunta Scarlett con amargura.
—Mi hombre de confianza, no sé cómo sabe que estamos aquí.
Marcos se acerca al coche, sin miedo a los federales que seguramente están cerca. Golpea la ventanilla con los nudillos.
—Baja, Alejandro. Hablemos como viejos amigos.
Alejandro aprieta el volante, los nudillos blancos.
—Quédate aquí
le dice a Scarlett.
—Pase lo que pase, no salgas.
—Alejandro...
—Confía en mí.
Baja del coche. Marcos lo recibe con los brazos abiertos, como si realmente estuvieran contentos de verse.
—¿Sabes?
dice Marcos.
—siempre supe que esa mujer te traería problemas. Pero no imaginé que serían tan divertidos.
—¿Qué quieres, Marcos?
—Lo de siempre. Tu puesto. Tu negocio. Todo.
Sonríe.
—Tu padre está viejo. Pronto necesitará un heredero. Y yo quiero serlo.
—Mi padre nunca te elegiría a ti.
—Tu padre me elegirá cuando le diga que su hijo se ha enamorado de una federal y ha huido como un cobarde.
Se acerca, bajando la voz.
—O cuando le diga que su hijo está muerto y yo lo vengué.
Alejandro no se inmuta.
—¿Y crees que mis hombres te seguirían?
—Los tuyos, no. Los míos, sí. Y con el favor de tu padre, todos me seguirán.
—No vas a salirte con la tuya.
—¿No?
Marcos ríe.
—Mira a tu alrededor. El FBI te busca. Yo te encuentro. No tienes salida.
Dentro del coche, Scarlett observa la escena. Su entrenamiento de la FBI evalúa la situación, Marcos tiene al menos cinco hombres, todos armados. Alejandro está desarmado. Ella tiene su arma de repuesto, la que siempre lleva en el tobillo, pero está demasiado lejos para ayudar sin poner en riesgo a Alejandro.
Entonces ve algo más.
Al final de la calle, luces azules y rojas. El FBI se acerca. Williams viene con ellos.
En minutos, esto será una zona de guerra entre dos bandos que quieren lo mismo, a Alejandro.
Scarlett toma una decisión.
Abre la puerta del coche y baja.
—¡Scarlett!
grita Alejandro.
—Tranquila, federal
dice Marcos, viéndola acercarse.
—Esto no es asunto tuyo.
—Todo lo que le pase a él es asunto mío.
Saca su placa del bolsillo, la que no ha usado en semanas.
—Agente especial Scarlett O'Connor. Esto es jurisdicción federal. Ustedes están interfiriendo en una operación del FBI.
Marcos la mira con incredulidad.
—¿Me estás hablando en serio, Con esa placa, Después de todo lo que has hecho?
—Muy en serio.
Su voz es firme, la voz de la agente letal que era antes de enamorarse.
—Los federales están a treinta segundos de aquí. Si no quieren pasar la noche en una celda, sugiero que desaparezcan.
Los hombres de Marcos dudan. Miran a su jefe.
—No va a pasar nada
dice Marcos.
— Ella es una traidora. El FBI también la busca.
—¿Seguro?
Scarlett sonríe.
—Porque yo tengo quince capturas de alto perfil en mi historial. Tú, en cambio, eres un don nadie. ¿A quién crees que van a creer?
El silencio se rompe con el sonido de sirenas cada vez más cerca.
—Esto no termina aquí
dice Marcos, señalándolos con el dedo.
—Los encontraré. A los dos.
—Corre
responde Alejandro.
—Mientras puedas.
Marcos y sus hombres desaparecen en la oscuridad justo cuando los coches del FBI doblan la esquina.
Scarlett y Alejandro quedan solos, frente a las luces cegadoras.
—Ahora sí que estamos jodidos
murmura Alejandro.
—Cállate y bésame.
Él la besa, un beso rápido, feroz, mientras los federales descienden sobre ellos con las armas en alto.
—¡Alto, Manos arriba!
Scarlett se separa lentamente, levantando las manos. Alejandro hace lo mismo.
—Agente O'Connor
la voz de Williams llega desde atrás de las luces.
—Has hecho un excelente trabajo.
Scarlett frunce el ceño.
—¿Cómo dice?
—La misión. Infiltrarte, ganar su confianza, llevarlo hasta aquí. Excelente trabajo.
Alejandro la mira, la confusión y el dolor cruzando su rostro.
—¿Scarlett, Qué está diciendo?
—No, yo no...
—Moretti
interrumpe Williams.
— tienes derecho a guardar silencio. Cualquier cosa que digas...
—¡Yo no lo entregué!
grita Scarlett.
—¡Esto no es una misión!
—Claro que lo es.
Williams sonríe con suficiencia.
—Y tú la has completado perfectamente.
Alejandro retrocede, alejándose de ella.
—Me utilizaste. Todo este tiempo... la huida, el embarazo... todo era parte del plan.
—¡No, No es verdad!
Scarlett intenta acercarse, pero los agentes la sujetan.
—Alejandro, por favor, tienes que creerme. Yo no sabía nada. Yo...
Alejandro la mira con los ojos llenos de odio y dolor.
—Te odio
susurra.
— Te odio por hacerme creer.
—Alejandro, no...
Pero él ya no la escucha. Los agentes lo esposan y lo meten en uno de los coches.
Scarlett lucha contra quienes la sujetan.
—¡Suéltenme, Tengo que hablar con él!
—Tranquila, O'Connor
dice Williams, acercándose.
—Has hecho tu trabajo. Ahora déjalo ir.
—¡Usted hizo esto, Usted manipuló todo para que él pensara que lo traicioné!
—Yo no hice nada. Solo dejé que él sacara sus propias conclusiones.
Sonríe.
—Y funcionó perfectamente.
Scarlett lo mira con gnas de asesinarlo.
—Cuando salga de aquí, lo mato.
—No vas a salir de aquí. Orden de suspensión. Vas a volver a la oficina para una evaluación psicológica. Parece que te has involucrado demasiado con el objetivo.
—¡Estoy embarazada de él!
El silencio es absoluto.
Williams la mira largamente.
—Eso complica las cosas.
—No voy a dejar que le hagan daño. Es el padre de mi hijo.
—Tu hijo
repite Williams.
—El hijo de un mafioso. Qué bonita familia.
—Usted no entiende nada.
—Entiendo que tienes dos opciones, cooperas y tal vez, tal vez, puedas verlo algún día. O te resistes y te aseguro que nunca volverás a verlo. Ni a él ni a tu hijo.
Scarlett siente que el mundo se derrumba.
Mira hacia el coche donde Alejandro está esposado. Él no la mira. No quiere verla.
—Llévenme con él
pide.
—Déjenme explicarle.
—No.
Williams es tajante.
—Ya has hecho suficiente daño. Y ahora te vas a venir conmigo.
Mientras la meten en otro coche, Scarlett solo puede pensar en una cosa, Alejandro cree que lo traicionó. Y el hombre que la ama con locura, el hombre que iba a huir con ella, ahora la odia más que a nada en el mundo.
El viaje a las oficinas del FBI es un borrón. Scarlett no recuerda haber subido al coche, ni haber dado declaraciones, ni nada. Cuando vuelve a ser consciente de sí misma, está en una habitación blanca, pequeña, con una cama y un escritorio.
Una celda. Está en una celda.
Toca su vientre.
—Pequeño
susurra.
—Tu padre cree que lo traicionamos. Pero no es verdad. Y vamos a demostrárselo. Como sea.
Afuera, la noche avanza.
Y en algún lugar de la ciudad, Alejandro Moretti está siendo interrogado, convencido de que la única mujer que ha amado era una mentira andante.
El odio y el amor, piensa Scarlett, son la misma cosa vista desde distintos lados.
Y ella está dispuesta a cruzar al otro lado para recuperarlo.