LUCIAN SANTOS , un hombre guapo y libre de ataduras ,no vive así por alguna decepción o algo que se le parezca ,no ,es el estilo de vida que el prefiere, pero todo da un giro inesperado; cuando una mañana aparece una bebe en su puerta y solo necesita la ayuda de la mujer que siempre está a su disposición ,para ayudarlo en esta nueva travesía (su secretaria) ,sin imaginar el gran secreto que ella guarda...
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Están jugando muy bien su papel
El regreso del hospital marcó el inicio de una nueva fase en el Penthouse. Ya no eran el jefe y la secretaria compartiendo un espacio de trabajo; ahora, ante los ojos del personal de servicio, de los guardaespaldas y, sobre todo, ante la mirada vigilante de Victoria Santos, eran un matrimonio joven lidiando con las secuelas de un escándalo familiar.
Lucian ordenó que las pertenencias de Elena fueran trasladadas de la habitación de invitados a la suite principal. Fue una orden ejecutiva, dada con la misma frialdad con la que firmaba una orden de compra, pero cuando vio las maletas de Elena junto a su enorme cama de roble, sintió un vuelco en el estómago que no supo clasificar.
—Es por la apariencia, Rivas —dijo Lucian, evitando mirarla mientras se desabrochaba los puños de la camisa—. Mi madre tiene espías hasta en las paredes. Si se entera de que dormimos en habitaciones separadas, el acta de matrimonio no servirá ni para encender la chimenea.
Elena asintió, sosteniendo a Mikeila contra su pecho. La bebé estaba inquieta, contagiada por la tensión del ambiente.
—Lo entiendo, Lucian. No tiene que darme explicaciones. Cumpliré con mi parte del trato.
—Bien. Porque la cena benéfica es en tres días —Lucian se giró, observándola. Elena se veía pequeña en la inmensidad de la suite, pero su presencia llenaba la habitación de una forma que ninguna de sus anteriores amantes había logrado
—. Mi madre ha invitado a los apellidos más antiguos de la ciudad. Quieren sangre, Elena. Quieren ver a la "secretaria advenediza" tropezar con su propio vestido.
—No voy a tropezar —respondió ella con una calma que lo sorprendió—. He pasado dos años anticipando sus necesidades, señor Santos. Anticipar los ataques de la alta sociedad neoyorquina no es tan diferente.
Lucian soltó una risa seca, pero sus ojos se suavizaron por un instante.
—A veces olvido que tienes una armadura debajo de esos trajes grises.
Los días siguientes fueron un torbellino de actividad. Lucian insistió en que Elena debía conocer cada detalle de su vida "en común" que habían inventado. Se sentaron durante horas en la biblioteca, revisando álbumes de fotos de la infancia de Lucian para que ella supiera quién era quién en el árbol genealógico de los Santos.
—Esa es la tía abuela Beatrice. Odia el salmón y cree que el arte moderno es una estafa —explicaba Lucian, señalando una foto—. Y ese es mi primo segundo, Marcus. Intentará seducirte para ver si eres "comprable". No le quites la vista de encima.
Elena escuchaba con atención, tomando notas mentales. Pero lo que más le costaba no eran los nombres, sino la cercanía física. Lucian, para acostumbrarse a la farsa, empezó a tocarla más a menudo: una mano en su cintura mientras caminaban, un beso en la frente frente a las mucamas, o simplemente sentarse tan cerca de ella que sus muslos se rozaban.
Para Lucian, estos gestos empezaron como una necesidad táctica, pero pronto se convirtieron en algo instintivo. Se sorprendió a sí mismo buscando la mano de Elena mientras leían, o aspirando el aroma a vainilla de su cabello cuando ella se inclinaba para mostrarle algo en la tableta.
—Rivas... —dijo él de repente, una noche mientras compartían una copa de vino tras haber acostado a la bebé—. ¿Por qué aceptaste esto tan rápido? Sé lo de tus deudas, sé lo de tu padre... pero casarse con un hombre como yo, con mi reputación, es un sacrificio muy grande para una mujer como tú.
Elena bajó la vista hacia su copa. El secreto de su maternidad y el peso de su futuro pendían de un hilo.
—Usted me dio seguridad cuando más la necesitaba, Lucian. Y Mikeila... ella es todo mi mundo. Si ser su esposa por contrato es el precio para que ella crezca con el apellido que le corresponde y la protección de esta casa, lo pagaría mil veces.
Lucian la observó en silencio. "Es por la niña", se dijo a sí mismo, intentando ignorar la punzada de decepción que sintió al confirmar que ella no lo hacía por él. "Todo en ella es por Mikeila".
Mientras tanto, Victoria Santos no se había quedado de brazos cruzados. Desde su suite, recibía informes diarios. Sabía que Lucian y Elena compartían la habitación, sabía qué pasaban horas juntos en la biblioteca y sabía que Lucian había cancelado todas sus reuniones sociales externas.
—Están jugando muy bien su papel —murmuró Victoria a García, quien le servía el té—. Demasiado bien. Lucian nunca ha sido un buen actor en los asuntos del corazón. O realmente ha estado ocultando esto durante un año, o esa mujer tiene un poder sobre él que no logro descifrar.
—Tal vez, señora, simplemente es que el señor Lucian finalmente ha encontrado a alguien que no le teme —respondió García con su neutralidad
Habitual.
Victoria entrecerró los ojos.
—Veremos cómo se comporta esa "valentía" bajo las luces de la gala. He encargado el vestido para Elena. Quiero que brille, García. Quiero que sea tan espectacular que el escándalo sea imposible de ignorar. Si va a ser una Santos, Nueva York la devorará viva o la coronará. Y yo estaré allí para ver cuál de las dos ocurre.
Al caer la noche, en la suite principal, Lucian y Elena se preparaban para dormir. Lucian se acostó en su lado de la cama, manteniendo una distancia respetuosa, pero el espacio parecía vibrar con lo que no se decían.
—Buenas noches, Lucian —susurró Elena, dándole la espalda.
—Buenas noches, Elena —respondió él, mirando el techo—. Y recuerda... mañana viene el sastre. No quiero que parezcas mi secretaria. Quiero que parezcas la mujer que me hizo renunciar a todas las demás.
Elena cerró los ojos, deseando que esa frase fuera verdad. Por un momento, en la oscuridad del dormitorio, la mentira se sintió tan cálida que casi pudo olvidar que todo era un contrato, y que el tiempo, ese juez implacable, seguía corriendo en su contra.
La narración me hace morir de risa 😂😂😂😂😂