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TENTACIÓN PROHIBIDA CON EL TIO

TENTACIÓN PROHIBIDA CON EL TIO

Status: En proceso
Genre:Amante arrepentido / Amor-odio / Matrimonio arreglado
Popularitas:6.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Azly colon

Emma Spencer descubrió que el hombre al que amaba y con el que mantuvo una relación secreta durante meses la iba a traicionar casándose con otra mujer. Embarazada, herida y sedienta de venganza, decide dar el golpe definitivo: casarse en secreto con el enigmático y poderoso tío de su ex. Lo que comenzó como una alianza impulsiva y fría para destruirlos a todos se convierte en un peligroso juego de secretos, poder y una pasión incontrolable que pondrá en riesgo mucho más que sus propias vidas.

NovelToon tiene autorización de Azly colon para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

capitulo 16

El eco de los claxon de las limusinas y el clamor de los reporteros agolpados tras las vallas metálicas de la Quinta Avenida aún resonaba en mis oídos cuando la pesada puerta blindada de la Maybach negra se cerró con un chasquido hermético.

El silencio que nos envolvió de inmediato fue denso, casi sofocante. Las lunas tintadas del vehículo aislaban el interior del caos absoluto que habíamos dejado atrás en la escalinata de la Catedral de San Patricio. Fuera, los destellos de las cámaras aún parpadeaban como una ráfaga ininterrumpida de disparos, iluminando el cristal tintado en un intento desesperado por capturar la imagen de la nueva y escandalosa señora Vance.

A mi lado, Arthur se reajustó la solapa de su esmoquin con una calma exasperante. No había en sus facciones ni un solo rastro del estrés o la euforia que a mí me encendían la sangre. Tenía la compostura de un monarca que acaba de firmar una orden de ejecución de rutina antes del almuerzo.

Me eché hacia atrás contra el cuero perfumado del asiento, dejando escapar un largo suspiro. El peso del collar de diamantes en mi cuello se sentía ahora como una armadura de hierro. Mi corazón latía a un ritmo desbocado, no por el pánico, sino por la descarga brutal de adrenalina que significaba ver la cara de Julián hundiéndose en la miseria mientras la policía lo escoltaba hacia la calle.

—¿Satisfecha, mi reina? —la voz grave de Arthur rompió el aislamiento del vehículo.

Giré la cabeza para mirarlo. Sus ojos grises, oscuros como el acero pulido, estaban clavados en mí con una fijeza penetrante.

—Satisfecha es una palabra demasiado modesta, Arthur —respondí, esbozando una sonrisa helada mientras me arreglaba los pliegues de la seda marfil de mi vestido—. Lo que hemos hecho hoy en ese altar entrará en los manuales de historia corporativa de esta ciudad. La firma de los Montgomery está acabada y Julián tardará años en limpiar su nombre, si es que consigue salir bajo fianza antes del lunes.

—Julián es historia pasada, Emma —dijo Arthur con ligereza, descartando la mención de su sobrino con un leve movimiento de su mano—. Él ya ha recibido su lección. Ahora lo que debe preocuparte es lo que viene a partir de este segundo.

El tono de su voz bajó un octavo, volviéndose áspero, imperioso y cargado de un matiz que hizo que la piel de mis brazos se erizara bajo la fina tela del vestido.

El vehículo arrancó con suavidad, deslizándose por el tráfico convulso de Manhattan en dirección al helipuerto privado del Midtown.

—¿A qué te refieres? —pregunté, alzando la barbilla para sostenerle la mirada—. Las acciones están transferidas, la orden de destitución está firmada y el matrimonio está registrado legalmente. El plan ha salido a la perfección.

Arthur se inclinó hacia mí. La mole de su cuerpo llenó el espacio entre los dos, eliminando cualquier distancia de seguridad. Su perfume a madera de cedro, tabaco y whisky me envolvió al instante, un aroma embriagador que activaba cada uno de mis sentidos con un reflejo casi involuntario.

—Ese era *tu* plan, Emma. La ejecución táctica para destruir a tu ex prometido —murmuró, y su mano grande y pesada se posó sobre mi rodilla desnuda, apretando la carne con una firmeza que me obligó a contener el aliento—. Pero la realidad que acabas de firmar va mucho más allá de una venganza de fin de semana.

—¿Y cuál es esa realidad según tú? —desafié, sintiendo cómo el calor de su palma comenzaba a subir por la seda de mi falda.

—La realidad es que la alta sociedad de Nueva York no es un tablero de ajedrez que puedes abandonar cuando ganas la primera partida —dijo, trazando círculos lentos con su pulgar sobre la parte interna de mi muslo—. Las hienas de la junta directiva, los periodistas de *The Wall Street Journal* y las viejas familias de Park Avenue van a analizar cada uno de tus pasos, cada mirada que me dediques, cada gesto que tengamos en público. Si perciben la menor grieta entre nosotros, si huelen que esto ha sido un matrimonio de conveniencia para ejecutar una maniobra de toma de control, nos freirán a demandas por conspiración y fraude de valores.

El aire en el interior de la limusina se volvió denso. Su mano continuó subiendo con una parsimonia tortuosa, desplazando la tela de mi vestido hasta dejar al descubierto la piel de mi pierna.

—Sé cómo manejar a la prensa y a los accionistas, Arthur —protesté con la voz ligeramente alterada por el contacto de sus dedos.

—No se trata solo de la prensa, Emma —interrumpió, sujetando mi cara con su otra mano, obligándome a mirarlo directamente a los ojos. Su pulgar rozó la línea de mi labio inferior con una lentitud amenazante—. Se trata de ti y de mí. Te adentraste en mi dominio en busca de protección y venganza, y yo te entregué la corona de mi imperio. Pero este matrimonio no es un contrato de arrendamiento temporal. No es un juego de rol corporativo.

—Firmamos un acuerdo, Arthur...

—Firmamos un matrimonio civil pleno —corrigió con una voz tan baja y rasposa que me provocó una sacudida en el vientre—. Ante la ley, ante Dios y ante cada tiburón de esta ciudad, eres la señora Vance. Y no voy a tolerar que juegues a ser mi esposa solo cuando las cámaras están encendidas.

—¿Me estás advirtiendo? —pregunté, sintiendo un chispazo de indignación mezclado con un placer oscuro que comenzaba a encenderme por dentro.

—Te estoy marcando los límites del terreno, mi reina —susurró Arthur, acortando los últimos centímetros entre sus labios y los míos—. Si queremos que este imperio sobreviva a la carnicería legal que se avecina, el mundo tiene que ver una pareja real. Un matrimonio unido por el poder, por el respeto... y por una pasión indiscutible. No voy a aceptar distanciamientos ni papeles de fachada. Cuando estemos en público, vas a mirarme como si fuera el único hombre en la tierra. Y cuando estemos a solas... vas a entregarte a mí sin reservas.

La exigencia en sus palabras no era la de un chantajista; era el reclamo de un hombre que conocía su valor y que no estaba dispuesto a aceptar menos que una rendición total.

Antes de que pudiera articular una respuesta, la mano de Arthur que descansaba en mi muslo se desvió con precisión calculada, colándose bajo el encaje de mi lencería. Sus dedos largos y calientes encontraron mi centro, descubriendo la humedad inevitable que la tensión del altar y su presencia dominante habían generado en mi cuerpo.

Un gemido sordo se me quebró en la garganta. Intenté cerrar las piernas por puro instinto, pero Arthur usó su rodilla para mantenerlas separadas, aprisionándome contra el respaldo de cuero.

—Arthur... el chofer... —jadeé, mirando de reojo el panel de cristal que nos separaba del conductor.

—El cristal es opaco y con aislamiento acústico total —murmuró él contra mi cuello, mordisqueando el punto exacto donde mi pulso latía desbocado—. Pero aunque no lo fuera, Emma... tú eres mi esposa. Y yo tomo lo que es mío cuando me place.

Sus dedos comenzaron a moverse con un ritmo lento, profundo y calculador. Cada presión de su pulgar sobre mi clítoris enviaba chispas de fuego directo a mi abdomen. Apreté las manos contra sus hombros, sintiendo la dureza de sus músculos bajo la tela del esmoquin. La sensación de estar siendo poseída en el asiento trasero de una limusina a toda velocidad por el centro de Manhattan, con la ciudad entera especulando sobre nuestra vida, me provocó un vértigo de placer insoportable.

—Dilo —ordenó Arthur en un gruñido bajo contra mi boca, aumentando la intensidad de sus caricias—. Dime que entiendes las reglas de nuestro matrimonio.

—Arthur... Dios... —arqueé la espalda, buscando desesperadamente más contacto contra su mano.

—Dilo, Emma —insistió, introduciendo dos de sus dedos de forma profunda dentro de mi calidez, sacándome un gemido agudo que resonó en el habitáculo.

—Lo... lo entiendo —jadeé, cerrando los ojos mientras el éxtasis comenzaba a concentrarse en mi vientre con la fuerza de una marejada—. Entiendo las reglas...

—Buena chica —susurró él, y su boca devoró la mía en un beso hambriento, salvaje y dominante que absorbió mis gemidos mientras aceleraba el ritmo de sus dedos hasta llevarme al borde del abismo.

El clímax me golpeó en medio del trayecto, una ola de placer intenso que hizo temblar mis muslos contra sus manos. Apreté mis dedos en su cabello, pegándome a su cuerpo mientras mi respiración se volvía un sollozo ahogado de pura satisfacción.

Arthur no retiró su mano hasta que el último espasmo cedió. Luego, con una calma soberbia, extrajo un pañuelo de seda de su bolsillo, se limpió los dedos con parsimonia y me arregló la falda del vestido con la delicadeza de un caballero protector.

Cuando la limusina se detuvo en el helipuerto privado, yo estaba completamente despeinada, con los labios hinchados por sus besos y el cuerpo aún vibrando por la descarga de placer.

Arthur me miró, reajustándose la corbata con una sonrisa de absoluta satisfacción.

—Ahora sí estamos listos para regresar a casa, señora Vance —dijo, abriendo la puerta del vehículo para ofrecerme la mano.

Lo miré, sintiendo que la trampa en la que me había metido voluntariamente no era una prisión... sino un trono de fuego del que ya no quería ni podía escapar.

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Lacarvel
Ella no es la que que se iba a casa r con Julián y la Beatriz la madre del mismo? Autora revisa por favor
IsaValen 💖
excelente historia
Lacarvel
Apoyemos con el like, regalos y comentarios así llega a más personas esta historia. 🥰
América Solis martinez
no entiendo en un capítulo decía que Emma tiene veintiocho y ahora que tiene treinta y dos ya no entiendo 🤔
Lacarvel: Me paso lo mismo, cuando leí. Esperemos que la autora nos diga, pero tener 32 es mejor jeje
total 1 replies
Lacarvel
Mmmm ella sabe cositas ☹️
Lacarvel
Que terror pero si 🥹
Lacarvel
Madrreeee mijaaaa esa amenaza directaaaa🤯🤯🤯🤯🤯
Lacarvel
Te lleva más de 20 años niña... Más sabe el diablo por viejo que por diablo.... Soltalaaaaaaa de una vez decileeeeee luego será peor ☹️☹️☹️☹️☹️☹️
Lacarvel
Y la que esta guardando un secreto que la va a hundir más adelante 🥹🥹🥹🥹
Lacarvel
Y si más bien le dice a él... Hay no que terror no tiene do de escapar ☹️
Lacarvel
Jum osea que en 9 Meses lo pierdes todoo querida 🤯🤯🤯🤯🤯
Lacarvel
Autora revisa los capítulos del matrimonio creo que están repetidos pero narrados en dos versiones. Perdón si te molesta la observación.
Lacarvel
Querida pero si haces las cosas en orden y dices de una vez de la existencia... Como que es mejor pa vos
Lacarvel
Esta mujer es abrumadoraaaaaa
Lacarvel
Me encantaaaaaa🥰🥰🥰
Lacarvel
Mucho desgraciado 🤯🤯🤯🤯🤯
Milcaris
😂😂😂😂 Queeee 35 capitulos 😮😮 Aquí voy pero con calma Azly y tu eres de las escritoras que vuelan.
Milcaris: Aquí eres feliz 😂😂
total 3 replies
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