Sinopsis
"La Bailarina Rota" es un drama romántico de superación y redención escrito por Sherly Blanco. La historia sigue a Emmeline, la máxima promesa del ballet clásico, cuya brillante carrera se trunca trágicamente una noche en la playa tras sufrir una grave lesión en la pierna al salvar a un joven llamado Felipe de morir ahogado.
Conmovido por su sacrificio y deslumbrado por su belleza, Felipe se casa con ella y promete cuidarla. Sin embargo, a los pocos meses el idilio se rompe: él empieza a distanciarse y Emmeline termina descubriéndolo burlándose de sus cicatrices ante sus amigos, mientras trata con extrema delicadeza a otra mujer. Tras enfrentarlo con dignidad, Emmeline lo abandona para reconstruir su vida desde las cenizas, encontrando un nuevo propósito como maestra de ballet para ayudar a otras jóvenes a cumplir sus sueños, mientras un arrepentido Felipe la busca desesperadamente.
NovelToon tiene autorización de SherlyBlanco para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 10: El Abismo de Cristal
La tarde del gran estreno nacional amaneció envuelta en una atmósfera plomiza y húmeda que parecía contradecir la vibrante energía que se respiraba dentro del Gran Teatro de la Ópera. Faltaban pocas horas para que el telón se levantara y Emmeline Fontane realizara su entrada triunfal como la Prima Ballerina indiscutible del país. Con el fin de despejar la mente y estirar los músculos de forma suave tras semanas de encierro y ensayos extenuantes, Emmeline había decidido salir a caminar por el sendero peatonal que bordeaba el gran lago de la reserva norte de la ciudad, un paraje natural que solía usar como refugio cuando la presión de la danza se tornaba demasiado abrumadora. Vestía ropa deportiva cómoda y una sudadera azul oscuro, manteniendo su largo cabello recogido en el moño alto que ya se había convertido en su sello personal. Nada en la serenidad del paisaje vaticinaba que el destino estaba a punto de romper el cristal de sus días de gloria en un abrir y cerrar de ojos.
A unos doscientos metros de donde ella caminaba, la carretera perimetral corría en paralelo al cuerpo de agua, separada únicamente por una pendiente de césped y una delgada barrera forestal. Al volante de un vehículo antiguo viajaba Felipe, un joven que no tenía absolutamente ningún vínculo con la vida de Emmeline; un completo extraño que regresaba a la ciudad tras una larga jornada de trabajo. Debido a la combinación del asfalto liso y una falla repentina en la dirección de su coche, el vehículo de Felipe perdió la adherencia al salir de una curva pronunciada. El coche derrapó con violencia, rompió la endeble valla de seguridad y rodó ladera abajo a una velocidad descomunal, dando dos vueltas de campana antes de impactar de forma brutal contra la superficie del lago, hundiéndose de inmediato en las aguas profundas y turbias.
El estruendo del metal golpeando el agua rompió el silencio de la reserva y alertó a Emmeline. Sin dudarlo un solo segundo, impulsada por un instinto de supervivencia y humanidad que superaba cualquier rastro de miedo, la joven de diecinueve años corrió hacia la orilla. El vehículo de Felipe se sumergía rápidamente a unos quince metros de la orilla, con el techo completamente aplastado y las ventanas delanteras astilladas. Desde su posición, Emmeline pudo divisar la silueta inerte del conductor a través del parabrisas; el impacto contra el agua lo había dejado inconsciente y el agua comenzaba a inundar el habitáculo a una velocidad alarmante, amenazando con convertir el coche en una trampa mortal de hierro.
Emmeline se despojó de sus tenis y se lanzó al agua helada. El choque térmico fue brutal, pero la adrenalina que corría por sus venas bloqueó cualquier sensación de frío. Nadó con la potencia y la gracia que sus piernas de bailarina le otorgaban, alcanzando el vehículo justo cuando este se asentaba en el fondo del lecho cenagoso, a unos tres metros de profundidad. Con los pulmones ardiendo por la falta de aire, Emmeline se sumergió en el agua turbia. La presión era inmensa. Intentó abrir la puerta del conductor, pero la estructura de metal estaba completamente deformada por las vueltas de campana en la ladera. A través del cristal agrietado, vio que Felipe no reaccionaba y que el nivel del agua dentro del auto ya cubría su pecho.
Sabiendo que cada segundo restaba una oportunidad de vida para el extraño, Emmeline apoyó los pies contra la carrocería del auto para hacer palanca y tiró con una fuerza desesperada de la manija de la puerta trasera, logrando que el pestillo cediera bajo el agua. Se introdujo parcialmente en el habitáculo inundado, a oscuras, sintiendo cómo los bordes del metal retorcido cortaban la piel de sus manos. Con los dedos entumecidos por el frío, logró soltar el cinturón de seguridad que mantenía atrapado a Felipe y lo tomó por debajo de los hombros para arrastrarlo hacia la salida trasera. El peso del joven, sumado a la resistencia del agua, hacía que la tarea fuera casi sobrehumana para la delicada fisonomía de la bailarina.
Fue durante el esfuerzo final para sacar a Felipe del habitáculo cuando ocurrió la tragedia que cambiaría su vida para siempre. Al realizar un impulso violento hacia atrás para liberar el cuerpo del joven, la pierna derecha de Emmeline quedó atrapada entre los fierros retorcidos del asiento delantero que se había desplazado con el choque. En lugar de detenerse y condenar al extraño a morir ahogado, Emmeline dio un tirón ensordecedor y desesperado con todo su cuerpo para liberar tanto a Felipe como a sí misma. En ese instante bajo el agua, un chasquido seco y violento resonó en su rodilla derecha; los ligamentos y la articulación que tantas veces la habían mantenido suspendida en el aire del teatro se rompieron por completo ante la fuerza desmedida y el peso del metal. Una punzada de agonía indescriptible nubló su vista, pero la fuerza de su voluntad no cedió.
Con su pierna derecha completamente inutilizada y arrastrando un dolor que quemaba como el fuego, Emmeline utilizó únicamente sus brazos y su pierna izquierda para propulsar el cuerpo de Felipe hacia la superficie. Emergieron del agua en un jadeo agónico de aire. Sosteniendo la cabeza del joven inconsciente por encima del nivel del agua, Emmeline nadó de espaldas hacia la orilla del lago, arrastrándose sobre el fango y el césped hasta poner a Felipe a salvo en tierra firme. El joven comenzó a toser expulsando el agua de sus pulmones y recuperando sutilmente el conocimiento, salvado de una muerte segura gracias al heroísmo de una completa desconocida.
Sin embargo, para Emmeline, el mundo real se desvaneció en ese mismo instante. Al intentar ponerse de pie para buscar ayuda, su pierna derecha cedió por completo, enviando una onda de choque de dolor que la hizo desplomarse sobre la hierba húmeda. Al mirar hacia abajo, vio la terrible deformación de su rodilla, el daño colosal que la fuerza del rescate había infligido en la herramienta más preciada de su arte. Las lágrimas comenzaron a correr por sus mejillas, mezclándose con las gotas de agua del lago. No lloraba por la herida física, sino por la devastadora certeza que se instaló en su mente mientras escuchaba las sirenas de emergencia aproximarse a la distancia. La corona de plumas de la Prima Ballerina, los aplausos que su familia y Juliana Valois esperaban brindarle esa noche en el palco principal y el debut que marcaría el inicio de su historia se habían quedado en el fondo de ese lago turbio. El sueño de la menor de los Fontane se había frenado en seco en un acto de heroísmo puro, dejando los pasillos del teatro vacíos de su gracia y cambiando su destino para siempre.