Dos hombres, un amor inmenso y el sueño de ser papás. Él es un hombre trans, y juntos llevarán a su bebé en el corazón y en el vientre. No importa lo que digan los demás: esta familia se construye solo nosotros dos.
NovelToon tiene autorización de luana figueroa para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Solo nosotros dos Capítulo 22: El regreso al principio
Un fin de semana de otoño, decidieron hacer un viaje corto: volver al lugar donde todo había empezado. No era un viaje largo, pero para ellos significaba mucho. Caminaron por las mismas calles de Montevideo donde se conocieron, bajo ese mismo cielo que tantas veces los había visto llorar y reír. Luca iba entre los dos, agarrado de sus manos, mirando todo con curiosidad.
—¿Aquí fue donde se chocaron? —preguntó al llegar a la esquina donde el viento se llevó el paraguas de Mateo tantos años atrás.
—Exactamente —respondió Lucas, apretando la mano de Mateo—. Yo creía que era un día cualquiera, pero en realidad fue el día más importante de mi vida.
Mateo se detuvo un instante, miró hacia arriba, cerró los ojos y sintió la brisa fresca en la cara. Muchas cosas habían cambiado: las tiendas eran otras, los árboles habían crecido, él ya no era el chico asustado que caminaba rápido con la capucha puesta. Pero en el fondo, todo seguía igual: ese latido fuerte en el pecho al ver a Lucas, esa certeza de haber encontrado su lugar en el mundo.
Pasaron por la cafetería donde tuvieron su primera cita, por el parque donde hablaron de su sueño de ser papás, por la clínica donde nació Luca. En cada lugar se detuvieron un rato, contándole al niño pequeños detalles: cómo se pusieron nerviosos, cómo dudaron, cómo se dieron cuenta de que no querían estar separados nunca.
—¿Y nunca pensaron que sería demasiado difícil? —preguntó Luca, mientras se sentaban en un banco frente al río.
—Muchísimas veces —admitió Mateo—. Hubo días en que pensé que no podría más, que todo el mundo estaba en contra nuestra. Pero Lucas siempre estaba ahí, recordándome que no tenía que hacerlo solo. Y tú también, aunque todavía no habías nacido: la idea de ti, de la familia que podíamos tener, me daba fuerzas para seguir.
Lucas asintió y miró a los dos con ternura.
—Lo difícil no fue el camino, sino aprender a no pedirle permiso a nadie para ser felices. Aprender que lo que la gente piensa no cambia lo que somos nosotros.
Esa tarde, mientras caminaban de regreso al auto, vieron a un chico joven, con la capucha puesta y la mirada baja, que se detuvo en la misma esquina donde ellos se habían encontrado. Iba a cruzar rápido, pero se tropezó y sus papeles se cayeron al suelo. Mateo corrió a ayudarlo, y al levantarle los papeles vio que eran documentos sobre identidad y transición. El chico se puso muy nervioso y quiso ocultarlos, pero Mateo le sonrió y le dijo muy bajito:
—Sé lo que estás viviendo. Sé que da miedo. Pero no te apresures, no te escondas. Algún día te sentirás tan bien como te mereces. Y si te encuentras con alguien que te quiera de verdad, te sostendrá la mano sin soltarte nunca.
El chico lo miró con los ojos brillantes, sorprendido y aliviado a la vez.
—Gracias —dijo, y sonrió por primera vez.
Al volver a casa, cuando Luca ya dormía, Lucas y Mateo se quedaron en el porche mirando las estrellas.
—¿Te das cuenta? —dijo Lucas—. Lo que construimos no es solo para nosotros. Es para que otros sepan que también pueden hacerlo.
—Sí —respondió Mateo, recostándose en su hombro—. Empezamos siendo dos, perdidos bajo la lluvia. Y ahora somos una historia que puede ayudar a otros. Pero al final, todo sigue siendo lo mismo: el amor que nos tenemos tú y yo, el que nos hizo empezar, el que nos sostiene siempre. Solo nosotros dos.