Katerina lo tenía todo: una mente matemática brillante, el imperio de superdeportivos Vanguard Atelier y un prometido ideal. Pero el día de su coronación como CEO, su mundo se derrumba. Traicionada por su novio y una enemiga oculta, es narcotizada y expuesta en un falso montaje de infidelidad. Humillada públicamente y al borde del colapso, la obligan a firmar la renuncia que le arrebata el negocio familiar.
En la ruina absoluta, Katerina encuentra un aliado inesperado: Luke, el implacable y magnético CEO de la firma legal más poderosa del país. Conocido como el "tiburón de los negocios", Luke no cree en la compasión, pero la brillantez y dignidad de Katerina despiertan en él una obsesión incontrolable.
Entre noches de pasión salvaje y una complicidad peligrosa, ambos diseñan un algoritmo de venganza implacable. Sin embargo, una red de secuestros, atentados armados y secretos oscuros amenazará con destruirlos antes del juicio final. ¿Podrán recuperar el imperio automotriz, o las cicatrices del pasado los consumirán a ambos? Una historia adictiva de traición, mafia corporativa y un amor indomable.
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CAPITULO 9. EL TIBURON DE LOS TRIBUNALES
El despacho de Raúl Méndez hacía honor a su reputación. Ubicado en el piso treinta de una de las torres financieras más altas de la capital, el lugar estaba rodeado de paredes de cristal que ofrecían una vista imponente de la ciudad. El mobiliario de madera de nogal oscura y los tomos de cuero de derecho internacional le daban un aire de poder absoluto.
Raúl, un hombre de treinta y seis años con un traje de tres piezas impecable y una mirada analítica que desarmaba a cualquiera, terminó de examinar el informe del detective García. Dejó las fotografías del hotel sobre su escritorio y se quitó las gafas de lectura, frotándose el puente de la nariz.
—Es una obra de arte de la delincuencia corporativa —sentenció Raúl, mirando fijamente a Katerina y a Brandon, quienes se sentaban al otro lado de la mesa—. Vicio de consentimiento por administración de sustancias controladas, fraude civil, alteración de pruebas digitales y conspiración delictiva. Katerina, el acuerdo de divorcio que firmaste no es solo anulable; está viciado desde la raíz. Legalmente, puedo tumbar ese papel en menos de un mes ante un juez de familia.
Un suspiro de alivio escapó de los labios de Katerina. Por primera vez en semanas, sintió que el peso en su pecho disminuía.
—¿Eso significa que recuperaremos Vanguard Atelier de inmediato? —preguntó Brandon, inclinándose hacia adelante con impaciencia.
Raúl alzó una mano, pidiendo calma. Su expresión se volvió sumamente seria.
—Aquí es donde las cosas se complican, Brandon. El derecho de familia es mi terreno, y yo puedo anular el divorcio y demostrar que la infidelidad fue un montaje. Pero el problema real no es el matrimonio. El problema es corporativo.
Raúl giró una de sus pantallas hacia Katerina, mostrando los movimientos de la bolsa de valores y los registros mercantiles de Vanguard Atelier de los últimos días.
—Leo no está perdiendo el tiempo. Aprovechando que posee el 51% de las acciones tras la firma, ya ha convocado a una junta extraordinaria para reestructurar los estatutos de la empresa. Está intentando diluir la participación de tu padre y transferir las patentes de los motores híbridos de Brandon a una sociedad instrumental en un paraíso fiscal a nombre de Laya. Si logra mover esos activos antes de que el juez anule el divorcio, cuando recuperes la empresa, Vanguard Atelier será solo un cascarón vacío y sin valor.
A Katerina se le congeló la sangre. Sus dedos se apretaron contra el reposabrazos de la silla. Sabía exactamente de lo que hablaba Raúl; Leo estaba ejecutando un vaciado de empresa a gran velocidad.
—Necesitamos congelar sus movimientos comerciales de inmediato —concluyó Katerina, con su mente matemática trabajando a mil por hora—. Una medida cautelar de urgencia que bloquee cualquier traspaso de activos o patentes hasta que se resuelva el juicio de nulidad.
Raúl esbozó una sonrisa de genuina admiración.
—Exactamente, Katerina. Veo que tu mente para los negocios sigue intacta —dijo el abogado matrimonialista—. Pero para lograr una medida cautelar de ese calibre contra una multinacional automotriz, necesitas un tiburón del derecho empresarial. Alguien con el peso suficiente para congelar las cuentas de un gigante corporativo en veinticuatro horas y que haga temblar a la junta directiva de Leo.
Raúl extendió el brazo hacia el teléfono de su escritorio y pulsó una tecla de marcación rápida.
—¿Con quién vas a hablar? —preguntó Brandon.
—Con la única persona en este país capaz de ganar una guerra de este tamaño —respondió Raúl mientras esperaba que atendieran la llamada. Miró a Katerina a los ojos—. Es el CEO de la firma de abogados corporativos más importante del país. Un especialista en derecho empresarial que no conoce la derrota y que odia los fraudes financieros tanto como yo. Además, es un buen amigo.
El teléfono hizo un clic al ser descolgado del otro lado. Una voz profunda, magnética y de una seguridad aplastante resonó a través del altavoz del despacho.
—Raúl. Espero que sea importante, estoy a diez minutos de entrar a una fusión internacional —dijo la voz al otro lado de la línea.
—Lo es, Luke —respondió Raúl, adoptando un tono sumamente profesional—. Tengo en mi despacho a Katerina, la legítima heredera y ex-CEO de Vanguard Atelier. Acabo de revisar su caso de divorcio. La drogaron, la armaron un montaje mediático y su exmarido está vaciando los activos de la empresa en este mismo instante. Necesitamos una estrategia de demolición corporativa inmediata.
Hubo un silencio absoluto al otro lado de la línea durante dos segundos. El ambiente en el despacho se volvió tan tenso que casi se podía cortar con un cuchillo. Cuando la voz de Luke volvió a sonar, su tono había cambiado por completo; ya no era el de un hombre ocupado, sino el de un depredador que acababa de fijar a su presa.
—¿Vanguard Atelier? —preguntó Luke, con una frialdad afilada—. He estado siguiendo las noticias de esa empresa. El mercado está penalizando sus acciones porque el nuevo CEO es un incompetente que no sabe distinguir un balance de un presupuesto. Mandaré a mi chofer a buscaros ahora mismo. Que suban directamente a mi piso privado en la torre norte. Quiero ver esos documentos yo mismo.
Raúl colgó el teléfono y miró a Katerina con una sonrisa decidida.
—Señores, el juego acaba de cambiar de nivel —anunció Raúl, guardando los papeles en la carpeta—. Acaban de conseguir una cita con Luke. Prepárate, Katerina, porque a partir de hoy, Leo y Laya van a descubrir lo que significa el verdadero terror legal.