reencarne en una Duquesa maltrata por el amor y antes era una agricultura 🚜 de vegetales y mas.
como voy a sobrevivir siendo tan salvaje como un hombre
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Capítulo 19: Lo que nunca escuchaste
Después de lo que pasó aquel día…
Mi cuerpo simplemente colapsó.
El agotamiento no era solo físico.
Era mental.
Emocional.
Como si todo lo que había soportado durante esos meses finalmente hubiera terminado cayéndome encima al mismo tiempo.
Pasé casi un día entero aturdida.
Apenas podía levantarme de la cama.
El lado de mi rostro todavía dolía por aquella bofetada.
Y algunas veces, cuando respiraba profundo, sentía pequeñas punzadas cerca del pecho.
Ya tenía ocho meses.
Mi cuerpo estaba pesado.
Cansado.
Y aun así…
Lo que más me dolía no era el golpe.
Era entender que realmente estaba sola dentro de esa casa.
Las pocas sirvientas que todavía me trataban con verdadera amabilidad se quedaron conmigo todo ese tiempo.
Una masajeaba lentamente mis hombros tensos.
Otra mis pies hinchados por el embarazo.
Y otra mis manos, que algunas veces temblaban sin que pudiera controlarlo.
Intentaban hacerme sentir mejor.
Pero mi corazón seguía sintiéndose vacío.
Mis suegros trataron de hablar conmigo varias veces.
Pero ya no quería verlos.
Antes todavía les hablaba por cortesía.
Porque quería creer que eran diferentes.
Pero después de escuchar que mi hijo debía quedarse…
Algo dentro de mí terminó rompiéndose.
Ahora, cada vez que escuchaba sus voces detrás de la puerta…
Solo cerraba los ojos y fingía dormir.
—
En otra parte del ducado, Camila permanecía sentada junto a Carlos dentro de una pequeña sala privada.
El ambiente estaba pesado.
Demasiado silencioso.
La imagen de Lucía sangrando frente a todos seguía clavada en la mente de ambos.
Y peor aún…
La expresión de odio de Killian.
Camila fue la primera en hablar.
—¿Viste lo que hizo Lucía…?
Su voz salió cansada.
Dolida.
—Ella realmente quiere divorciarse…
Carlos suspiró lentamente.
Pero no respondió enseguida.
Camila bajó la mirada.
—Si no le hubieras dicho que el bebé se quedaría… tal vez ella habría decidido quedarse.
Carlos levantó apenas los ojos.
—¿Y tú realmente crees eso?
Camila quedó en silencio.
Porque en el fondo…
Sabía que no.
Lucía ya estaba destruida mucho antes de esa conversación.
Carlos apoyó lentamente una mano sobre su frente.
—¿Viste cómo reaccionó Killian cuando recibió esos papeles?
Su voz se volvió pesada.
—Por un momento pensé que realmente iba a matarla.
Camila sintió un escalofrío.
Porque ella también lo pensó.
Y eso era lo más aterrador.
Tener miedo de tu propio hijo.
—No entiendo en qué momento se volvió así…
La voz de Camila empezó a quebrarse.
—Nosotros queríamos que fuera feliz con ella…
Carlos cerró lentamente los ojos.
—Pero nunca lo corregimos.
El silencio volvió a llenar la habitación.
Y esta vez dolió todavía más.
Porque comenzaron a recordar demasiadas cosas.
Las miradas apagadas de Lucía.
Su extrema delgadez meses atrás.
La forma en que siempre intentaba sonreír aunque parecía triste.
Y sobre todo…
Cómo ellos decidieron ignorar muchas señales.
Camila habló nuevamente.
Pero esta vez con culpa real.
—Ahora entiendo lo que Laura intentaba decirme…
Carlos levantó apenas la mirada.
—Nos estaba advirtiendo.
Camila asintió lentamente.
Y después dijo algo que incluso a ella misma le dolió admitir.
—Y aun así no hicimos nada.
La habitación quedó completamente en silencio.
Porque ambos entendieron algo horrible.
En el fondo…
Esperaban que Lucía soportara.
Que aprendiera a vivir así.
Que aceptara los golpes del matrimonio por amor.
Y ese pensamiento los hizo sentirse crueles.
Muy crueles.
—¿En qué momento nos convertimos en personas así…?
Carlos no supo responder.
Porque tampoco entendía cómo terminaron permitiendo todo aquello.
—
Mientras tanto, Laura ya estaba moviendo otras piezas.
Después de recibir la carta donde Lucía le confirmó que finalmente había presentado la demanda, inmediatamente respondió.
Le dijo que ya había conseguido un apoyo fuerte.
Y que en tres días conocería oficialmente a esa persona.
También intentó tranquilizarla.
Porque sabía perfectamente que Lucía ya estaba llegando a su límite.
Y para sorpresa de Laura…
Lucía no reaccionó mal.
No preguntó demasiado.
No desconfió.
Simplemente aceptó.
Porque incluso ella ya entendía algo doloroso.
Sola…
No podía ganar.
—
Nieves, en cambio, estaba feliz.
Más feliz de lo normal.
Cuando recordó la escena donde Killian golpeó a Lucía delante de todos…
Casi quería reír otra vez.
—Bueno, querida Lucía…
Sus ojos rosados brillaban llenos de satisfacción.
—Si tanto quieres irte… entonces vete.
Una sonrisa torcida apareció lentamente en sus labios.
—Ahora me toca mi segunda fase.
Se acarició lentamente el abdomen mientras pensaba.
—Quedar embarazada.
Porque si lograba darle un heredero legítimo a Killian antes del divorcio…
Todo sería mucho más fácil.
Mucho más seguro para ella.
Y aunque todavía no sabía cómo lograrlo…
Lo haría.
Aunque tuviera que manipular todo otra vez.
—
Killian, por otro lado, estaba completamente consumido por la rabia.
Sentía que iba a explotar.
La demanda.
Las palabras de Lucía.
Su rechazo.
Todo le daba vueltas en la cabeza una y otra vez.
Quería ir hasta su habitación y sacarla a la fuerza.
Quería gritarle.
Quería obligarla a quedarse.
Porque no entendía cómo todo había llegado a este punto.
Y mientras caminaba furioso dentro de su oficina…
Un recuerdo apareció de golpe en su mente.
Años atrás.
Antes del matrimonio.
Escuchó accidentalmente una conversación entre Lucía y Layla.
—No importa si tiene otra mujer…
La voz de Lucía sonaba avergonzada mientras Layla se burlaba de ella.
—Porque ese hombre será mío.
Killian se había detenido al escuchar eso.
Y después escuchó algo más.
—La tiraré a la calle.
Sus ojos cambiaron inmediatamente.
—Y la dejaré sin nada.
La rabia empezó a subirle al pecho.
—Porque cuando él me ame completamente…
Pero Killian ya no escuchó el resto.
Porque en ese momento se fue furioso.
Sin saber que después Lucía había terminado diciendo:
“…cuando ya no sienta nada por ella, ahí habré ganado.”
Y mucho menos escuchó lo último.
—Jamás podría hacerle daño a alguien solo porque sí…
Layla había soltado una carcajada burlándose de lo enamorada que estaba Lucía.
Y Lucía solo había terminado escondiendo el rostro completamente avergonzada.
Todo había sido una fantasía romántica inocente.
Pero Killian jamás escuchó esa parte.
Entonces durante años solo se quedó con:
“la tiraré a la calle”
“la dejaré sin nada”
“ese hombre será mío”
Y desde ese momento comenzó a verla diferente.
Como una mujer obsesiva.
Capaz de destruir a cualquiera solo por quedarse con él.
Killian apretó los dientes con fuerza al recordar aquello.
—Esa mujer…
Su voz salió llena de rabia.
—Siempre quiso quitarme todo.
Pero en realidad…
Nunca entendió a la verdadera Lucía.
Jamás lo hizo.
La expresión de Killian se volvió oscura mientras miraba los documentos de divorcio sobre el escritorio.
—En seis días nos veremos frente al juez.
Sus ojos rojos parecían llenos de violencia contenida.
—Y cuando pierdas…
Una sonrisa fría apareció lentamente en su rostro.
—Ese día se convertirá en un infierno para ti.