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Un Latido En Dos Tiempos

Un Latido En Dos Tiempos

Status: En proceso
Genre:Juego de roles / Pareja destinada / Amor en la madurez
Popularitas:470
Nilai: 5
nombre de autor: Paula Nuñez

In-Oh es una fotógrafa de veintidós años atrapada entre los fantasmas de su memoria y la comodidad de su rutina. Un viaje inesperado de regreso al pueblo costero de su infancia entrelaza violentamente su pasado y su presente. Tras diez años de dolorosa ausencia, reaparece Min-Woo, su primer amor platónico de la niñez, transformado ahora en un enigmático hombre. Al mismo tiempo, su incondicional mejor amigo de la secundaria, Seo-Jun, decide dar un paso al frente y confesarle un sentimiento guardado durante siete años. Atrapada entre el eco de una antigua promesa de verano y la calidez de un amor maduro que teme arruinar la amistad, In-Oh deberá enfrentar los traumas de su pasado para aprender a abrir su corazón al presente.

NovelToon tiene autorización de Paula Nuñez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

El peso de las palabras

​El silencio en la casa tras la partida de Seo-Jun se volvió un sonido ensordecedor. La realidad me golpeaba en oleadas: no era un enfado pasajero, nuestra amistad de siete años se había desmoronado en cuestión de minutos. Intenté desesperadamente reparar el daño; llamé a su celular decenas de veces, le envié mensajes que quedaban en un limbo sin respuesta y escribí cartas que nunca me atreví a enviar. Pero Seo-Jun se había esfumado, llevándose consigo la mitad de mi mundo. Cada rincón de la casa me recordaba a sus risas, a nuestros momentos compartidos, y sentir esa ausencia fue como caminar por un campo minado emocional.

​Pasé dos días encerrada, consumida por una angustia que me impedía respirar. Mi refugio fueron mis abuelos, cuyo amor silencioso y sus tés calientes me mantuvieron a flote mientras yo me abrazaba a mí misma en la oscuridad de mi pieza, llorando hasta quedar exhausta. Era un duelo extraño; no había muerto nadie, pero sentía que la persona que mejor me conocía en este mundo ya no existía para mí.

​La tarde del tercer día, el zumbido de mi celular rompió la monotonía del dolor. Era un mensaje de Min-Woo.

​Min-Woo: Sé que todo esto es un caos. Lo siento mucho, In-Oh. Me equivoqué en la forma de actuar, pero quiero hacer las cosas bien contigo. Por favor, déjame invitarte a una cita. Necesito que empecemos de cero. Solo tú y yo.

​Dudé. Cada parte de mi ser me pedía seguir hundiéndome en la pena, sintiendo que salir era una traición a lo que había tenido con Seo-Jun. Pero la soledad de la casa era insoportable y el vacío en mi pecho necesitaba aire. Con un suspiro tembloroso, acepté.

​A las ocho de la tarde, me preparé con cuidado, casi como un mecanismo de defensa para no pensar en el dolor. Elegí un vestido que se ajustaba perfectamente a mi silueta, realzando mi figura, y me recogí el cabello con elegancia, buscando sentirme, aunque fuera por un momento, dueña de mi propia vida.

​Al salir, ahí estaba él. Min-Woo me esperaba junto a su auto con una sonrisa sincera y un ramo de rosas rojas que destacaban en la penumbra del atardecer. Al acercarme, me recibió con un beso suave en la mejilla, pero al inclinarse, su mano se posó con una firmeza cálida y protectora en la parte baja de mi espalda. Aquel contacto me recorrió como una descarga eléctrica, obligándome a reconocer su presencia, a notar que alguien más estaba allí, intentando llenar el vacío que Seo-Jun había dejado.

​—Estás hermosa —susurró cerca de mi oído, y por un momento, la seguridad de su tono me hizo querer confiar.

​Subí al vehículo sintiendo el aroma intenso de las flores. El trayecto fue inusualmente tranquilo. Min-Woo no intentó forzar la conversación al principio; se limitó a mirarme de reojo cada vez que el semáforo nos detenía, con una mezcla de arrepentimiento y esperanza.

​—Siento mucho el desastre del otro día —dijo finalmente, rompiendo el silencio—. No era la forma en la que quería conocer a tu círculo cercano. Pero In-Oh, quiero que sepas que me importas. De verdad.

​Sus palabras eran bálsamo para mis nervios. Mientras él conducía, yo observaba el paisaje transformándose por la ventanilla, alejándonos de la casa que ahora me parecía una cárcel de recuerdos. No tenía idea de hacia dónde íbamos, pero por un breve espacio de tiempo, mientras sentía la calidez de su mano cerca de mí y escuchaba su voz intentando suavizar las asperezas, logré algo que creía imposible: el dolor punzante por la pérdida de Seo-Jun se diluyó. Por primera vez en días, mi respiración se volvió rítmica, y la angustia cedió paso a una extraña, pero necesaria calma. Me dejé llevar por el camino, decidida, al menos por esta noche, a no mirar atrás.

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