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Cenizas Bajo La Piel

Cenizas Bajo La Piel

Status: Terminada
Genre:Amor-odio / Venganza / Romance / Completas
Popularitas:599
Nilai: 5
nombre de autor: Eliany Justo

Una historia de amor, odio y venganza

NovelToon tiene autorización de Eliany Justo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Jaque Mate

Capitulo 11

El conductor del Uber tenía las manos demasiado limpias para ser un chófer normal. Valentina lo notó nada más subir al coche, cuando él giró la cabeza para preguntarle el destino y sus ojos grises recorrieron su rostro con una intensidad que no pertenecía a la cortesía. Lucas, que iba sentado detrás de ella, también lo notó. Se miraron en el espejo retrovisor y un mismo pensamiento cruzó sus mentes: Es uno de ellos.

—Avenida da Liberdade, 128 —dijo Valentia, con voz neutra—. Hotel Marquês de Pombal.

El conductor asintió y puso el coche en marcha. Lisboa amanecía con un sol naranja que se reflejaba en el Tajo. Valentina fingió mirar el paisaje, pero en realidad estaba contando los giros, memorizando las calles, preparando una ruta de escape. Lucas, a su lado, tecleaba algo en el móvil con las manos temblorosas.

El primer aviso llegó cuando el coche se desvió del camino. En lugar de seguir hacia el centro, el conductor tomó una salida hacia el sur, hacia las afueras industriales.

—Oiga, esto no es el camino —dijo Valentina, con la mano ya dentro de su mochila, buscando la Glock.

El conductor no respondió. En lugar de eso, apretó un botón en el salpicadero y unos paneles de acero subieron sobre las ventanillas, dejándolos a oscuras. Lucas gritó. Valentina sacó el arma y la apuntó a la nuca del hombre.

—Para el coche ahora mismo o te vuelo la cabeza.

—Si me matas —dijo el conductor, con una calma perturbadora—, perderás la única oportunidad de ver a tu padre con vida. Buenos días, Valentina. Soy Renato. Y he estado esperando este encuentro durante diez años.

El coche se detuvo. Los paneles bajaron y Valentina pudo ver dónde estaban: un almacén abandonado junto al puerto, con vistas a grúas y contenedores oxidados. Renato se giró en el asiento del conductor y ella lo vio por fin. Era un hombre de sesenta años, con el pelo cano y duro, la misma mandíbula cuadrada que Héctor pero los ojos más juntos, más fríos. Vestía un traje oscuro impecable y en el dedo meñique llevaba un anillo de oro con un rubí incrustado. La llave de plata de su madre, pensó Valentina. No, no podía ser.

—El anillo —dijo Lucas, leyendo su pensamiento—. Es el sello de los Montenegro. Mamá lo llevaba antes de morir.

—Tu madre era una mujer encantadora —dijo Renato, como si hablara del tiempo—. Lástima que eligiera el bando equivocado.

Valentina apretó el gatillo. No disparó, pero estuvo a un milímetro.

—¿Dónde está mi padre?

—En un lugar seguro. Mi seguro. Lleva cinco años viviendo en una de mis casas, escribiendo cartas que nunca envía, soñando con venganzas que nunca ejecuta. Es un cobarde, tu padre. Siempre lo fue. Por eso tu madre murió. Porque él no tuvo los cojones de enfrentarse a Héctor cuando debía.

—Y tú sí, supongo —escupió Valentins.

Renato sonrió. Era una sonrisa de tiburón, idéntica a la de Héctor.

—Yo no necesito cojones. Yo tengo poder.

En ese momento, tres hombres armados salieron de las sombras del almacén. Rodearon el coche y abrieron las puertas. A Valentina le quitaron la Glock; a Lucas, el móvil. Los sacaron del vehículo a la fuerza y los hicieron arrodillarse en el suelo de hormigón, frente a Renato.

—No voy a matarlos —dijo él, encendiendo un puro—. Eso sería demasiado fácil y demasiado aburrido. Voy a hacer algo peor: voy a dejar que os vayáis. Pero antes, voy a contaros la verdad completa, la que ni Héctor ni Dante ni vuestro querido padre han tenido el valor de deciros.

Renato dio una calada y el humo se enroscó en el aire húmedo del puerto.

—Sofía Vargas no murió porque descubriera mis negocios sucios. Murió porque descubrió que Diego Montenegro —mi hermano, el que ustedes conocen como Héctor— había estado financiando una red de tráfico de niños con la complicidad de altos cargos del gobierno. Sofía iba a destaparlo todo. Y Diego, para protegerse, hizo un trato conmigo: él me daba el control del negocio inmobiliario y yo me encargaba de silenciar a Sofía. El incendio fue idea mía, sí. Pero la orden de no intervenir vino de él.

Valentina sintió cómo el mundo se derrumbaba por enésima vez. No era Renato el único monstruo. Héctor era igual. Y Dante, el hijo de Héctor, lo sabía.

—Dante no sabe nada de esto —dijo Lucas, como si le hubiera leído el pensamiento—. Lo sé. Él cree que papá solo encubrió el crimen, no que lo ordenó.

—¿Y tú? —preguntó Valentia, mirando a Lucas—. ¿Tú lo sabías?

Lucas bajó la cabeza.

—Lo supe hace un año. Por eso empecé a ayudarte. Porque necesitaba que alguien pagara por lo que hicieron. Y tú eras la única con el valor suficiente para hacerlo.

Renato apagó el puro contra el suelo y se levantó.

—Os dejo ir. Pero con una condición: llevadle un mensaje a Dante. Decidle que el jaque mate no se juega con peones. Se juega con reyes. Y que el próximo movimiento es mío.

Los hombres armados los soltaron. Valentina y Lucas caminaron hacia la salida del almacén sin mirar atrás. Cuando por fin estuvieron fuera, bajo el sol de Lisboa, Valentina se arrodilló en el asfalto y vomitó.

—¿Estás bien? —preguntó Lucas, con la voz temblorosa.

—No. —Se limpió la boca con la manga—. Pero voy a estarlo. Cuando haya matado a los tres.

Sacó el móvil que Renato no había encontrado —lo llevaba escondido en el sujetador— y marcó el número de Dante.

—Dime dónde estás —contestó él al instante, como si hubiera estado esperando su llamada toda la vida.

—En Lisboa. Y tengo una nueva víctima para nuestra lista. Tu padre. El verdadero asesino de mi madre.

Del otro lado, un largo silencio. Luego, la voz rota de Dante:

—Lo sé. Lo sé desde que tenía catorce años.

Valentina cerró los ojos. El odio y el amor bailaban otra vez bajo su piel.

—Entonces mueve ficha, Montenegro. Porque yo ya he movido la mía.

Colgó y se giró hacia Lucas.

—Vamos a por tu padre.

Y por primera vez, Lucas Montenegro sonrió sin tristeza.

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monita
🤔🤔🤔🤔🤔 no entendí esta novela 🤔🤔🤔 corta como me gustan perooooo??
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