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Desde Siempre, TÚ

Desde Siempre, TÚ

Status: Terminada
Genre:Reencuentro / Amor de la infancia / Romance / Completas
Popularitas:5.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Camila Da Ponte

Valentina Rossi llevaba años enamorada de Alexander Beaumont.

En silencio sin que nadie lo supiera.

El era 4 años mayor, heredero de una familia más poderosa en New York y mejor amigo de su hermano. Inteligente, elegante e imposible de ignorar.

Pero Alexander nunca la miro, no como ella lo quería.

Hasta que apareció Sofía Ferrer.

Hermosa y perfecta, su novia.

y mientras todos admiraban la relación perfecta de Alexander, Valentina aprendía a sonreír aunque le doliera verlo amar a otra mujer.

Cómo seguirá, el la vera con otros ojos? la amara en algún momento?

NovelToon tiene autorización de Camila Da Ponte para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Bajo la nieve

Capítulo 11

Bajo la nieve

La nieve seguía cayendo sobre Chicago cuando Valentina Rossi regresó a su habitación del hotel.

Pero el frío de afuera no era nada comparado con el caos que llevaba dentro.

Cerró la puerta lentamente detrás de ella y apoyó la espalda contra la madera mientras intentaba respirar con normalidad.

Era imposible.

Porque todo estaba saliéndose de control.

Alexander Beaumont prácticamente había admitido que algo estaba cambiando entre ellos.

Y eso debería haberla hecho feliz.

Después de tantos años enamorada de él, cualquier otra persona habría celebrado algo así.

Pero Valentina solo sentía miedo.

Porque Alexander seguía teniendo novia.

Porque Sofía Ferrer seguía esperándolo en Nueva York creyendo que todo estaba bien.

Y porque ella jamás quiso convertirse en la razón por la que una relación se rompiera.

Se dejó caer lentamente sobre la cama y cubrió su rostro con ambas manos.

Necesitaba distancia.

Necesitaba volver a poner límites.

Porque si seguía dejándose llevar… terminaría destruyendo su propio corazón otra vez.

El sonido del celular vibrando sobre la mesa hizo que levantara apenas la cabeza.

Alexander.

Valentina cerró los ojos inmediatamente.

No.

Definitivamente no debería responder.

Pero aun así tomó el teléfono.

—¿Sí?

Hubo unos segundos de silencio del otro lado antes de escuchar su voz.

—¿Estás bien?

Y ahí estaba otra vez ese problema.

La preocupación real en su tono.

Valentina tragó saliva lentamente.

—Sí.

—No pareces convencida.

Porque no lo estaba.

Alexander soltó un pequeño suspiro.

—¿Puedo subir?

El corazón comenzó a latirle demasiado rápido.

—Alex…

—Solo quiero hablar contigo.

Y eso era exactamente lo peligroso.

Porque siempre terminaban “solo hablando”.

Y cada conversación los acercaba un poco más al desastre.

Pero aun así… terminó aceptando.

Cinco minutos después alguien golpeó suavemente la puerta.

Valentina abrió lentamente encontrándose frente a frente con él.

Alexander llevaba un abrigo oscuro y el cabello ligeramente húmedo por la nieve. Sus ojos celestes se clavaron inmediatamente en ella con una intensidad que le quitó el aire.

—Hola —murmuró él.

—Hola.

Por un segundo ninguno se movió.

Y otra vez apareció esa sensación extraña entre ambos.

Esa tensión silenciosa que parecía crecer cada vez más.

Alexander finalmente entró a la habitación mientras Valentina cerraba la puerta detrás de él.

—Siento lo de la terraza —dijo él suavemente.

Ella levantó la vista inmediatamente.

Ella levantó la vista inmediatamente.

—¿Por qué?

Alexander pasó una mano por su cabello frustrado.

—Porque no quiero ponerte incómoda.

La forma en que lo dijo le dolió un poco.

Porque él realmente parecía confundido.

Como si estuviera luchando contra algo que todavía no entendía completamente.

Valentina caminó lentamente hacia el ventanal evitando mirarlo demasiado.

Chicago brillaba bajo la nieve detrás del vidrio.

Hermosa. Distante. Fría.

Exactamente como ella necesitaba volverse ahora.

—No estás haciendo nada malo —murmuró finalmente.

Alexander soltó una pequeña risa sin humor.

—Creo que ambos sabemos que eso no es verdad.

El silencio llenó la habitación.

Porque sí.

Los dos sabían perfectamente que aquello estaba empezando a cruzar límites peligrosos.

Alexander se acercó lentamente hasta quedar a pocos pasos detrás de ella.

—Valentina…

Su voz sonó más baja esta vez.

Más vulnerable.

—No sé qué hacer contigo.

El corazón se le rompió un poco al escucharlo.

Porque ella sí sabía exactamente qué debía hacer él.

Volver con Sofía.

Olvidarse de todo aquello.

Alejarse.

Pero ninguna de esas opciones parecía sencilla ya.

Valentina cerró los ojos un instante antes de girar lentamente hacia él.

Y cometió un error.

Mirarlo demasiado tiempo.

Porque Alexander ya no estaba observándola como antes.

Ahora había algo evidente en sus ojos.

Algo intenso.

Peligroso.

Real.

—No deberías mirarme así —susurró ella.

Alexander dio un paso más cerca.

—¿Por qué?

Porque si seguía haciéndolo iba a terminar besándolo.

Porque llevaba años enamorada de él y ya no sabía cómo resistirse.

Porque el hombre que más amaba en el mundo finalmente empezaba a verla.

Y eso estaba destruyéndola.

—Porque tienes novia.

La frase cayó entre ambos con fuerza.

Alexander apartó la mirada unos segundos.

Y ese pequeño gesto bastó para demostrarle que él también se sentía culpable.

—Lo sé.

Pero esta vez aquellas palabras sonaron rotas.

Confundidas.

Como si por primera vez en años Alexander Beaumont no estuviera completamente seguro de algo.

El viento golpeó suavemente las ventanas mientras la nieve seguía cayendo afuera.

Y entonces ocurrió.

Alexander volvió a mirarla lentamente.

Muy lentamente.

—Nunca había sentido esto antes.

El corazón de Valentina dejó de funcionar correctamente.

—Alex…

—Cuando estoy contigo todo se vuelve complicado.

La distancia entre ambos ya era mínima.

Ella podía sentir su respiración.

Podía notar el perfume suave de su abrigo.

Podía ver perfectamente la forma en que sus ojos recorrían su rostro.

Y Dios…

Lo había amado durante tantos años que aquello parecía un sueño cruel.

—No hagas esto —susurró ella apenas.

Alexander levantó una mano lentamente.

Y acarició suavemente su mejilla.

El contacto hizo que todo dentro de Valentina se estremeciera.

Porque llevaba años imaginando cómo sería que él la tocara de esa manera.

Y la realidad era muchísimo peor.

Muchísimo más intensa.

Alexander apoyó lentamente la frente contra la de ella cerrando los ojos apenas.

Como si estuviera perdiendo la batalla contra sí mismo.

—Dime que me aleje —murmuró.

Valentina sintió lágrimas acumulándose lentamente en sus ojos.

Porque sabía que debía hacerlo.

Sabía que era lo correcto.

Pero también sabía que no quería.

No después de tantos años.

No cuando Alexander finalmente parecía empezar a sentir algo por ella.

—Alex…

Su nombre salió roto.

Y eso fue suficiente.

Alexander levantó apenas el rostro y finalmente la besó.

Suavemente.

Como si todavía estuviera intentando detenerse.

Pero Valentina llevaba demasiado tiempo soñando con aquello.

Demasiado.

Sus manos terminaron aferrándose al abrigo de Alexander mientras el beso se volvía lentamente más intensa.

Más real.

Más peligroso.

Y en ese instante, mientras la nieve caía sobre Chicago detrás de las ventanas del hotel…

Ambos entendieron exactamente lo mismo.

Ya era demasiado tarde para fingir que aquello no estaba pasando.

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