En el escenario de la alta tecnología, la ambición no tiene escrúpulos y el amor es la moneda más peligrosa.
Linda Lennox es la heredera indiscutible de un imperio multimillonario, pero también la víctima de una coreografía de expectativas ajenas. Mientras ella se pregunta si su destino le pertenece, su hermana adoptiva, Thais, ejecuta en la sombra una fría venganza para arrebatarle su lugar y a su prometido.
Un exclusivo baile de máscaras será el punto de no retorno. Oculta tras un disfraz, Linda conocerá a James Darcy, el frío rival de su padre que no cree en las promesas vacías. Esa noche, la traición más dolorosa saldrá a la luz, obligando a Linda a descubrir quién es realmente y hasta dónde está dispuesta a llegar para reescribir su propio guion.
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CAPITULO 17. CITA EN LAS SOMBRAS
La revelación sobre el virus espía y la cruel manipulación que había sufrido el ordenador de Laura abrió una perspectiva totalmente nueva en la investigación. Linda, James y Thais comprendieron por fin que el enemigo estaba jugando con ellos de forma perversa, utilizando el miedo ajeno y la desconfianza generalizada para avanzar en su plan de destrucción. Pero también sabían que ahora tenían una pequeña ventaja: contaban con una prueba física y un equipo más unido que nunca, dispuesto a luchar con todas sus fuerzas.
Esa misma tarde, James reunió de urgencia a sus mejores analistas para diseñar una estrategia de contraataque definitivo.
—Necesitamos rastrear el origen exacto de ese virus y cerrar de inmediato todas las posibles vías de entrada al sistema —explicó James con voz firme—. Además, a partir de este minuto, implementaremos un sistema de alarmas en tiempo real para detectar al instante cualquier movimiento extraño en las pantallas de la compañía.
Linda escuchaba cada palabra con total atención, plenamente consciente de que cada segundo que pasaba jugaba en su contra.
—¿Y qué hay de los mensajes de amenaza que llegan a mi móvil? —preguntó Linda—. ¿Hay alguna forma de identificar al remitente real?
—Hemos logrado avanzar en ese frente —respondió James, cruzando una mirada de complicidad con ella—. Las notas provienen de conexiones que cambian constantemente de ubicación para despistarnos, pero hay ciertos patrones fijos en los horarios de envío que podrían ayudarnos a acotar la búsqueda a una zona muy específica de la ciudad.
Thais, que había estado en contacto continuo con Laura para brindarle apoyo y calmar sus nervios, intervino en la reunión.
—También debemos cuidar con recelo la parte humana de esta crisis —añadió Thais—. El pánico absoluto puede hacer que cualquier empleado inocente cometa un error gravísimo o se vuelva vulnerable a los chantajes. Debemos reforzar el apoyo emocional dentro de los departamentos.
Linda asintió con orgullo, valorando enormemente la madurez de su hermana para mantener la cohesión de la plantilla.
—Tienes toda la razón. No solo estamos librando una batalla informática, también es una batalla por recuperar la confianza.
Esa misma noche, mientras repasaba los últimos informes en la soledad de su despacho, el teléfono de Linda vibró con un sonido seco. Al encender la pantalla, descubrió un mensaje completamente diferente a los anteriores. No contenía una amenaza de muerte ni una burla, sino una invitación directa: «Si realmente quieres respuestas y limpiar el nombre de tu familia, búscame en el antiguo almacén número cuatro del puerto a las diez en punto de la noche. Ven sola si no quieres que el trato se rompa».
El corazón de Linda se aceleró con violencia dentro de su pecho. Sabía que era la oportunidad de oro para enfrentar al enemigo cara a cara, pero también representaba un peligro de muerte. Pensó por un segundo en avisar a James y a Thais, en el dolor de sus padres y en el destino de la empresa, pero una fuerza interior la empujó a tomar una decisión arriesgada: no podía dejar pasar ese tren. Tenía que ir.
Al llegar al muelle del puerto, la oscuridad más absoluta y el silbido del viento frío de la noche la envolvieron por completo. El viejo almacén de ladrillos parecía completamente abandonado y en ruinas, pero Linda sabía perfectamente que no estaba sola en ese lugar. Una silueta alta y oscura emergió lentamente de entre las sombras del fondo, vistiendo una gabardina y una máscara que ocultaba por completo sus rasgos faciales.
—¿Linda Lennox? —preguntó una voz masculina, baja, distorsionada y firme.
—Sí, soy yo. ¿Quién eres tú y qué quieres de mí? —respondió ella, tragando saliva pero obligándose a mantener una calma de acero.
—Soy el único hombre que sabe toda la verdad oculta tras Lennox Technologies —contestó la figura, dando un paso al frente—. Pero antes de que decida revelártela, debes elegir si estás dispuesta a pagar el precio de la traición.
Linda respiró hondo el aire salado del mar, preparándose mentalmente para lo que viniera a continuación. Sabía perfectamente que este oscuro encuentro en el puerto iba a cambiar el rumbo de su vida para siempre.