Clarisa Hernández llegó a una universidad de élite para cambiar su destino, pero su humilde apellido se convierte en el mayor obstáculo de su vida.
Una noche junto a Samuel Flores, un poderoso y frío empresario, cambia todo cuando descubre que está embarazada.
Samuel le ofrece un matrimonio por contrato: ella obtendrá seguridad para su hijo y él conseguirá la esposa que necesita.
Pero hay una regla que ninguno puede romper: no enamorarse.
Lo que comenzó como un simple acuerdo pronto se convertirá en un peligroso juego de secretos, deseo y sentimientos que ninguno podrá controlar.
NovelToon tiene autorización de patricia sinisterra para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 5: Una noche inesperada
Clarisa pasó todo el día pensando en la propuesta de Samuel.
Tres meses.
Un salario mucho mejor.
Los gastos universitarios cubiertos.
Y, a cambio, tendría que fingir ser su pareja en algunos eventos.
Parecía sencillo cuando Samuel lo explicaba.
Pero Clarisa tenía la sensación de que había algo más detrás de aquella propuesta.
Algo que él todavía no le había contado.
—¿Aceptas o no? —preguntó Samuel.
Clarisa lo miró desde el otro lado del escritorio.
—Necesito pensarlo.
—Tómate el tiempo que necesites.
—¿Realmente aceptarías que lo piense?
—No acostumbro obligar a nadie.
Ella levantó una ceja.
—Eso es difícil de creer viniendo del hombre que acaba de ofrecerme el doble de mi salario.
Samuel sonrió.
—No confundas una buena oferta con una obligación.
Clarisa guardó silencio.
—Mañana te daré mi respuesta.
—De acuerdo.
Cuando ella salió de la oficina, Samuel permaneció mirando la puerta.
Andrés, su asistente, entró pocos minutos después.
—¿Aceptó?
—Todavía no.
—¿Y si dice que no?
Samuel tomó un documento de su escritorio.
—Encontraremos otra solución.
Andrés lo observó.
—¿Realmente quieres otra solución?
Samuel levantó la mirada.
—¿Qué quieres decir?
—Desde que conociste a esa muchacha estás actuando diferente.
—No estoy actuando diferente.
—Llevas dos días investigando quién está interfiriendo en su vida.
Samuel no respondió.
Andrés sonrió.
—Eso dice mucho.
—Termina tu trabajo.
---
Aquella tarde, Clarisa recibió una llamada de su universidad.
—¿Señorita Hernández?
—Sí.
—El profesor Ramírez quiere hablar con usted sobre el proyecto empresarial.
Clarisa se dirigió a su oficina.
—¿Puedo pasar?
—Adelante.
El profesor tenía varios documentos sobre su escritorio.
—Tu propuesta fue seleccionada para representar al curso.
Clarisa abrió los ojos.
—¿En serio?
—Sí. Tu proyecto sobre gestión de talento fue uno de los mejores.
Una sonrisa apareció en su rostro.
Aquella noticia significaba mucho para ella.
—Gracias, profesor.
—No me agradezcas. Te lo has ganado.
Clarisa salió de la oficina sintiéndose orgullosa.
Por primera vez en varios días, algo estaba saliendo bien.
Pero al llegar al patio recibió un mensaje.
Samuel Flores: Necesito que me acompañes esta noche a una cena.
Clarisa respondió inmediatamente.
Clarisa: ¿Esta noche?
La respuesta llegó segundos después.
Samuel: Es importante.
Clarisa suspiró.
Todavía no había aceptado oficialmente el acuerdo.
Sin embargo, algo dentro de ella le decía que aquella cena podía ser importante.
---
A las siete de la noche, Clarisa llegó al restaurante indicado.
Había elegido un vestido sencillo y elegante.
No quería llamar demasiado la atención.
Cuando entró, vio a Samuel esperándola.
Él vestía un traje negro.
Al verla, permaneció unos segundos en silencio.
—¿Qué? —preguntó Clarisa.
—Nada.
—Me estás mirando.
—Lo sé.
Ella se sintió incómoda.
—¿Está bien el vestido?
Samuel asintió.
—Sí.
—Entonces deja de mirarme así.
Una pequeña sonrisa apareció en los labios de Samuel.
—Intentaré hacerlo.
Clarisa se sentó frente a él.
—¿Quién estará en la cena?
—Personas importantes para la empresa.
—¿Y qué tengo que hacer?
—Ser tú misma.
—Eso sí puedo hacerlo.
Samuel tomó su copa.
—Y recuerda que somos cercanos.
Clarisa lo miró.
—Todavía no acepté ese acuerdo.
—Lo sé.
—Entonces no esperes que actúe como tu pareja.
Samuel asintió.
—No lo haré.
---
La cena comenzó tranquilamente.
Samuel presentó a Clarisa como una persona que trabajaba con él.
Sin embargo, las miradas de los demás dejaron claro que todos querían saber mucho más.
—¿Desde cuándo se conocen? —preguntó uno de los empresarios.
Samuel miró a Clarisa.
Ella respondió antes que él.
—Hace poco.
—¿Y ya son tan cercanos?
Clarisa se quedó callada.
Samuel intervino.
—Nuestra relación no es asunto de negocios.
El hombre sonrió.
—Por supuesto.
Pero la conversación cambió rápidamente.
Clarisa descubrió que Samuel era mucho más respetado de lo que imaginaba.
Todos lo escuchaban.
Todos medían sus palabras frente a él.
Y, por primera vez, comprendió la cantidad de presión que debía soportar.
Cuando terminó la cena, Samuel se acercó a ella.
—¿Estás bien?
—Sí.
—¿Segura?
—Sí. Solo estoy sorprendida.
—¿Por qué?
—Porque todos parecen tenerte miedo.
Samuel soltó una pequeña risa.
—No me tienen miedo.
—Claro que sí.
—¿Y tú?
Clarisa lo miró.
—No.
Samuel sonrió.
—Eso también lo había notado.
---
Al salir del restaurante comenzó a llover.
Una lluvia fuerte que obligó a varias personas a permanecer bajo el techo de la entrada.
Samuel miró hacia el cielo.
—Te llevaré a casa.
—Puedo tomar un taxi.
—Está lloviendo.
—He tomado taxis bajo la lluvia antes.
—Clarisa.
Ella lo miró.
—¿Qué?
—Déjame llevarte.
Finalmente aceptó.
El automóvil avanzó por las calles mojadas.
Durante varios minutos ninguno habló.
Hasta que Clarisa rompió el silencio.
—¿Por qué necesitas una esposa?
Samuel mantuvo los ojos en la carretera.
—¿Quién te dijo que necesito una esposa?
—Tu madre.
Samuel la miró rápidamente.
—¿La conociste?
—No. Pero escuché tu conversación aquella noche.
Samuel guardó silencio.
—No quiero mentirte —dijo finalmente—. Mi familia está presionándome para casarme.
—¿Por qué?
—Hay razones empresariales.
Clarisa frunció el ceño.
—Siempre hay una razón empresarial contigo.
—Es mi vida.
—Entonces no entiendo por qué quieres involucrarme.
Samuel apretó ligeramente el volante.
—Porque necesito que alguien me ayude a resolver una situación.
—¿Y por qué yo?
Samuel la miró durante un segundo.
—Porque confío en ti.
Clarisa quedó sorprendida.
—Ni siquiera me conoces.
—A veces no hace falta conocer a alguien durante años para saber que puedes confiar en esa persona.
Ella bajó la mirada.
La respuesta la había conmovido más de lo que quería admitir.
---
Cuando llegaron al barrio de Clarisa, Samuel detuvo el automóvil.
—Gracias por traerme.
—De nada.
Clarisa abrió la puerta.
Antes de bajar, Samuel habló.
—Mañana necesito tu respuesta.
Ella se quedó quieta.
—Lo sé.
—Y sea cual sea, la respetaré.
Clarisa lo miró.
—Creo que aceptaré.
Samuel no pudo ocultar su sorpresa.
—¿Estás segura?
—Necesito el trabajo.
—Eso no es suficiente razón.
—También quiero demostrarme que puedo hacerlo.
Samuel asintió.
—Entonces mañana comenzamos.
Clarisa salió del automóvil.
Caminó unos pasos.
Pero antes de llegar a la puerta de su casa, se detuvo.
Miró hacia atrás.
Samuel seguía allí.
Sus miradas se encontraron a través de la lluvia.
Ninguno dijo nada.
Finalmente, el automóvil se alejó.
Clarisa entró en casa sin imaginar que aquella sería la última noche en la que podría pensar que todo aquello era simplemente un trabajo.
---
Al día siguiente, Samuel llegó a su oficina temprano.
Sobre su escritorio había un sobre.
Lo abrió.
Dentro encontró fotografías de Clarisa.
Su rostro se endureció.
Había fotografías de ella entrando a la universidad, saliendo de casa y viajando en autobús.
Al fondo de la última fotografía aparecía un hombre desconocido.
Samuel tomó el teléfono.
—Andrés.
—¿Sí?
—Quiero saber quién está siguiendo a Clarisa.
Hubo silencio al otro lado.
—¿Está seguro?
—Completamente.
Samuel volvió a mirar las fotografías.
Una preocupación que no podía explicar comenzó a crecer dentro de él.
Porque aquella situación ya no parecía relacionada solamente con un contrato.
Alguien estaba observando a Clarisa.
Y esa persona estaba dispuesto a llegar mucho más lejos de lo que Samuel había imaginado.
Mientras tanto, en casa de Clarisa, ella recibió un mensaje de un número desconocido:
“Aléjate de Samuel Flores mientras todavía puedas.”
Clarisa sintió que el corazón se le aceleraba.
No sabía quién lo había enviado.
Pero sí sabía una cosa.
Su vida acababa de cambiar.