Cuando no te puedes enfrentar a la realidad, cuando solamente esperas qué otros decidan por ti….eso era lo que querían lograr con Vivian Ward, desde que su progenitor les abandonó a su madre y hermano gemelo, su madre enfermó de Cáncer, y su hermano siendo un completo inútil tenía muchas veces que arreglar sus desastres, hasta que llegó el día que le dio un ultimátum, pero su decisión le causó una maldita pesadilla.
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Enfermedad
Antes de salir al trabajo, Vivían pasó a ver a su madre. Había pasado mala noche pensando como reuniría tanta plata, cuando llegó no esperaba que estuviera despierta.
Su madre al verla le dedicó una sonrisa, ella desde que sintió esos dolores en el estómago tenía su propio diagnóstico, su madre había padecido Cáncer de estómago y ella había estado todo el tiempo a su lado, por lo que dedujo al instante.
— Vivían mi niña aunque no me quieras decir lo que te dijo el doctor me puedo imaginar lo que tengo, - le dijo con una mirada triste, no tienes que mentirme.
Vivían por fin cedió al enorme dolor que tenía en el pecho, aferrándose al cuerpo de su madre sollozando abrazada a ella.
— Mamita te prometo que conseguiré que te cures, tú solamente tienes que estar tranquilita. - contestó con la mejor sonrisa. No podía decirle que estaba vuelta loca pensando como conseguir el dinero.
— Mi niña te haz sacrificado tanto por nosotros que tengo miedo, que un día ya no puedas más y te enfermes.
— Mami no digas eso, tú te sacrificaste por mí, por Theo, suspiró al mencionar a su hermano.
— Eso es lo que temo Vivían.
Quiso seguir hablando y pedirle que vigilara y estuviera atenta a lo que hacía su hermano, no le tenía la mínima confianza, sabía que de nuevo andaba en pasos malos, pero cuando quiso decirlo llegó un doctor por ella.
— Tengo que llevarla al laboratorio. - avisó un enfermero, empujando una silla de ruedas.
Vivían aprovecho para irse antes que se le hiciera tan tarde. Solo le hizo una seña a su mamá que ella entendió.
FARMACIA
Al llegar Vivían a la farmacia dónde trabajaba como ayudante de farmacéuticos, se extrañó ver de nuevo a su hermano esperándola.
— ¿Qué haces aquí? Deberías ir a ver a mamá, en vez de estar dando vueltas sin beneficios.
— Calma hermanita, vine porque tengo una solución.
Vivían blanqueó los ojos.
— Es verdad, - le dijo al ver su incredulidad.
— ¿Theo no ves que voy a entrar? No me hagas perder el tiempo. - le dijo encaminándose a la entrada del establecimiento.
— Elliott Faster está dispuesto a pagar el tratamiento de nuestra madre, y toda su recuperación en el mejor hospital de Los Ángeles. - le habló de golpe.
Vivían se dió la vuelta, con el ceño fruncido.
— ¡No!! - contestó tajante, apretando los dientes.
— No te metas en problemas con ese sujeto Theo, sabes de lo que hablo. - lo miró de lado, intentando, ver en su hermano algo más.
Theo tragó fuerte, ¿ahora como le iba a pagar tanto dinero que le debía? Ni siquiera trabajando el resto de su vida le terminaría pagando.
— Piénsalo hermana, si te casas con él, todo lo tendrás resuelto. - dijo evitando mirarla a los ojos. Pero Vivían lo conocía lo suficiente para entender.
— ¿Que hiciste Theo? - Preguntó mirando la hora en su teléfono, ¿porque tanta insistencia con eso?
—Nada hermana, sólo pensaba en la pobre de mamá, y lo mucho que está sufriendo.
Vivían ignoró las últimas palabras de su hermano debía marcar puntualmente, no quería tener problemas en ese trabajo.
Theo le envió un mensaje a Elliott con la respuesta de su hermana. Haciendo que el hombre apretara los puños.
— Si no eres mía a las buenas…entonces lo serás por las malas. - exclamó en un susurro, con los rasgos fruncidos de coraje.
Elliott no entendía porque esa mujer se negaba a su propuesta, era un hombre sumamente guapo con excelente cuerpo, rico, su único defecto era que le gustaban demasiado las mujeres y obviamente el dinero. Era el dueño de tres de los casinos más grandes y productivos de Los Ángeles, dueño de hoteles de lujo, y esa mujer era la única que le había propuesto matrimonio, y se había dado el lujo de rechazarlo.
— Haz lo planeado. - ordenó a Martín su mano derecha.
— Enseguida jefe. - contestó sacando su teléfono tecleando algo.
MIENTRAS TANTO
Vivían estaba concentrada en lo que hacía dentro de la bodega administrando los productos por fechas y en orden cronológico.
— Vivían te llaman del hospital. - le informó una compañera. La chica dejó inmediatamente lo que hacía, había dejado en el hospital el número telefónico de la farmacia como uno de los contactos de emergencia, ella apagaba su teléfono mientras estaba trabajando.
La chica llegó apresurada hasta donde estaba el teléfono.
— Soy Vivían, - contestó en la bocina del teléfono.
— Señorita Ward, su madre sufrió una recaída y le llamamos para acelerar los trámites, reúna todo el dinero necesario a más tardar en una semana.
— Pero como que sufrió una recaída, ella estaba muy bien está mañana. - dijo sintiendo como su corazón retumbaba en su pecho.
— De hecho no estaba nada bien señorita, en los últimos exámenes que hicimos esta mañana salieron sus defensas bajas, su corazón tiene un problema que debemos resolver.
Vivían de dejó caer junto a la vitrina de un estante.
— Algo más señorita Ward, apareció alguien alguien que está dispuesto hacerse cargo de los gastos.
Vivían se puso de pie con la ayuda de su amiga, cuando escuchó lo último que había dicho el doctor.
— ¿Quien? - preguntó aunque no sabía porque intuía de quién se trataba.
— Déjeme mirar en el expediente, - le dijo el financiero del hospital. Aquí está, es el señor Elliott Foster.
Al escuchar el nombre Vivían hizo un gesto con la boca de coraje, y el ceño fruncido.
Ese individuo me va a escuchar.
Vivían pidió lo que restaba del día, solo quedaba menos de una hora. Tenía que ir al hospital y buscar a su hermano para ver qué había hecho, y saber qué más le estaba ocultando.
Cuando llegó al hospital y vio a su madre con un aparato de oxígeno el animó se le fue al piso. Sus lágrimas salieron sin querer.
— Mami, como llegaste a recaer así, - no pudo controlar sus lágrimas, ¿porque nunca hablaste conmigo del problema de tu corazón? - le tomó la mano, mamila tengo qué dejarte sola por unas horas, tengo que ir hacer una visita. - pronunció en un susurro.
CASINO.
— Señor…hay una mujer pidiendo hablar con usted. - le anunció. - le anunció su asistente mirando de reojo a la chica que se acababa de levantar del piso. Una sonrisa apareció en el rostro de Elliott.
— ¡Vete! - exclamó ordenándole a la chica que lo miraba incrédula.
— ¡Elliott no! - se reusó a irse.
— ¡Lizeth! - he ordenado que salgas.
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