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DEUDAS DE SANGRE: UNA NOVELA PSICOLÓGICA

DEUDAS DE SANGRE: UNA NOVELA PSICOLÓGICA

Status: En proceso
Genre:Policial / Suspenso / Mafia
Popularitas:2k
Nilai: 5
nombre de autor: Letra Siete

Tras la muerte de su padre, Haruto Saitō hereda una montaña de deudas que parecen imposibles de pagar. Desesperado por proteger a su madre, a su hermana y a la mujer que ama, acepta trabajar para una organización criminal creyendo que solo será por un tiempo. Pero cada deuda saldada exige un precio mayor, y cada decisión lo aleja un poco más del hombre que alguna vez fue.

NovelToon tiene autorización de Letra Siete para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Pocas Alternativas

Haruto no durmió. No realmente. Cada vez que cerraba los ojos volvía a ver la carpeta sobre la mesa, las hojas llenas de números y la expresión resignada de su madre.

Cuando el despertador sonó a las seis, ya estaba sentado al borde de la cama. La lluvia había cesado durante la madrugada. Desde la ventana podía verse un cielo gris, pesado, como si todavía no hubiera decidido si volvería a llover.

Se vistió en silencio. Al abrir la puerta encontró a Aiko en la cocina. Todavía llevaba el cabello recogido de manera desprolija y sostenía dos tazas de café.

—Buenos días.

Haruto respondió con una sonrisa cansada.

—Pensé que seguías durmiendo.

—Escuché cuando te levantaste.

Le alcanzó una taza.

—No pudiste dormir... ¿verdad?

Él negó con la cabeza. No hacía falta mentir. Aiko tampoco insistió.

Durante unos minutos solo se escuchó el vapor del arroz y el leve ruido del agua hirviendo. Antes de salir, Haruto tomó su maletín.

—Hoy salgo un poco antes.

—¿Pasa algo en el trabajo?

Él dudó apenas un instante.

—Voy a buscar otro empleo.

Aiko bajó lentamente la mirada. Comprendió. No hizo preguntas. Solo se acercó y acomodó la corbata de Haruto, igual que todas las mañanas desde que comenzaron a vivir juntos.

Era un gesto pequeño. Casi automático. Pero aquella mañana sus manos permanecieron unos segundos más sobre su pecho.

—No cargues todo tú solo...

Haruto quiso responder. Quiso decirle que estaba bien. Que encontraría una solución. Pero las palabras no salieron. Simplemente asintió y salió de la casa.

El primer lugar lo rechazó en menos de cinco minutos. En el segundo le dijeron que necesitaban experiencia. En el tercero, que ya habían contratado personal. Cuando salió del cuarto edificio sintió que las piernas empezaban a dolerle. No por caminar. Por seguir intentando.

Sacó un pequeño cuaderno del bolsillo. Había anotado dieciséis empresas. Tachó cuatro. Quedaban doce. Continuó.

A las dos de la tarde llevaba diez rechazos. En el undécimo ni siquiera le permitieron entregar el currículum. El encargado lo observó unos segundos antes de devolverle la carpeta.

—Lo lamento. No estamos contratando.

Haruto hizo una inclinación de cabeza.

—Gracias por su tiempo.

Cuando salió, el celular comenzó a vibrar. Ryō.

Sonrió sin darse cuenta.

—¿Qué hiciste ahora?

Del otro lado se escuchó una carcajada.

—¿Tan mala fama tengo?

—La suficiente.

—Qué feo que hables así de tu mejor amigo.

Haruto negó con la cabeza mientras seguía caminando.

—Dime. ¿Qué pasó?

Hubo un pequeño silencio. Ryō dejó de reír.

—Necesito pedirte un favor.

Haruto sintió un peso en el estómago. Ya conocía ese tono.

—Perdí.

No respondió.

—Pensé que podía recuperarlo. Pero seguí apostando. Y... bueno... salió mal.

Haruto cerró los ojos.

—¿Cuánto?

Ryō mencionó la cifra. No era enorme. Pero para Haruto era imposible.

Miró su billetera. Había apenas algunos billetes arrugados. Los necesitaban para la comida de la semana.

—Ryō... No puedo.

Del otro lado no hubo respuesta. Solo respiración. Después una risa. Una risa demasiado forzada.

—Sí... Ya imaginaba. No te preocupes.

Haruto apretó el teléfono.

—Escuchame. Cuando cobre...

—Olvidalo. En serio. Siempre termino metiéndome solo en estos problemas. Voy a arreglarlo. Como siempre.

La llamada terminó.

Haruto permaneció varios segundos mirando la pantalla apagada. No sabía qué le dolía más. No poder ayudar a su amigo. O empezar a acostumbrarse a decir que no.

Cuando volvió a casa ya había oscurecido. Yui hacía la tarea en el comedor. Levantó la vista apenas escuchó abrirse la puerta.

—¡Hermano!

Corrió hacia él. Haruto la abrazó con fuerza. Más de la necesaria.

Ella soltó una pequeña risa.

—No puedo respirar...

Él la soltó enseguida.

—Perdón.

Su madre apareció desde la cocina.

—¿Cómo te fue?

Haruto dejó el maletín junto a la entrada.

—Bien.

Otra mentira. Cada vez salían con más facilidad.

Después de cenar, Aiko salió al pequeño balcón. Tokio brillaba a lo lejos. Miles de luces. Millones de personas. Y, aun así, Haruto nunca se había sentido tan solo.

Aiko se sentó junto a él. No hablaron durante un largo rato. Hasta que ella rompió el silencio.

—¿Sabés qué extraño?

—¿Qué cosa?

—Tu risa.

Haruto sonrió apenas.

—Me río.

Ella negó con la cabeza.

—No. Eso no. Extraño cuando te reías de verdad. Cuando hacías esos chistes horribles.

—No eran horribles.

—Eran espantosos.

Los dos soltaron una risa breve. La primera en días.

Aiko apoyó lentamente la cabeza sobre su hombro.

—No me importa vivir con poco. No me importa esperar. No me importa trabajar. Solo... No desaparezcas delante de mí.

Haruto sintió que algo se rompía dentro de él. Quería contarle todo. Mostrarle la tarjeta. Decirle cuánto miedo tenía. Pero imaginó el rostro de su madre. El uniforme nuevo que Yui necesitaría el próximo año. Las deudas. Los hombres de traje.

Respiró hondo.

—Todo va a salir bien.

Aiko cerró los ojos. No respondió. Sabía que era mentira. Y él sabía que ella lo sabía. Sin embargo, ninguno de los dos tuvo el valor de decirlo.

Esa noche, cerca de la una de la madrugada, Haruto bajó a la cocina por un vaso de agua. La casa dormía. El silencio era absoluto. Entonces la vio.

La tarjeta seguía donde los cobradores la habían dejado. Blanca. Impecable. Como si hubiera estado esperándolo todo el día.

Haruto la tomó entre los dedos. La observó durante un largo rato. No marcó el número. Solo la guardó lentamente en el bolsillo de su pantalón.

Y, por primera vez desde la muerte de su padre, aceptó una idea que llevaba horas intentando rechazar.

Tal vez ya no estaba buscando una salida. Tal vez solo estaba eligiendo cuál de todas dolería menos.

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fandeloslibros
empezó muy bueno el nuevo arco👏
fandeloslibros
ya estoy al día esperando Capítulo nuevo
fandeloslibros
buen arco
Cosmo
a cosmo le agradó quiero saber que sigue
Cosmo
que buen giro
Cosmo
se siente la presion
Cosmo
este capitulo me hizo ponerme sentimental
Cosmo
se puso muy bueno
HarryAang
buen capitulo
HarryAang
me gustó mucho me tiene atrapado
Letra Siete: Muchas gracias por tu comentario.
total 1 replies
Joana Velazques
Sin dudas, es una historia atrapante. Me deja con muchas ganas de saber cómo continúa.
Letra Siete: Muchas gracias por tu comentario.
total 1 replies
Joana Velazques
me encantó mucho este capítulo 👏💯💥
Letra Siete: Muchas gracias por tu comentario. Me alegra que te haya gustado.
total 1 replies
soshua
Me intriga saber como sigue
Letra Siete: Muchas gracias por tu comentario. Se irán subiendo diariamente los capítulos nuevos.
total 1 replies
M.F. Lawren
Interesante
Letra Siete: Muchas gracias por tu comentario.
total 1 replies
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