Elena, una joven de veinte años que ha crecido sola y enfrentando el rechazo constante, busca desesperadamente una oportunidad para sobrevivir tras abandonar la universidad. Su camino la lleva a una mansión solitaria como sirvienta, donde su única responsabilidad es Dante, un hombre de treinta y dos años devastado por un accidente que le arrebató su movilidad y su fe en el amor.
Abandonado por su esposa cuando más la necesitaba, Dante se oculta tras un antifaz y un profundo cinismo, decidido a hundirse en su propia miseria. Sin embargo, Elena no ha llegado a su vida para compadecerlo, sino para desafiar su oscuridad. En medio del silencio y el dolor, ambos descubrirán que, a veces, la única forma de sanar las cicatrices del pasado es permitiendo que alguien más, contra todo pronóstico, se atreva a mirar nuestras heridas sin miedo.
NovelToon tiene autorización de Luna Azul para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
2.
ELENA DUARTE
Después de aquella lluvia que mojó totalmente mi cuerpo y mi alma, llegué a mi casa, una casa que había sido el esfuerzo de mi madre, una casa sencilla y muy humilde. Vi la foto de ella en la repisa y la tomé en mis manos, Caminé con ella hasta mi cama. La puse en mi almohada. Me cambié de ropa. Y me acosté abrazándola.
Cerré mis ojos. Mis lágrimas salían. Mi madre había fallecido hace unos 4 años de cáncer y desde ese entonces me rebuscaba la vida, a duras penas había terminado mi escuela y aun con mis sueños aprobé el examen de admisión de la universidad.
Perdóname mamá. Yo quise terminar la carrera, pero ya no soporto más como me miran, como me tratan. Soy una débil, cuanta falta me haces.
Lloraba como una niña. Pero el dolor de perder a una madre nunca se supera. Ella era mi todo. Esa noche vacié mi corazón como todas las noches. Caminaba cargada de dolor, de duelo, de luchas internas interminables.
A la mañana siguiente me levanté como un zombi, tenía mis ojos inflamados y con esa pesadez que a veces sentía que mi vida estaba de más en este mundo. Pero le había prometido a mi madre antes de morir que viviría para ser feliz.
Me levanté y me di baño. Tenía que salir a enfrentarme con la vida. Me puse un jeans y una camiseta rosa. Miré con preocupación mis zapatos, aún seguía húmedos. No tuve más opción que salir de la casa con chinelas.
Antes de salir tomé un pedazo de pan que había guardado en mi mochila. Iba comiendo mi pan miéntras buscaba empleo. Parecía indigente, seguramente. Miré un letrero "se busca empleada doméstica" me acerqué y pregunté por el trabajo.
— Eres muy joven, y yo busco una mujer como de unos 40 años.
— Solo deme una oportunidad.
— No niña, eres joven y bonita. No quiero que mi esposo me engañe.
— Gracias — di la media vuelta.
¡Qué estupidez! ¿Acaso quiero enredarme con alguien? ¿Tengo cara de regalada? No puedo creer que esto me pase.
Entré a una zona residencial, todas las casas ahí eran tan grandes qué parecían palacios. Nunca había caminado tan largo. No había carteles de trabajo. En una zona así me imagino que solo con recomendación contratan.
Me senté en la acera, llevé mi cara a las rodillas. Había caminado tanto para nada. Necesitaba descansar unos minutos antes de emprender mi viaje de regreso a casa. El sol estaba en su punto más alto. Me Levanté y Caminé un poco más. Miré pasar a Lucía en su auto deportivo. No sabía que vivía en esta zona. Empecé a dar pasos más de prisa. No quería encontrarla más y justo vive por aquí.
Caminé por unos diez minutos, con paso rápido y sin ver a ningún lado. Su auto se detuvo y ella me llamó. Continué caminando, no tenía por qué hacerle caso. Ya había recibido mucho bullying de su parte.
Ella me tomó del brazo.
— Sabía que eras estúpida, pero no qué eras sorda. Mírame cuando te hablo.
— No seas atrevida. Suéltame.
— No me digas que andas pidiendo dinero — Lucía se puso a reír.
Me solté. Tomé valor.
— Lo que yo haga no debería interesarte. Para ser una niña rica te interesas mucho por una persona pobre como yo.
— Me quitas el aburrimiento, eres como un juguetito — se burló.
La miré con desprecio. Seguí caminando.
— Adiós Elenita — levantó su mano para despedirse — avisaré en el grupo que anda una chica rara por aquí y parecía que quiere robar — elevó la Voz para que yo escuchase.
Caminé más rápido, hasta que no pude más y empecé a correr, como si fuera de verdad una ladrona. Yo sabía que ella era mala y lo único que quería era salir de ese lugar.
Entre tanta prisa mi chinela se reventó en mero centro de la ciudad. Ahora si van a creer que son indigente. Diosito por favor, que no me encuentre a nadie más.
Me detuve en una tienda que decía que necesitaban una empleada doméstica, dudé en entrar para preguntar, prácticamente estaba descalza.
No importa, que se note mi necesidad.
Entré.
— Venía por el anuncio del empleo.
— Deja tu hoja de vida.
— No importa si la hice mano — me mordí el labio inferior.
— No. Se nota que quieres trabajar — la señora (unos 35 años) me extendió un papelito con una dirección y su nombre — Ve mañana a esa dirección. Mi hermano es quien necesita una empleada doméstica. Voy a decirle que tú vas a llegar.
— Seguro me darán el empleo — mi voz se quebró.
— Sí. Voy a ayudarte. Se ve que lo necesitas. De ti depende si quieres el empleo.
— Gracias. Ahí estaré.
Me sentí un poco feliz. Llegué a mi casa. Puse los zapatos arriba del techo para que se terminarán de secar.