Una mujer atrapada en un matrimonio que dejó de hacerla feliz conoce a otra mujer que despierta en ella un amor inesperado, obligándola a enfrentarse a sus miedos, sus secretos y a las consecuencias de elegir entre la vida que construyó y el amor que jamás se atrevió a imaginar.
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Capítulo 7: La memoria perdida
Victoria permaneció mirando la pantalla del teléfono.
La fotografía seguía allí.
Ella, diez años más joven.
Lucía a unos pasos de distancia.
Y en la mano de Victoria, una pequeña memoria USB.
“Tú tienes la prueba. Solo que todavía no recuerdas dónde la escondiste.”
Victoria sintió que el cuerpo le temblaba.
—No recuerdo haber tenido eso.
Lucía se acercó.
—Pero la tenías.
—¿Cómo lo sabes?
—Porque esa fotografía fue tomada la noche del accidente.
Victoria miró nuevamente la imagen.
—Entonces debí esconderla.
—O alguien te obligó a esconderla.
—¿Quién?
Lucía no respondió.
La madre de Victoria seguía sentada en la habitación, llorando.
Victoria se volvió hacia ella.
—Mamá.
La mujer levantó la mirada.
—¿Qué?
—¿Tú sabías de esa memoria?
Su madre palideció.
Victoria lo notó inmediatamente.
—Lo sabías.
—No.
—¡Mamá!
—No sabía dónde estaba.
—Pero sabías que existía.
Su madre bajó la cabeza.
—Sí.
Lucía se quedó inmóvil.
—¿Qué contenía?
La madre de Victoria comenzó a llorar.
—Una grabación.
—¿De qué? —preguntó Victoria.
—De tu padre.
—¿Hablando con quién?
Su madre cerró los ojos.
—Con Mateo.
Victoria sintió un escalofrío.
—¿Sobre qué?
—Sobre ti.
—Eso ya lo sé.
—No.
Su madre levantó la mirada.
—No sabes lo peor.
La habitación quedó en silencio.
—¿Qué es lo peor?
La mujer respiró profundamente.
—Tu padre no quería solamente separarte de Lucía.
Victoria sintió que el corazón se le aceleraba.
—¿Entonces qué quería?
—Quería que te fueras del país.
Victoria quedó paralizada.
—¿Qué?
—Había organizado todo.
—¿Para qué?
—Para que olvidaras a Lucía y empezaras una vida lejos.
Victoria negó lentamente.
—No entiendo.
—Tu padre pensaba que si te quedabas, tarde o temprano volverías a buscarla.
Lucía apretó los puños.
—¿Y Mateo?
La madre de Victoria la miró.
—Mateo recibió dinero para convencerte de que Lucía estaba jugando contigo.
Lucía cerró los ojos.
—Dios mío.
Victoria miró a su madre.
—¿Y la memoria?
—Tu padre descubrió que tú habías grabado una conversación.
—¿Qué conversación?
La madre de Victoria no respondió.
—¡¿Qué conversación?!
—La que tuviste con Mateo.
Victoria sintió que una imagen aparecía en su mente.
Un automóvil.
La lluvia.
Mateo gritando.
Ella sosteniendo un teléfono.
Una voz.
“Si te acercas nuevamente a Lucía, ella va a pagar las consecuencias.”
Victoria llevó una mano a la cabeza.
—Lo grabé.
Lucía se acercó.
—¿Qué recuerdas?
—Mateo me amenazó.
—¿Con qué?
—Con hacerte daño.
Lucía comenzó a llorar.
Victoria cerró los ojos.
—Y yo lo grabé.
—¿Dónde está la grabación?
Victoria abrió los ojos.
—No lo sé.
Su madre respondió:
—La escondiste antes del accidente.
—¿Dónde?
—No lo sé.
—¡Tú debes saberlo!
—No, Victoria.
La mujer comenzó a llorar.
—Tu padre me dijo que si yo hablaba, también me haría daño.
Victoria quedó en silencio.
—¿Mi padre te amenazó?
Su madre asintió.
—Durante años.
Lucía se acercó a Victoria.
—Tenemos que irnos.
—¿Por qué?
—Porque si alguien está buscando esa memoria, no se detendrá.
Victoria miró a su madre.
—¿Quién más sabe dónde está?
La mujer levantó lentamente la mirada.
—Solo una persona.
Victoria sintió un escalofrío.
—¿Quién?
Su madre respondió:
—Tu hermano.
Victoria palideció.
—¿Mi hermano?
—Sí.
—Pero él murió hace tres años.
La madre de Victoria negó.
—No.
Victoria se quedó inmóvil.
—¿Qué?
—Tu hermano no murió.
El silencio fue absoluto.
—Mamá...
—Tu hermano desapareció.
Victoria retrocedió.
—Me dijeron que había muerto.
—Fue lo que tu padre quiso que todos creyeran.
Lucía miró a Victoria.
—¿Por qué?
La madre respondió:
—Porque él sabía dónde estaba la memoria.
---
Victoria salió de la casa sin decir una palabra.
Lucía la siguió.
—¿Estás bien?
—No.
—Lo siento.
—Todo lo que creía sobre mi familia era mentira.
Lucía tomó su mano.
—No estás sola.
Victoria la miró.
—No sé si puedo confiar en nadie.
—Puedes confiar en mí.
Victoria sostuvo su mirada.
—Eso también me da miedo.
Lucía bajó los ojos.
—Lo entiendo.
Victoria respiró profundamente.
—Pero no quiero alejarme de ti.
Lucía la miró.
—Entonces no lo hagas.
Victoria se acercó.
La abrazó.
Por unos segundos, ambas olvidaron el miedo.
Hasta que un automóvil pasó lentamente frente a ellas.
Lucía se separó.
—Ese automóvil.
Victoria lo observó.
—¿Qué?
—Lo vi antes.
—¿Dónde?
—Frente a la cafetería.
Victoria sintió un escalofrío.
—Nos están siguiendo.
El automóvil aceleró.
Lucía tomó las llaves.
—Sube.
---
Condujeron durante casi veinte minutos.
El automóvil seguía detrás.
—No podemos ir a casa —dijo Lucía.
—¿Entonces dónde?
—A un lugar seguro.
—¿Dónde?
Lucía dudó.
—Tengo una casa fuera de la ciudad.
Victoria la miró.
—¿Desde cuándo?
—La compré hace años.
—¿Y nunca me lo dijiste?
—No tuve oportunidad.
Victoria sonrió con ironía.
—Últimamente parece que siempre hay algo que no me has contado.
Lucía no respondió.
—Perdón.
—No.
Victoria miró por la ventana.
—Tienes razón.
---
La casa estaba escondida entre árboles.
Era pequeña.
Aislada.
Lucía estacionó detrás.
—Aquí nadie nos encontrará.
Victoria bajó.
—Eso espero.
Entraron.
Lucía cerró todas las puertas.
Después las ventanas.
Victoria observó el lugar.
—¿Vienes aquí cuando tienes problemas?
—Cuando necesito desaparecer.
—¿Cuántas veces has desaparecido?
Lucía la miró.
—Demasiadas.
Victoria se acercó.
—No quiero que vuelvas a desaparecer.
Lucía acarició su rostro.
—No pienso hacerlo.
Victoria cerró los ojos.
—Prométemelo.
—Te lo prometo.
Se abrazaron.
Pero el teléfono de Victoria volvió a sonar.
Número desconocido.
No quería contestar.
Lucía la miró.
—Hazlo.
Victoria aceptó la llamada.
—¿Quién eres?
Una voz masculina respondió.
—Tu hermano está vivo.
Victoria sintió que el corazón se le detenía.
—¿Dónde está?
—Eso depende de ti.
—¿Qué quieres?
—La memoria.
Victoria apretó el teléfono.
—No sé dónde está.
—Pero la tienes.
—No.
—Sí.
—¡No sé dónde!
La voz soltó una pequeña risa.
—Entonces tendrás que recordar.
La llamada terminó.
Victoria miró a Lucía.
—¿Qué hago?
Lucía se acercó.
—Respira.
—¿Y si tienen a mi hermano?
—Lo encontraremos.
—¿Y si le hacen daño?
—No lo harán.
—¿Cómo lo sabes?
Lucía tomó sus manos.
—Porque no vamos a dejar que ocurra.
---
Esa noche, Victoria tuvo una pesadilla.
Volvió a aquella noche.
La lluvia.
El automóvil.
Mateo.
Lucía.
Su padre.
Y una memoria USB.
En el sueño, ella corría.
Entraba en un edificio.
Subía unas escaleras.
Abría una puerta.
Escondía la memoria detrás de algo.
Entonces escuchaba una voz.
“Victoria, despierta.”
Abrió los ojos.
Lucía estaba junto a ella.
—Estás llorando.
Victoria respiró agitada.
—Lo recordé.
—¿Qué?
—Dónde escondí la memoria.
Lucía se incorporó.
—¿Dónde?
Victoria cerró los ojos.
—En la universidad.
---
Regresaron a la ciudad antes del amanecer.
El antiguo edificio universitario estaba casi vacío.
Victoria consiguió entrar utilizando una vieja tarjeta que todavía conservaba.
Caminaron por los pasillos.
—¿Recuerdas dónde?
—Creo que sí.
Llegaron a una habitación abandonada.
Victoria abrió la puerta.
Era un antiguo salón de almacenamiento.
Había cajas por todas partes.
Victoria caminó hasta una pared.
—Aquí.
Lucía la miró.
—¿Qué?
Victoria señaló una vieja fotografía colgada.
—Recuerdo esto.
La quitó.
Detrás había un pequeño hueco.
Victoria introdujo la mano.
Encontró algo.
—¡Está aquí!
Sacó una pequeña caja metálica.
Lucía contuvo la respiración.
Victoria abrió la caja.
Dentro había una memoria USB.
—La encontramos.
Pero también había una carta.
Victoria la tomó.
Reconoció la letra.
Era de su padre.
La abrió.
Solo tenía una frase:
“Si algún día encuentras esto, significa que ya sabes demasiado.”
Victoria sintió un escalofrío.
—Tenemos que ver qué contiene.
Lucía asintió.
Sacó una computadora portátil.
Conectaron la memoria.
Había un único archivo.
“14-09-2016.”
Victoria hizo clic.
La pantalla se quedó negra.
Después apareció una grabación.
La imagen era de baja calidad.
Se veía un automóvil estacionado.
Mateo estaba dentro.
A su lado estaba el padre de Victoria.
Victoria sintió que el corazón se le detenía.
La conversación comenzó.
—No quiero hacerlo —decía Mateo.
—Ya aceptaste el dinero.
—Pero esto puede salir mal.
—No saldrá mal.
—¿Y si Victoria descubre la verdad?
El padre de Victoria respondió:
—No la descubrirá.
Victoria se llevó una mano a la boca.
La grabación continuó.
—¿Y Lucía?
—Ella desaparecerá de su vida.
—¿Y si no quiere?
—Entonces haz que tenga miedo.
Victoria comenzó a llorar.
Lucía apretó su mano.
Pero entonces escucharon algo que ninguna de las dos esperaba.
Mateo preguntó:
—¿Y el hermano de Victoria?
El padre respondió:
—Él ya sabe demasiado.
Victoria quedó paralizada.
—¿Qué le hicieron? —susurró.
La grabación continuó.
—¿Qué quieres que haga con él?
El padre de Victoria respondió:
—Lo mismo que hicimos con la madre.
Lucía miró a Victoria.
—¿Qué significa eso?
Victoria no respondió.
La grabación se detuvo.
Pero había otro archivo.
Victoria lo abrió.
La pantalla mostró una fecha de tres años atrás.
Y apareció un hombre.
Victoria dejó de respirar.
Era su hermano.
Estaba vivo.
Miraba directamente a la cámara.
Y decía:
—Si estás viendo esto, Victoria, significa que papá murió y que finalmente te contaron la verdad.
Victoria comenzó a llorar.
—Soy yo —dijo la voz del video—. Tu hermano.
Hizo una pausa.
—No confíes en nadie.
Victoria se acercó a la pantalla.
—¿Por qué?
Su hermano continuó:
—Porque la persona que destruyó nuestras vidas no fue nuestro padre.
Lucía se quedó inmóvil.
Victoria sintió un escalofrío.
—¿Entonces quién?
El video continuó.
—Fue alguien mucho más cercano.
La imagen se cortó.
Victoria miró a Lucía.
—¿Quién?
Antes de que Lucía pudiera responder, escucharon un ruido detrás de la puerta.
Ambas se quedaron inmóviles.
Pasos.
Lentos.
Alguien estaba caminando por el pasillo.
Lucía apagó la computadora.
—Escóndete.
—¿Qué?
—¡Ahora!
Victoria se escondió detrás de unas cajas.
La puerta comenzó a abrirse.
Lucía se quedó de pie.
La persona entró.
Victoria vio unos zapatos.
Después unas piernas.
Y finalmente escuchó una voz.
—Lucía.
Lucía palideció.
Victoria reconoció aquella voz.
Era la misma que había escuchado por teléfono.
El hombre dio un paso adelante.
—Sé que encontraron la memoria.
Lucía no respondió.
—Y sé que Victoria está aquí.
Victoria contuvo la respiración.
El hombre continuó:
—Pueden salir tranquilamente...
Hizo una pausa.
—O puedo hacer que salga de otra manera.
Lucía apretó los puños.
—¿Qué quieres?
—La memoria.
—Ya no la tenemos.
El hombre sonrió.
—Mientes.
Entonces levantó el teléfono.
En la pantalla había una fotografía.
Victoria la reconoció inmediatamente.
Era su hermano.
Estaba vivo.
Y el mensaje debajo decía:
“Entrégame la memoria antes de medianoche o él muere.”
Victoria sintió que el mundo se detenía.
Pero había algo más.
En la parte inferior de la fotografía aparecía una dirección.
Y Victoria reconoció el lugar.
Era la casa donde había vivido durante su infancia.
La casa de su madre.
La misma casa de donde acababan de escapar.
Victoria comprendió entonces que todo había sido una trampa.
Y que la persona que estaba detrás de todo no solamente conocía su pasado.
Conocía cada paso que iba a dar.
La puerta se cerró de golpe.
El hombre había desaparecido.
Victoria salió de su escondite.
—Tenemos que salvar a mi hermano.
Lucía la miró.
—Sí.
Victoria sostuvo la memoria USB con fuerza.
—Pero primero tenemos que descubrir quién está detrás de todo esto.
Lucía asintió.
Entonces el teléfono de Victoria vibró.
Un último mensaje.
“No busques al enemigo afuera.”
Victoria miró a Lucía.
El siguiente mensaje apareció.
“Está mucho más cerca de lo que imaginas.”