NovelToon NovelToon
La Doncella Y El Alfa

La Doncella Y El Alfa

Status: Terminada
Genre:Hombre lobo / Romance / Mundo de fantasía / Completas
Popularitas:3.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Luna Azul

En desarrollo
Sinopsis:
Alondra, la hermosa hija de un humilde leñador, es abandonada en un altar de piedra en el corazón del bosque prohibido como un sacrificio humano para apaciguar a las bestias salvajes. Sin embargo, su destino cambia drásticamente cuando emerge de la niebla Caleb, el imponente y tatuado Alfa de la Manada Roja. Al olfatear su piel, el lazo místico de las almas compañeras (mates) se despierta de golpe, transformando a la supuesta víctima en la legítima reina de los lobos. Protegida por las garras de un líder implacable y devoto, Alondra deberá dejar atrás sus miedos mortales para asumir su lugar como la Luna de la fortaleza, mientras el pueblo que la desechó planea una traición que pondrá a prueba la fuerza de su ardiente vínculo.

NovelToon tiene autorización de Luna Azul para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 2

​El pánico inicial de Alondra se transformó lentamente en un profundo y asfixiante desconcierto. El inmenso lobo rojo, cuya imponente presencia debería haber significado su muerte inevitable bajo la luz de la luna llena, no había clavado sus colmillos en su garganta. En lugar de la violencia brutal que los ancianos de Oakhaven siempre describían en sus leyendas de terror, la colosal bestia continuaba presionando su enorme y cálido hocico contra la piel expuesta de su cuello. El animal emitía un gemido suave, un sonido que vibraba directamente en el pecho de la joven, desarmando por completo el miedo cerval que la había paralizado minutos atrás. El intenso aroma a tormenta, ozono y madera de pino la envolvía como una manta pesada, nublando sus sentidos y adormeciendo su instinto de huida. Era una fragancia magnética, casi embriagadora, que de alguna manera lograba calmar los latidos desbocados de su corazón.

​De repente, la densa niebla del claro pareció agitarse con violencia. Una luz cegadora y trémula comenzó a brotar directamente del espeso pelaje del animal, iluminando la oscura piedra de granito del altar. Alondra se vio obligada a cerrar los ojos con fuerza, protegiéndose del destello que quemaba la penumbra de la noche. El aire a su alrededor se volvió denso y caliente, cargado de una energía mística que erizó los vellos de sus brazos. Cuando el fulgor finalmente se disipó y ella pudo abrir los párpados entre parpadeos temblorosos, la imponente criatura de cuatro patas ya no estaba allí.

​En su lugar, un hombre yacía de rodillas sobre la tierra húmeda, justo frente a ella.

​Alondra ahogó un grito en su garganta. Era el ser más apuesto, imponente y sobrecogedor que jamás hubiera visto en toda su vida, superando cualquier fantasía que las jóvenes del pueblo pudieran imaginar. Su fisonomía estaba perfectamente esculpida, revelando una musculatura poderosa, ancha y marcadamente definida en el pecho y los abdominales. Su piel, de un tono bronceado por el sol y los elementos de la naturaleza, servía de lienzo para una serie de intrincados tatuajes tribales oscuros. Esas líneas negras serpenteaban con gracia salvaje por sus hombros anchos, descendían en espirales complejas por sus robustos brazos y se perdían tentadoramente bajo el borde de unos pantalones de cuero negro que se ajustaban a sus fuertes piernas. Una larga, revuelta y densa cabellera de color castaño oscuro caía en cascada sobre sus hombros, dándole un aire indómito. Sin embargo, lo que realmente cautivó y congeló a Alondra fueron sus ojos: conservaban exactamente el mismo dorado ardiente, felino y magnético que pertenecía a la bestia de sus pesadillas.

​El hombre respiraba de manera agitada, con el pecho elevándose fuertemente mientras la miraba con una intensidad devoradora, como si estuviera contemplando un milagro sagrado o un tesoro largamente perdido en las sombras del tiempo. Con una lentitud extrema, cuidando minuciosamente cada uno de sus movimientos para no asustarla ni provocar que se encogiera de miedo, extendió una mano grande, callosa y de dedos largos hacia el rostro de la joven. Alondra se quedó inmóvil, hechizada por la mirada dorada. Los dedos del desconocido, cálidos como una fogata en pleno invierno, rozaron con infinita delicadeza la mejilla húmeda de Alondra, delineando el rastro de las lágrimas que minutos antes habían limpiado el polvo de su piel.

​—Mi compañera... —susurró el hombre. Su voz era una caricia profunda, ronca, con un leve matiz de vibración animal que resonaba en los huesos de Alondra. Estaba cargada de una emoción contenida tan pura que rozaba la reverencia—. Por fin. Por fin te encontré, mi pequeña luna.

​Alondra parpadeó repetidamente, con los labios entreabiertos, incapaz de articular una sola palabra coherente. Su mente intentaba procesar la situación, pero las piezas no encajaban. ¿Compañera? ¿Qué significaba esa palabra en el mundo de los monstruos? Ella no era más que la hija de un humilde leñador viudo, una ofrenda humana enviada a morir en el bosque para salvar el pellejo de los hombres ricos del pueblo. No era el destino de un sacrificio convertirse en el centro de atención de una criatura semejante.

​—¿Quién... quién eres tú? —logró articular apenas en un hilo de voz, un susurro que el viento de la madrugada casi se lleva consigo. Al mismo tiempo, el miedo residual la obligó a intentar arrastrarse hacia atrás, buscando la seguridad de la piedra. Sin embargo, la soga de cáñamo que ataba sus muñecas al altar se tensó bruscamente, dándole un doloroso tirón que la devolvió a su cruda realidad: seguía siendo una prisionera condenada.

​La mirada dorada del hombre descendió de inmediato hacia las manos de la joven, fijándose en la áspera cuerda que ya había comenzado a lastimar e inflamar la delicada piel de sus muñecas. En un parpadeo, el tierno y vulnerable destello que albergaban sus ojos se transformó en una furia ciega, letal y devastadora. Alondra tembló, creyendo que la ira iba dirigida a ella, pero se equivocaba. El hombre se puso de pie con la gracia sobrenatural y la velocidad pasmosa de un depredador Alfa. Con un solo movimiento fluido y letal, extrajo una hermosa daga de plata pura de un elaborado cinturón que llevaba a la cintura. El metal brilló bajo la luna mientras él se inclinaba y, con una facilidad pasmosa, cortó la soga de cáñamo como si fuera un simple e insignificante hilo de coser.

​—Soy Caleb, el Alfa de la Manada Roja —declaró con solemnidad, guardando la daga en su vaina sin apartar sus ojos de ella. Volvió a arrodillarse sobre la tierra, adoptando una postura sumisa ante Alondra que contrastaba enormemente con su imponente y colosal físico—. Y esos cobardes te han dejado aquí atada como si fueras un animal de matadero. Escúchame bien, Alondra: no volverán a ponerte una mano encima. Nunca más. Estás bajo mi protección ahora.

​Caleb extendió sus poderosos y tatuados brazos hacia ella, abriéndolos en una clara invitación, ofreciéndole un refugio seguro contra el frío y la crueldad del mundo exterior. Alondra, con el cuerpo temblando incontrolablemente debido al gélido viento de la noche y al torbellino de emociones que amenazaba con hacerla perder el conocimiento, contempló el pecho desnudo del Alfa. Dudó solo un segundo. El instinto primordial de supervivencia, o quizás algo mucho más profundo que no lograba comprender, la empujó hacia adelante. Se inclinó y permitió que Caleb la levantara en vilo con una facilidad asombrosa, como si no pesara más que una pluma. El Alfa la estrechó contra su cuerpo, envolviéndola en su calor protector y en su aroma a bosque y tormenta, mientras la alejaba a pasos firmes del altar del sacrificio, adentrándose en el corazón del territorio de los lobos.

1
Maribeth Minotta
ya me atrapo🥰🥰
Manu
Me ha gustado mucho los 20 capítulos qué he leído. Es algo diferente a lo que escribes pero sinceramente me ha gustado.
Jessica
almenos la va a cuidar
Jessica
hola muy interesante tu historia
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play