PARALELOS
Una beca le abrió las puertas de la preparatoria más prestigiosa del país. Pero también despertó un antiguo misterio.
Cada noche sueña con un estudiante que murió hace más de cien años. Ahora ese mismo joven camina por los pasillos de su escuela... aunque nadie más parece verlo.
¿Son solo sueños, o el pasado y el presente están avanzando en paralelo?
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Capítulo 3 Una escuela demasiado familiar
"Hay lugares que uno visita por primera vez... y otros que parecen haber estado esperándonos desde siempre."
La mañana comenzó mejor de lo habitual.
Por primera vez en varios días, Akari había logrado dormir casi toda la noche.
Solo recordaba fragmentos confusos del sueño.
Un largo pasillo.
El sonido de una campana.
Y una puerta de madera que nunca llegaba a abrirse.
Nada más.
Mientras caminaba hacia la estación, respiró profundamente.
—Hoy será un día normal.
Se obligó a sonreír.
—Nada de estudiantes misteriosos.
Nada de fotografías imposibles.
Nada de...
Se detuvo un instante.
—No, mejor no termino esa lista. Seguro la estoy tentando.
Sacudió la cabeza entre risas y continuó su camino.
Al llegar a la Academia Seiran, encontró a Yui esperándola junto a la entrada principal.
—¡Buenos días!
—¡Buenos días!
Yui levantó una hoja plastificada con una enorme sonrisa.
—Tengo buenas noticias.
Akari la observó con curiosidad.
—¿Qué es eso?
—Un mapa nuevo.
—¿Compraste otro?
—No.
El anterior me venció psicológicamente.
Akari soltó una carcajada.
—¿Qué le pasó?
—Ayer intenté llegar sola a la cafetería.
—¿Y?
—Terminé frente al gimnasio.
—Eso no está tan lejos.
—El problema es que iba buscando la biblioteca.
Las dos comenzaron a reír mientras entraban al edificio principal.
—Hoy sí encontraremos todos los salones.
—¿Estás segura?
—No.
Pero tengo fe.
Cuando llegaron al aula, varios compañeros conversaban animadamente.
La profesora aún no había llegado.
Poco después entró acompañada por un hombre de cabello canoso y expresión amable.
—Buenos días a todos.
Los estudiantes respondieron al unísono.
—Hoy no tendremos las clases habituales.
Varias miradas curiosas recorrieron el salón.
—Como todavía están conociendo la Academia Seiran, realizaremos un recorrido por las instalaciones históricas.
Yui dio un pequeño codazo a Akari.
—¿Ves? Mi mapa ya está dando resultados.
—No creo que haya sido gracias al mapa.
—Déjame disfrutar mi victoria.
El profesor sonrió al escuchar los murmullos.
—Mi nombre es Hayashi.
Soy el encargado del archivo histórico de la Academia.
Espero que al finalizar el recorrido comprendan por qué esta institución es considerada una de las más prestigiosas del país.
El grupo comenzó a recorrer los amplios corredores.
El profesor explicaba con entusiasmo el origen de cada edificio.
—La Academia Seiran fue fundada hace más de un siglo.
A lo largo de su historia ha sobrevivido a terremotos, incendios menores y varias remodelaciones.
Sin embargo, algunos sectores permanecen prácticamente iguales desde su construcción.
Akari escuchaba con atención.
Cada palabra parecía despertar algo dentro de ella.
Subieron una escalera de madera.
Doblaron hacia un largo corredor iluminado por vitrales de colores.
La luz teñía el suelo de tonos azules, verdes y dorados.
Akari redujo el paso.
Su respiración cambió.
Aquel lugar...
Lo conocía.
No sabía cómo.
Pero estaba completamente segura.
Sin darse cuenta, comenzó a caminar unos pasos delante del grupo.
—Señorita Akari.
La voz del profesor Hayashi la hizo detenerse.
Ella se giró inmediatamente.
—¿Sí?
El profesor sonrió con amabilidad.
—Parece conocer muy bien el camino.
Akari sintió que las mejillas se le calentaban.
—Yo...
No.
Solo...
Creí que...
Las palabras no salían.
Porque, en realidad, ni ella misma entendía por qué había girado hacia ese pasillo sin dudarlo.
Yui levantó la mano con total naturalidad.
—Profesor, yo puedo explicarlo.
Hayashi la miró divertido.
—Adelante.
—Akari tiene un súper poder.
El salón quedó en silencio.
Akari abrió mucho los ojos.
—¿Qué estás diciendo?
—Detecta automáticamente dónde están las bibliotecas.
Varias risas recorrieron el grupo.
Incluso el profesor dejó escapar una sonrisa.
—Es una habilidad bastante útil en una escuela.
Akari negó con la cabeza mientras reía.
—No le haga caso.
Yui se acercó y le susurró:
—Estaba salvando tu dignidad.
—La acabas de empeorar.
—Detalles.
Continuaron avanzando.
El profesor se detuvo frente a una amplia galería.
Desde allí podía verse el enorme patio central.
En medio del jardín se alzaba el viejo cerezo.
El mismo que Akari observaba desde la ventana del salón.
Una suave brisa hizo caer varios pétalos.
Akari permaneció inmóvil.
Por un instante...
El patio cambió.
Los uniformes modernos desaparecieron.
Los estudiantes vestían ropas antiguas.
Las conversaciones sonaban diferentes.
Los árboles eran más pequeños.
Y el edificio parecía recién construido.
Todo ocurrió en apenas un parpadeo.
Cuando volvió a mirar...
El presente había regresado.
—¿Akari?
La voz de Yui la hizo reaccionar.
—¿Estás bien?
Ella tardó unos segundos en responder.
—Sí...
Creo.
Aunque, por dentro, ya no estaba tan segura.
Cada rincón de la Academia le resultaba inquietantemente familiar.
Como si no estuviera descubriendo la escuela...
Sino recordándola.
El profesor Hayashi esperó a que todos terminaran de contemplar el patio antes de continuar la visita.
—La Academia Seiran ha cambiado mucho con el paso de los años —explicó mientras retomaban el recorrido—. Sin embargo, hay sectores que permanecen casi intactos desde su inauguración. Son parte de nuestra historia y, por eso mismo, se conservan con especial cuidado.
Los estudiantes lo siguieron por un nuevo corredor.
Las paredes estaban decoradas con antiguas fotografías, placas conmemorativas y vitrinas donde se exhibían uniformes escolares de distintas épocas.
Akari caminaba en silencio.
Cada objeto parecía despertar una sensación difícil de explicar.
No eran recuerdos.
Al menos, no recuerdos que pertenecieran a su vida.
Se detuvo frente a un antiguo uniforme femenino.
La tela era de un azul profundo, con delicados bordados dorados en el cuello y los puños.
Sin darse cuenta, levantó una mano.
—Es hermoso... —susurró.
—Ese uniforme perteneció a las primeras generaciones de alumnas de la Academia —comentó Hayashi al verla interesada—. Fue utilizado hace más de un siglo.
Akari sonrió con timidez.
—Se siente... muy familiar.
El profesor la observó por un instante.
—Curiosa elección de palabras.
Antes de que Akari pudiera responder, Yui apareció a su lado.
—Yo me conformo con que el uniforme actual no tenga corsé.
Akari soltó una carcajada.
—¿Cómo sabes que tenían corsé?
—No lo sé... pero si algún día inventan un uniforme con armadura, yo renuncio.
Las risas volvieron a relajar el ambiente.
El recorrido continuó hasta la antigua biblioteca.
Era un edificio separado del resto del campus.
Su fachada de piedra estaba cubierta parcialmente por enredaderas.
Al entrar, un agradable aroma a papel envejecido llenó el ambiente.
Los estantes se elevaban hasta el techo, repletos de libros antiguos.
Yui abrió los ojos con asombro.
—Creo que Akari acaba de encontrar el paraíso.
Akari sonrió.
—Podría quedarme aquí todo el día.
—Yo aguantaría... unos diez minutos.
—¿Y después?
—Buscaría desesperadamente una máquina expendedora.
Akari negó con la cabeza entre risas.
Mientras el grupo recorría la biblioteca, algo volvió a llamar su atención.
Al fondo de la sala había una puerta de madera oscura.
Era distinta a las demás.
Más antigua.
Más pesada.
Su corazón dio un vuelco.
La conocía.
Estaba completamente segura de haberla visto antes.
Aunque jamás había entrado en aquella biblioteca.
Sin pensarlo, comenzó a caminar hacia ella.
—Akari...
La voz de Yui quedó atrás.
Cada paso hacía que una extraña sensación creciera en su interior.
Al llegar frente a la puerta, se quedó inmóvil.
Podía imaginar perfectamente lo que había detrás.
Una estrecha escalera de madera.
Un descansillo.
Y un largo pasillo iluminado por ventanas altas.
—No puede ser...
—¿Ocurre algo?
Era el profesor Hayashi.
Akari dio un pequeño respingo.
—Profesor... ¿esa puerta...?
Hayashi guardó silencio unos segundos antes de responder.
—Ese acceso conduce al antiguo pabellón académico.
Hace muchos años dejó de utilizarse.
Por razones de seguridad, permanece cerrado.
Yui levantó una mano con una sonrisa traviesa.
—La pregunta importante es...
¿Hay fantasmas?
Varios compañeros rieron.
Incluso Hayashi sonrió.
—No.
Solo mucho polvo... y demasiadas escaleras.
—Qué decepción...
—Yui... —murmuró Akari conteniendo la risa.
El profesor continuó la explicación.
—El edificio conserva parte de la estructura original de la Academia. Algún día, cuando termine su restauración, quizás pueda volver a abrirse al público.
Akari seguía mirando la puerta.
Sin darse cuenta, habló en voz alta.
—Después de la escalera hay un vitral...
Luego un pasillo muy largo.
Y al final...
Está la azotea.
El silencio fue absoluto.
Todos los estudiantes la observaron.
Hayashi frunció ligeramente el ceño.
—¿Cómo sabes eso?
Akari sintió que el mundo se detenía.
Abrió la boca.
Pero no encontró ninguna respuesta.
Porque ella misma quería saberlo.
—Yo...
No lo sé.
El profesor mantuvo una expresión amable.
—Quizá lo viste en algún folleto antiguo.
Puede suceder.
Akari asintió lentamente.
Era la explicación más lógica.
Y, aun así...
No la convencía.
El grupo reanudó el recorrido.
Los estudiantes comenzaron a conversar nuevamente entre ellos.
Solo Akari permanecía en silencio.
Antes de marcharse, volvió la vista hacia la vieja puerta.
Algo la impulsaba a acercarse una vez más.
Esperó unos segundos.
Cuando estuvo segura de que nadie la observaba, regresó lentamente.
Extendió la mano.
Sus dedos tocaron la antigua madera.
Estaba tibia.
Como si alguien acabara de apoyarla desde el otro lado.
Akari retiró la mano de inmediato.
Su respiración se aceleró.
Entonces...
Escuchó una voz.
Muy lejana.
Tan débil que apenas parecía un susurro.
Como si atravesara el tiempo.
—...Akari...
Sus ojos se abrieron de par en par.
Aquella voz...
La conocía.
Era la misma que había escuchado en sus sueños.
Era la voz de Ren.
—¡Akari!
La llamada de Yui rompió el silencio.
Akari dio un paso hacia atrás y miró rápidamente a su alrededor.
Los pasillos estaban llenos de estudiantes.
Todo parecía completamente normal.
Volvió a mirar la puerta.
Permanecía inmóvil.
Vieja.
Silenciosa.
Como si nada hubiera ocurrido.
—¿Vienes? —preguntó Yui desde el otro extremo del corredor.
Akari tardó unos segundos en responder.
Sin apartar la vista de la puerta, murmuró casi para sí misma:
—Sí...
Pero sabía que, tarde o temprano...
Tendría que regresar.
Porque estaba convencida de que, detrás de aquella puerta...
La esperaba la respuesta a un misterio que había comenzado mucho antes de que ella naciera.

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😶 Si escucharas que alguien pronuncia tu nombre... detrás de una puerta que lleva décadas cerrada... ¿te atreverías a volver?
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Nos vemos en el próximo capítulo... donde cada paso parece acercarla más a una verdad imposible.