NovelToon NovelToon
PECADO EN EL DESIERTO ATADA AL JEQUE

PECADO EN EL DESIERTO ATADA AL JEQUE

Status: En proceso
Genre:Amor-odio / Malentendidos / Matrimonio arreglado
Popularitas:11.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Azly colon

**Una noche de hotel con un extraño salvó su orgullo... hasta que descubrió que ese extraño era el hombre dueño de su vida.
Serena sabía que su libertad tenía fecha de caducidad. Para salvar el legado de su padre, debía casarse con un despiadado y poderoso Jeque al que jamás había visto. Como último acto de rebeldía, decide entregarse a una noche de pasión desenfrenada en Nueva York con un desconocido imponente y de ojos magnéticos. Una noche donde no hubo nombres, solo fuego.
Al amanecer, ella huye creyendo que el secreto quedará enterrado. Pero la pesadilla comienza horas después, en la reunión forzada para conocer a su prometido. Sentado a la cabecera de la mesa, con una sonrisa fría y calculadora, se encuentra Zayd Al-Maktoum. El Jeque no solo es su futuro esposo por contrato... es el mismo hombre con el que rompió todas las reglas la noche anterior. Zayd no tolera la insubordinación, y ahora que sabe que su prometida es la hermosa ladrona que huyó de su cama.

NovelToon tiene autorización de Azly colon para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

capitulo 9

La madera de caoba del escritorio se clavaba en mis muslos, una superficie fría que contrastaba brutalmente con el calor volcánico que irradiaba Zayd desde su posición. Sus manos, apoyadas a cada lado de mis caderas, no eran solo un anclaje físico; eran una declaración de propiedad. Me tenían atrapada, incapaz de avanzar, incapaz de retroceder, y lo que era peor, incapaz de querer huir con la determinación que la lógica me dictaba.

Su pulgar hizo un recorrido lento, casi imperceptible, a lo largo de la seda negra de mi media, justo donde el encaje se encontraba con la piel de mi muslo. El contacto fue como una descarga eléctrica, una chispa que recorrió mi sistema nervioso y se instaló, punzante y exigente, en mi bajo vientre. Sus ojos ámbar no se apartaban de los míos, analizando cada cambio en mi respiración, cada parpadeo de miedo, cada traición de mi cuerpo que me delataba ante él.

—¿Te gusta la sensación de estar acorralada? —preguntó, con la voz tan baja que casi fue un murmullo contra mis labios—. Porque es ahí donde vas a vivir a partir de ahora, Serena. Acostúmbrate.

—No soy una posesión que puedas encerrar en un cajón, Zayd —logré decir, aunque mi voz sonó más como un ruego que como una advertencia—. Tengo una vida aquí. Tengo proyectos, tengo amigos, tengo una reputación que cuidar. No puedes simplemente... desmantelar mi existencia porque firmamos un contrato.

Él se enderezó, aunque no se apartó. Retiró una de sus manos del escritorio y la llevó a mi rostro, acariciando la línea de mi mandíbula con el dorso de sus dedos. El gesto, que podría haber sido tierno en otro contexto, en él se sentía como una marca, como si estuviera asegurándose de que yo entendía quién era el dueño de aquel espacio personal.

—Tu "vida aquí" es una fachada —sentenció con frialdad, volviendo a su tono de magnate, ese tono que usaba para cerrar acuerdos que destruían imperios—. Tu padre ha hipotecado hasta el último centímetro de tu realidad. Tu casa, tus cuentas bancarias, incluso el coche que conduces... todo está bajo auditoría. ¿Reputación? La única reputación que te queda es la de la heredera del hombre que está a punto de enfrentar cargos federales por desfalco. Nueva York no es un refugio para ti, Serena. Es una celda. Y yo soy la única salida.

Sus palabras fueron como cubos de hielo vertidos sobre mi entusiasmo. Sabía que tenía razón, pero odiaba que lo dijera con esa indiferencia calculadora.

—Aun así —continué, tratando de recuperar un ápice de mi dignidad—, no veo la necesidad de la inmediatez. Podemos gestionar los asuntos legales desde aquí. Podemos...

Zayd soltó una risa seca, desprovista de cualquier alegría. Se separó por completo, quitando las manos de mi espacio vital, una retirada que me dejó extrañamente fría, como si el calor que él traía consigo fuera lo único que mantenía mi sangre fluyendo. Caminó hasta el gran ventanal de la sala, dándome la espalda. Observó el tráfico de la Quinta Avenida con la misma indiferencia con la que podría mirar una partida de ajedrez ya ganada.

—El avión está listo —dijo sin girarse—. Partiremos en cuatro horas.

—¿Cuatro horas? —salté del escritorio, ignorando el temblor de mis piernas—. ¡Eso es imposible! No tengo equipaje, no he cerrado mis asuntos...

—Tu equipaje será enviado en un vuelo comercial mañana. Lo único que necesitas eres tú misma —se giró, y su mirada volvió a ser un haz de luz incisiva—. No me obligues a ser más explícito, Serena. No tengo tiempo para juegos de seducción ni para caprichos de niña mimada. Mi reino exige mi presencia, y mi esposa estará a mi lado cuando llegue.

—No soy tu esposa todavía —le recordé, tratando de aferrarme al tecnicismo legal como si fuera un salvavidas en medio de un océano.

—Técnicamente, el contrato civil ya está cerrado con tu firma y la de tu padre —dijo, dando pasos largos hacia mí, reduciendo la distancia hasta que su sombra volvió a cubrirme—. Y en mi cultura, un compromiso ante testigos es tan vinculante como una unión consumada. Y considerando nuestra... noche anterior... diría que la consumación es solo un trámite que ya está, en esencia, resuelto.

Sentí un rubor violento subir por mi cuello al recordar la noche en el *The Peninsula*. Aquella noche, en aquel momento, él no había sido el Jeque con poder sobre las finanzas de mi padre; había sido simplemente un hombre con hambre de mí, y yo había sido una mujer con hambre de él. Pero ahora, con las luces de la oficina iluminándolo todo, con el contrato sobre la mesa, la realidad era una losa de plomo sobre mis hombros.

—Zayd, por favor —mi tono cambió, bajando las defensas, dejando que la desesperación se filtrara—. Déjame unos días. Solo unos días para procesar todo esto. Para despedirme de mi padre, para organizar mi vida.

Se detuvo a centímetros de mí. Su presencia era masiva, abrumadora. Bajó la cabeza, acercando su rostro al mío hasta que nuestras respiraciones se mezclaron. Sentí el aroma del cardamomo y el café, tan exótico como él, tan extraño y atrayente como el peligro que representaba.

—¿Despedirte? —susurró, y esta vez, en su voz no hubo frialdad, sino una nota oscura, una advertencia—. Si te vas de mi vista, Serena, te perderás. No en el sentido de que te ocultes, sino de que el mundo que te rodea te aplastará. Tu padre ha hecho cosas imperdonables. Hay personas, prestamistas, inversores, hombres muy peligrosos que ya están empezando a preguntar por su paradero y por el mío. Nueva York no es segura para ti ahora mismo. El palacio, mi casa, es el único lugar donde puedo garantizar que nadie te pondrá una mano encima.

—¿Me estás protegiendo? —pregunté, escéptica, aunque una parte de mí, esa parte que se había rendido ante él en la suite, quería creer que había una chispa de humanidad detrás de su fachada de tirano.

—Te estoy reclamando —corrigió él, con una intensidad que me hizo retroceder un paso—. No confundas mi interés en ti con bondad. Eres un activo de valor, sí. Pero también eres una obsesión que me he ganado a pulso. Y no pienso dejar que nada, ni el orgullo de tu padre, ni los acreedores, ni tu propia terquedad, se interpongan en lo que considero mío.

Sentí una mezcla de terror y una extraña, retorcida emoción. Ser considerada "suya" por un hombre con tanto poder... era una idea que, en cualquier otra circunstancia, me habría hecho salir corriendo hacia la comisaría más cercana. Pero al ver sus ojos, al sentir esa atracción magnética que nos unía como si estuviéramos hechos de polos opuestos, me sentí desarmada.

—¿Y si me niego? —pregunté, sabiendo la respuesta, sabiendo que estaba jugando con fuego—. ¿Qué harás si digo que no voy a subir a ese avión?

Zayd volvió a sonreír. Era una sonrisa que no llegaba a sus ojos, una sonrisa técnica, fría, propia de un depredador que ya ha diseñado la trampa y solo está esperando a que su presa dé el paso en falso.

—Tengo un equipo de seguridad excelente, Serena. Pueden ser muy discretos o muy contundentes. Pero preferiría no tener que usarlos contigo. Sería una pena tener que llevarte a rastras, aunque, créeme, lo disfrutaría de una forma muy retorcida. Pero hay algo más importante. Algo que parece que no terminas de entender.

Se giró hacia el escritorio y cogió su teléfono móvil, un dispositivo de diseño minimalista y elegante. Lo desbloqueó con un movimiento fluido de su pulgar y lo dejó sobre la mesa de caoba, frente a mí.

—Tu padre no solo está en quiebra —dijo, observando mi reacción con una frialdad clínica—. Está a minutos de ser ejecutado judicialmente por fraude. Todo su patrimonio, todas las cuentas bancarias de la compañía *Luna Textiles*, están congeladas. El único canal que permite que sus trabajadores cobren sus salarios y que los juicios no avancen es un fideicomiso que yo he gestionado personalmente esta mañana.

Mis manos comenzaron a temblar. Extendí los dedos hacia el teléfono, dudando, pero él no hizo ningún movimiento para impedirlo. La pantalla estaba encendida, mostrando una aplicación bancaria internacional. El saldo no era lo que me llamó la atención, sino los mensajes de notificación que parpadeaban en la parte superior.

Un mensaje de texto de una entidad financiera internacional me devolvió a la realidad con la fuerza de un golpe físico.

*«Aviso de transacción: Los fondos para el rescate de Luna Textiles han sido retenidos por orden del titular Zayd Al-Maktoum. Pendiente de liberación sujeto a contrato firmado y protocolo de viaje.»*

Leí el mensaje tres veces, sintiendo cómo el mundo se desmoronaba a mi alrededor. No era una amenaza vacía. No era un farol. Él tenía el dedo sobre el botón de autodestrucción de mi familia. Cada segundo que yo pasaba dudando, cada segundo que me resistía, era un segundo en el que su empresa, su legado y su libertad se acercaban más al precipicio.

—Es un simple clic —dijo Zayd, acercándose de nuevo, su voz envolviéndome como una manta de terciopelo pesado—. Un clic y tu padre queda libre de sospecha, la empresa se salva, los empleados cobran y tú y yo podemos empezar nuestra vida juntos. O... otro clic, y el fiscal recibe el dossier completo que tengo aquí mismo —señaló el archivo de cuero negro—. Y te aseguro, Serena, que las prisiones en este país no son tan cómodas como mi palacio.

Levanté la vista de la pantalla. Mis ojos estaban empañados de rabia, pero también de una derrota absoluta. Él no me estaba dando una opción. Me estaba dando una ejecución disfrazada de matrimonio.

—Eres un monstruo —dije, y por primera vez, no hubo duda en mis palabras.

Zayd no se ofendió. Al contrario, se inclinó hacia adelante y me besó suavemente la frente, un gesto de una posesividad tan absoluta que me hizo estremecer.

—Soy un hombre que consigue lo que quiere, Serena. Y te quiero a ti. Lo demás son solo negocios.

Me quedé en silencio, mirando la pantalla del teléfono. El mensaje seguía allí, una sentencia de muerte para mi voluntad. Zayd se alejó un paso, dándome el espacio necesario para digerir la información, pero sabiendo perfectamente que ya me tenía en el bolsillo.

—Tienes tres horas —dijo, dirigiéndose hacia la puerta—. Tres horas para recoger lo esencial. Vendré a buscarte personalmente a la dirección que tengo registrada. No intentes llamar a nadie, no intentes buscar una salida legal. No la hay.

Se detuvo en el umbral, girándose una última vez para mirarme. Su figura se recortaba contra la luz del pasillo, un monolito de poder y ambición.

—Y Serena —añadió, con una suavidad que me puso la piel de gallina—, no me hagas esperar. Sabes lo que pasa cuando la paciencia se me agota.

Las puertas se cerraron detrás de él, dejándome sola en la penumbra de la sala de juntas, con el aroma de su perfume todavía impregnado en el aire y la sentencia de mi futuro parpadeando en la pantalla del teléfono sobre la mesa de caoba.

El silencio de la sala era sepulcral, solo interrumpido por el leve zumbido de la ciudad que seguía su curso, ajena a que mi vida tal y como la conocía había terminado. Me dejé caer en la silla, apoyando los codos sobre la madera pulida y cubriéndome el rostro con las manos.

*¿Qué he hecho?*

1
Milcaris
Nació en bebé 🍼😍
Milcaris
Yo pensando que ni lo iban a extrañar. Que tuviera un feliz viaje en su descanso 🤭🤭
Milcaris
Que piensen en el bebé y nada más 🥰
PATUBELA
DESPIERTA BELLO DURMIENTE, TU CHICA SE ESCAPA 🫣
PATUBELA
No me digan que otra vez van a parar en segunda base 🤦🏻‍♀️😒
PATUBELA
No es el momento para locuras
PATUBELA
Recapacita Serena, vas a perjudicar a Zayd, y si él pierde su poder no podrá ayudar a tu papá. piensa mejor las cosas
PATUBELA
me preocupa que con su escape, Serena deje mal parado a Zayd y pierda su derecho al trono🤦🏻‍♀️
PATUBELA
ojalá Serena lo comprenda 🙄
PATUBELA
Es demasiado riesgoso...si la secuestran?🫣
PATUBELA
No te aflijas, deja que Zayd haga su trabajo y espera que te de una explicación
PATUBELA
Amiga, mejor ve a buscar marido a otra parte, aquí el título de jequesa no está vacante. OOPS!!🤭
PATUBELA
y la pobre Serena oliendo a lomo de camello 🤦🏻‍♀️que desastre!!🙄
PATUBELA
y usted no se metaque nadie le está pidiendo su opinión ni consejo, limítese a sus labores de ama de llaves, que su sobrino está grandecito para decidir con quien mezcla su sangre. TIRANOSAURIA ASQUEROSA!! 😤
Lacarvel
Se sintió tan corta 🫠 y tan hermosa, gracias por esta historia tannn lindaaaa.
PATUBELA
Serena tienes que atacar con todo y atrapar a ese Princeso...no se lo vas a dejar fácil a la bruja ofrecida 😤
PATUBELA
exótica tu abuela 😤😤 bruja igualada!!
Lacarvel
El amor gana y florece 🥰🥰🥰🥰🥰 desde que sten unidos como familia todo lo otro se combate
Yura Ran
🥰👌 gracias
Milcaris
Me encanta y alegra que todo esté fluyendo en ellos de manera natural. Ahora sí vamos a disfrutar de muchos días de una pareja feliz.
Yura Ran: hermosa 🥰👌novela
total 1 replies
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play