Segunda parte: Derritiendo el Ducado
El príncipe heredero Christopher tiene veintiséis años, un carisma inigualable, intensos ojos azules y al Imperio entero presionándolo para que elija esposa y tome el trono. Para la alta sociedad, él es solo el carismático, bromista y despreocupado heredero a la corona.
Sin embargo, detrás de esa fachada perfecta y de sus constantes chistes, él guarda un gran y oscuro secreto: es el líder de las Black Shadows, un asesino despiadado y el espadachín más letal del Imperio, un hombre que ama el olor a sangre y que planea llevarse su verdadera identidad a la tumba.
Su plan de mantenerse soltero se desmorona cuando se cruza con una duquesa fuera de lo común. Ella no es una sumisa dama noble y, tras haber reencarnado en ese mundo, guarda el arma más peligrosa de todas: sabe perfectamente quién es el monstruo detrás de la corona. El juego del gato y el ratón ha comenzado, y el "principito" está a punto de descubrir que su prometida tiene las llaves de su
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Capítulo 2: El despertar de la oveja que conoce al lobo
Un dolor punzante en las sienes fue lo primero que la trajo de vuelta a la realidad. No había pantallas de hospital, ni el pitido incesante de las máquinas, ni el frío asfalto del accidente que recordaba como su último aliento en su mundo original. Nada de eso. Lo que la rodeaba era un dosel de seda color marfil, techos altos con molduras de oro y el aroma empalagoso a sándalo y rosas frescas.
Cuando intentó incorporarse, un torrente violento de imágenes ajenas colisionó con su mente, obligándola a sostenerse la cabeza con ambas manos. Los recuerdos se fusionaron a la fuerza, como dos hilos de agua uniéndose en un solo cauce: su vida pasada como una lectora promedio devoradora de novelas web, y la existencia de la joven aristócrata cuyo cuerpo ahora habitaba, la hija única de la influyente Casa Ducal de la capital.
—No puede ser... —susurró, pero la voz que salió de su garganta era mucho más melodiosa y delicada de lo que recordaba.
Se levantó de la cama de un salto y corrió hacia el gran espejo de cuerpo entero con marco de plata. El reflejo le devolvió una piel de porcelana, facciones perfectas y unos ojos almendrados que parpadeaban con absoluto desconcierto. La adrenalina se disparó por sus venas cuando las piezas del rompecabezas finalmente encajaron en su cabeza. No solo había reencarnado en otro mundo; estaba atrapada dentro de las páginas de la novela romántica y de intriga que había estado leyendo antes de morir.
Y ahí fue cuando el verdadero pánico la golpeó como un balde de agua helada.
Consciente de la trama original, empezó a escarbar desesperadamente en la memoria de la antigua dueña de este cuerpo, buscando las fechas de la corte. Su respiración se volvió errática y el pecho comenzó a subírsele con fuerza. Según el guion de la historia, la Casa Ducal ya estaba moviendo los hilos políticos para asegurar su compromiso con el príncipe heredero Christopher. Un matrimonio arreglado que, en los capítulos finales de la novela, la arrastraría directo a una ejecución pública tras verse envuelta en las conspiraciones de la corte. Su destino escrito era terminar muerta.
Sin embargo, el destino trágico no era lo que le estaba helando la sangre en ese momento. Había algo mucho peor, un secreto que ninguna otra debutante o noble de la capital conocía, pero que ella, como lectora del futuro, sabía perfectamente.
El Imperio entero suspiraba por el príncipe Christopher. La corte lo adoraba por su fachada de hombre carismático, despistado, un "principito" inofensivo que prefería las bromas y el vino antes que los asuntos de Estado. Pero todo eso era una mentira magistral.
—Él no es ningún tonto... —murmuró para sí misma, sintiendo un escalofrío que le erizó la piel mientras se abrazaba a sí misma frente al espejo.
Detrás de esos ojos azules y esa sonrisa encantadora que desarmaba a cualquiera, Christopher era el mismísimo líder de las *Black Shadows*. Un monstruo despiadado, un espadachín letal que no pasaba por juicios ni leyes, un asesino que disfrutaba del olor a sangre de sus víctimas bajo la luz de la luna. Estaba destinada a casarse con el verdugo más peligroso del Imperio. Si cometía un solo error, si dejaba que él sospechara que ella sabía la verdad, no llegaría viva ni al altar. Su única opción era sobrevivir a toda costa, cambiar el rumbo de la historia y mantenerse lo más lejos posible de las garras de ese lobo con piel de cordero.