Hola aaa aquie le straigo otra historia nueva, espero que les guste y que le den mucho amor como a las demás..
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24
Tres días.
Habían pasado tres largos días desde que Alisa se encerró en aquella habitación.
Y durante esos tres días...
Arion no dejó de presentarse frente a la puerta.
Cada mañana.
Cada tarde.
Cada noche.
Nunca levantó la voz.
Nunca intentó derribar la puerta.
Solo golpeaba con suavidad.
—Alisa...
Silencio.
—Solo quiero saber si estás bien.
Silencio otra vez.
Los sirvientes ya no sabían qué sentir.
Ver al temido Archiduque esperar pacientemente frente a una puerta era una escena que nadie habría creído posible.
Aquella noche volvió a intentarlo.
—Aunque no quieras verme...
Déjame escucharte una vez más.
Del otro lado, Alisa permanecía inmóvil.
Las palabras de su madre no dejaban de resonar en su cabeza.
"Piensa antes de decidir qué creer."
Suspiró profundamente.
Se levantó.
Caminó hasta la puerta.
Y, por primera vez en varios días...
Giró el picaporte.
La puerta se abrió lentamente.
Arion levantó la cabeza.
Alisa quedó inmóvil.
Frente a ella ya no estaba el hombre impecable que siempre conocía.
Tenía profundas ojeras.
La barba comenzaba a notarse.
Su uniforme estaba desarreglado.
Y sus ojos...
Estaban completamente apagados.
La joven sintió un fuerte dolor en el pecho.
—Qué horrible estás...
Murmuró casi sin pensar.
Arion soltó una pequeña risa sin alegría.
—Lo sé.
Durante unos segundos ninguno habló.
Entonces ocurrió algo que Alisa jamás imaginó presenciar.
Los ojos de Arion comenzaron a humedecerse.
Una lágrima descendió lentamente por su mejilla.
Después otra.
El hombre al que todo el Imperio llamaba monstruo...
Estaba llorando.
—No puedo soportar que me mires como si fuera un extraño...
Su voz se quebró.
—Prefiero que me grites...
Que me odies...
Pero no este silencio.
Alisa sintió cómo sus propias lágrimas amenazaban con salir.
Aun así respondió con sinceridad.
—No sé qué creer...
Quiero confiar en ti...
Pero también quiero honrar la memoria de mi padre.
Estoy... en duda.
Arion bajó lentamente la cabeza.
—Eso es suficiente.
No te pediré nada más.
Solo...
Descubre la verdad.
Y cuando lo hagas...
Aceptaré cualquier decisión que tomes.
Esa misma noche...
El príncipe heredero llegó en secreto al Palacio Negro.
Arion lo recibió en su despacho.
—¿Qué ocurre?
El príncipe habló rápidamente.
—Volví a escuchar otra conversación.
El emperador.
Elena.
Y ese hombre desconocido.
Esta vez dijeron que el siguiente paso será atacar directamente a Alisa.
El rostro de Arion se endureció.
—Gracias por venir.
El príncipe negó.
—No me agradezcas.
Solo...
Cuida tu vida.
Creo que ya sospechan que escuché demasiado.
Arion se acercó hasta él.
Su voz sonó firme.
—Entonces deja de investigar por tu cuenta.
Si descubren que sabes algo...
No dudarán en eliminarte.
El príncipe sonrió con amargura.
—Supongo que por primera vez estamos del mismo lado.
Muy lejos de allí...
En una enorme sala oculta bajo el Palacio Imperial...
Una figura salió lentamente de las sombras.
Sus ojos tenían pupilas rasgadas.
Escamas negras cubrían parte de su cuello.
Era un dragón.
Como el emperador.
Como el príncipe.
Como Arion.
El emperador habló con serenidad.
—¿Todo está listo?
El desconocido inclinó la cabeza.
—Sí.
Muy pronto dejarán de confiar el uno en el otro.
Una sonrisa fría apareció bajo la capucha.
—Y entonces...
El verdadero heredero reclamará lo que le pertenece.
Desde la torre más alta del palacio...
El misterioso hombre observaba a Alisa caminar por los jardines.
No apartaba la vista de ella.
—Eres la única pieza que aún no puedo controlar...
Murmuró.
—Pero pronto también caerás.
A unos metros de allí...
Elena apareció frente a Alisa.
Su expresión ya no era la de una joven confundida.
Había desesperación en sus ojos.
—¡Todo esto debería haber sido mío!
Gritó.
De repente, una poderosa magia se formó entre sus manos.
Una lanza de cristal salió disparada directamente hacia Alisa.
La joven apenas alcanzó a girarse.
No tenía tiempo para esquivarla.
Entonces...
Una figura apareció entre ambas.
El príncipe heredero.
La lanza atravesó su hombro.
La sangre tiñó inmediatamente su uniforme.
—¡Su Alteza!
Elena retrocedió horrorizada.
No había querido herirlo a él.
Los guardias llegaron de inmediato.
Ella aprovechó la confusión para escapar.
Alisa sostuvo al príncipe antes de que cayera al suelo.
—¿Por qué hiciste eso?
Él sonrió con dificultad.
—Porque...
No podía permitir que murieras.
Aunque nunca me ames...
Prefiero verte feliz...
Que perderte para siempre.
Cuando Arion llegó y vio al príncipe herido junto a Alisa, comprendió que la situación había llegado demasiado lejos.
Esa misma noche acudió al salón del trono.
Entró sin anunciarse.
El emperador levantó la vista lentamente.
—Arion.
El Archiduque no hizo ninguna reverencia.
—¿Hasta cuándo seguirá este juego?
Los consejeros quedaron petrificados.
Nadie hablaba así frente al emperador.
Una leve sonrisa apareció en el rostro del monarca.
—Cuidado con tus palabras.
Arion dio un paso al frente.
Sus ojos dorados brillaban con intensidad.
—No temo a las consecuencias.
El emperador apoyó lentamente una mano sobre el brazo del trono.
—Sigues siendo tan impulsivo como cuando eras niño.
Arion respondió sin apartar la mirada.
—Y usted sigue olvidando algo muy importante.
El silencio llenó el salón.
Entonces pronunció las palabras que hicieron palidecer a todos los presentes.
—Por sangre...
El verdadero heredero del Imperio soy yo.
No su hijo.
El aire pareció detenerse.
El emperador sonrió.
Pero en sus ojos ya no había calidez.
Solo el brillo de un dragón que acababa de aceptar el desafío de otro.
Y, por primera vez...
La guerra dejó de librarse en las sombras. Ahora había comenzado frente a todo el Imperio.
Gracias autora /Heart//Rose//Heart/