Juliet Montgomery siempre supo que amar a Nicholas Sterling era un error.
Él era el hombre que todas querían. El heredero perfecto. El futuro CEO de un imperio. Y también el único hombre incapaz de verla como algo más que una simple conocida.
Durante años guardó sus sentimientos en silencio, conformándose con observarlo desde la distancia mientras él entregaba su corazón a otra mujer.
Entonces, una decisión tomada por sus familias cambió sus vidas para siempre.
Un matrimonio.
Un acuerdo.
Una promesa que ninguno de los dos deseaba cumplir por las mismas razones.
Lo que Juliet no sabía era que el destino tenía planes mucho más crueles para ambos.
Porque algunas personas necesitan perderlo todo para descubrir quién estuvo a su lado desde el principio.
Y cuando Nicholas finalmente aprendiera a verla, tal vez ella ya no estaría esperando.
NovelToon tiene autorización de Camila Da Ponte para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Esposos Desconocidos
Capítulo 23: Esposos Desconocidos
Juliet Sterling
La primera semana de matrimonio fue exactamente como imaginaba.
Y eso era lo más triste.
Porque siempre había sabido que Nicholas no me amaba.
Siempre había sabido que este matrimonio no era real.
Pero vivirlo era muy diferente a imaginarlo.
Nos cruzábamos por las mañanas.
Desayunábamos en la misma mesa.
Conversábamos lo justo y necesario.
Y después cada uno seguía con su día.
Como dos extraños obligados a compartir una casa.
—Buenos días.
—Buenos días.
—¿Cómo estuvo tu reunión?
—Bien.
—Me alegro.
Y fin de la conversación.
A veces me preguntaba si Nicholas también notaba lo absurdo que era todo aquello.
Porque desde afuera parecíamos una pareja perfecta.
Pero la realidad era muy distinta.
Una noche regresé más tarde de la oficina.
Había pasado horas revisando documentos junto a mi padre.
La situación de Montgomery Holdings estaba mejorando gracias al acuerdo con los Sterling, pero todavía quedaba mucho trabajo por hacer.
Cuando entré en la mansión, el reloj marcaba casi las diez.
Pensé que estaría sola.
Me equivoqué.
Nicholas estaba sentado en la biblioteca.
Con una copa en la mano.
Revisando unos informes.
—Pensé que ya estabas durmiendo.
Dijo al verme.
—Pensé que tú seguías en la oficina.
Respondí.
Por un instante ambos sonreímos.
Una sonrisa pequeña.
Casi involuntaria.
Y aquello me sorprendió.
Porque era la primera vez que una conversación con él parecía natural.
—¿Cena?
Preguntó señalando una bandeja sobre una mesa cercana.
Parpadeé.
—¿Qué?
—No has comido.
Lo observé confundida.
—¿Cómo lo sabes?
Nicholas se encogió de hombros.
—Te conozco desde que tenías diez años.
Siempre olvidas comer cuando estás preocupada.
Mi corazón dio un pequeño vuelco.
Probablemente para él era un detalle sin importancia.
Pero para mí significaba demasiado.
Porque durante años había creído que Nicholas apenas me veía.
Y sin embargo había notado algo tan pequeño.
—Gracias.
Murmuré.
Me senté frente a él y comencé a comer.
Durante unos minutos reinó el silencio.
Pero ya no era incómodo.
Era extraño.
Como si estuviéramos descubriendo una versión diferente del otro.
—Mi madre está feliz.
Comentó de repente.
—¿Por la boda?
Nicholas soltó una risa breve.
—No.
Por ti.
Lo miré sorprendida.
—¿Por mí?
—Le agradas mucho.
No pude evitar sonreír.
—Tu madre siempre ha sido amable conmigo.
—Porque eres fácil de querer.
Las palabras escaparon de sus labios antes de que pudiera detenerlas.
El silencio cayó inmediatamente.
Nicholas pareció tan sorprendido como yo.
Y por primera vez desde que nos casamos, vi incomodidad real en sus ojos.
—Quise decir...
—Lo entendí.
Lo interrumpí suavemente.
Pero mi corazón seguía latiendo demasiado rápido.
Porque Nicholas Sterling jamás había dicho algo así.
Jamás.
Aquella noche subí a mi habitación con una sensación extraña.
Una mezcla peligrosa de felicidad y esperanza.
Y sabía que debía tener cuidado.
Porque la esperanza era precisamente lo que más daño me había hecho durante años.
Mientras tanto, Nicholas permaneció solo en la biblioteca.
Observando la puerta por la que Juliet acababa de desaparecer.
No entendía por qué aquella conversación seguía rondando en su cabeza.
Ni por qué comenzaba a sentirse más cómodo con ella que con cualquier otra persona.
Ni por qué, por primera vez en mucho tiempo, la mansión se sentía menos vacía cuando Juliet estaba cerca.
Intentó convencerse de que no significaba nada.
Pero cada vez resultaba más difícil.
Porque poco a poco estaban dejando de ser dos desconocidos unidos por un contrato.
Y comenzaban a convertirse en algo mucho más peligroso.
Dos personas que estaban aprendiendo a conocerse.
❤️📖✨